Anestesias
Pablo está cansado. Ha sido un día duro en urgencias. Como cada noche de las que duerme en casa de Lucía, contempla desde la cama, embelesado, el ir y venir de la muchacha por la habitación en un intento infructuoso de entretener el insomnio a golpe de hiperactividad.
Pablo sospecha que Lucía no se encuentra bien porque, después de conseguir con mucho esfuerzo arrastrarla hasta la cama, no nota las pequeñas manos ajenas jugueteando en su entrepierna, ni los fríos pies ajenos buscando los suyos, ni los certeros dientes ajenos mordisqueándole el lóbulo de la oreja.
Esta noche, nada más meterse en la cama, Lucía apaga la luz y, aunque sólo sabe dormir boca abajo, permanece boca arriba, con los ojos despegados en la oscuridad, desde donde pregunta a Pablo si alguna vez se ha cansado de vivir. Él le responde que sí, como casi todo el mundo. Cuando Lucía le pide que le ponga algún ejemplo, Pablo le cuenta que, en la facultad, a veces se angustiaba pensando en el futuro, cuestionándoselo todo, desde la fuerza de su vocación hasta el daño que podría ocasionar a los enfermos con sus errores. Lucía le reprocha que se limite a largarle un cúmulo de disertaciones filosóficas acerca del consabido de dónde venimos y adónde vamos. Ella se refiere a otra cosa muy distinta, como el sentimiento de fracaso que la invade ante la imposibilidad de identificarse con la gente, o la certeza de ser una incomprendida, o la desidia que en los últimos tiempos le impide levantarse antes del mediodía, o esa sensación de que nunca será suyo aquello que lleva toda la vida buscando, y que ya ha olvidado lo que era (si es que alguna vez lo supo), y que incluso puede que no exista. Pablo le dice entonces que su problema radica en ese continuo esperar que algo suceda, que quizá sólo se trate de disfrutar el momento. Lucía comienza a llorar y a decir que nunca debería haber dejado las pastillas, que quiere emborracharse, drogarse, que necesita anestesiarse ante la vida, intoxicar su cerebro, aturullarlo para que deje de pensar y le permita descansar un poco. La mano izquierda de Pablo busca la nuca de Lucía a tientas. Cuando la encuentra, atrae a la chica hacia él y le susurra que pronto todo empezará a marchar. Luego enciende la luz, sale del dormitorio y regresa con un vaso de agua y un somnífero. Se alegra de librar al día siguiente, así estará al lado de ella cuando despierte y se haya pasado el efecto de la débil anestesia que acaba de administrarle.
16 Noviembre, 2005 a las 14:34
La solución para el hastío radica en hacernos dueños de nuestra propia locura… Probadlo…
16 Noviembre, 2005 a las 16:01
A lo único que tengo realmente miedo en esta vida es a anestesiarme precisamente, a dejar de sentir cosas, a no saber sobrellevar lo negativo… Necesito sentir, aunque ese sentimiento sea de dolor…
Besos
16 Noviembre, 2005 a las 16:05
Impresionante texto, querida. Opino igual que Martika, nuestro cansancio ante la vida es ya suficiente anestesia, sin necesidad de inocularnos más, aunque sospecho que es él, en este caso, el que sufre por verla así, quizás debería anestesiarse él también. Je.
Un beso.
16 Noviembre, 2005 a las 16:14
Lo que sí que es triste es yacer en la cama al lado de alguien que no es capaz de hacerte olvidar todos tus problemas.
Para mí, no hay más. Nunca quise tener dinero, ropa cara, un coche o un ático en el centro… Sólo a Ella. Un ser cuya identidad traté de conocer durante toda mi vida post e incluso prepúber.
16 Noviembre, 2005 a las 18:46
Esta vez no estoy de acuerdo.
¡Dichosos los que podeis vivir sin pastillas de la felicidad!
La vida es sólo fácil si no le preguntas.
Achuchones ferocesx.
16 Noviembre, 2005 a las 20:48
Me vibró el alma y se me enchinó la piel con tu relato. No creo que Lucía sepa cómo agarrarle las riendas a su locura. Ha de sentir pánico.
¿Cómo dejar de preguntarle a la vida cuando la escencia de la persona es cuestionar lo que se siente, lo que se huele y hasta lo que no existe?
Difícil situación… ¿Cuántas Lucías y Pablos rondan este mundo de vivos y muertos-vivos?
Besos muy vivos.
16 Noviembre, 2005 a las 21:13
Cuando las ideas se aceleran y van pasando a la zona más estrecha del embudo, llega un momento que necesitas decir para!! y tu cerebro no responde.
La angustia reside en dos lugares: En el dolor que sientes cuando no puedes hacer nada por tí y cuando ves el amargor de los que tratan de ayudarte cuando ni siquiera tu misma puedes hacerlo contigo misma.
Mientras me drogo, no soluciono el problema pero se “domestica” mi cerebro. Tengo prohibido pensar. Si no pienso, no siento. Si no siento, casi, no vivo. No quiero ni imaginar cómo se siente alguien cuando está al borde de la locura.
16 Noviembre, 2005 a las 21:30
Si vi tu comentario, pero por un problema con Movable type, perdi los de ese dia y los del dia siguiente pero si lo lei. Gracias
16 Noviembre, 2005 a las 22:34
Bufffff, se me ha quedado un regusto amargo.
Y Pablo tiene razón…..
en fin.
17 Noviembre, 2005 a las 2:17
Flacuchento el ronroneo. Tímido el beso.
Siempre el cariño, che…
17 Noviembre, 2005 a las 11:38
Como siempre… muy bien contado,… he visto la escena , sentada sin hacer ruido a los pies de la cama …
Yo nunca he necesitado drogas … de hecho , no he tenido ningún contacto con ellas , supongo que por el miedo a como pueda reaccionar mi cuerpo, que se vuelve loco con cosas mas sencillas , como el chocolate , el sexo , … en fín , supongo que soy afortunada … he tenido cerca , muy cerca , gente muy querida que no podía vivir sin ellas … de hecho algunos se fueron con ellas para no volver ..
un beso ellita
17 Noviembre, 2005 a las 14:13
Que fácil lo ve todo Pablo, sólo hay que dejar de esperar que algo suceda para ver el hoy, y que pasa si el hoy es una mierda y tu única esperanza es que llegue un mañana mejor. Sólo necesitamos un poco de descanso, con o sin drogas, pero descansar del mundo y de nuestra autoconciencia.
Una lagrima dulce para ti y otra para Lucia
18 Noviembre, 2005 a las 10:57
Lucía ya no luce tanto… y a mí se me ha olvidado encender la luz esta mañana, me siento un poco Lucía… y la verdad es que no quiero a Pablo a mi lado.
Asomo lo justo para arrojarte un beso, espero dar en la diana.
18 Noviembre, 2005 a las 12:30
No puedo evitar que la ternura de Pablo me conmueva ante la desgana de Lucía. Puede que su arte en simplificar los problemas no sea muy lúcido, pero al fin y al cabo, él intenta vivir y hacerle la vida más fácil a su compañera.
Besos sin anestesia :)
18 Noviembre, 2005 a las 21:31
pero que coño queremos… Nos han dado lo mas preciado que es la vida, si todo a nuestro alrededor funciona bien…¿que mas queremos?
Que pensaran un niño de nigeria, que lleva dias sin comer, o la familia que perdio a su hijo o a sus padres en un atentado, o los oprimidos por una dictadura radical, o las violadas, los apaleados, los maltratados… dime, ¿que opinarian de la vida de Lucia, que lo tiene todo y no es feliz?
A veces somo egoistas, y no vemos mas alla de nuestro ombligo
19 Noviembre, 2005 a las 17:59
¿ir por la vida con una coraza o a pecho descubierto?
¿solo es posible ser feliz si lo desconoces todo, como decía el filósofo?
¿cuánto más tenemos, más deseamos?
tu escrito me plantea preguntas y me encoge el alma.
un placer.
19 Noviembre, 2005 a las 20:27
Si las ganas de perderse entre las malezas nos llevan a descubrir cardos violetas como alcachofas, nadie nos impedirá pincharnos y arañarnos las piernas y las manos pero las imágenes de sangre y heridas se compensarán con las de flores secas.
20 Noviembre, 2005 a las 1:38
hoy si que dejo solo un gemido
ah! el silencio
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