Cálido y picante I
Hernán se marcha. Es hora de llamarlo por su nombre. Desnuda, lo acompaño hasta la puerta para despedirlo con un beso. A cambio recibo un encargo: “Piénsatelo, por favor”. Regreso de nuevo a la cama. Con los ojos bien abiertos, en medio de la oscuridad, siento como si el pasado y el presente fuesen unos padres en pleno proceso de separación enzarzados en un tira y afloja por la custodia de mi cordura. Sé que si les permito seguir compitiendo en este juego absurdo acabaré con los huesos de la sensatez desencajados. El ayer se agarra con fuerza a mi corazón, el hoy a mi razón, y de antemano me presiento una muñeca rota: sé que haga lo que haga mis tripas de serrín acabarán alfombrando el suelo.
Del altillo de la evocación, saco el viejo álbum de los recuerdos gratos y lo desempolvo. Al abrirlo, después de tanto tiempo, encuentro al culpable de mis desvelos del hoy en el aula de una escuela de escritura del ayer: Hernán Martínez Brühl, atrayente como el áspid para una reina suicida, inquietante como un animal en celo enjaulado, imprevisible como la última voluntad de un moribundo, Faulkner para sus compañeros, defensor enfebrecido del padre de El ruido y la furia.
Desde un primer momento, los únicos textos que me dejaron boquiabierta fueron los de aquel treintañero con cierto aire al Clint Eastwood más joven y salvaje, por quien tardé poco en convertirme en una groupie silenciosa de sus melodías narrativas, una hooligan pacífica de su juego literario. Sin embargo, el entusiasmo que me invadía después de escuchar cada relato iba seguido de una frustración: la certeza de que mis historias jamás alcanzarían la suela del talento que crecía bajo sus pies.
Cómo me habría gustado reunir el coraje preciso para darme la vuelta, dirigirme a mi compañero del pupitre de atrás y contarle cuánto admiraba su capacidad para practicar la alquimia con las palabras, su aptitud para iluminar la sordidez a base de metáforas, su pericia para convertir a la doctrina de su prosa al mayor de los descreídos. Sin embargo, tenía el convencimiento de que, si actuaba de esa forma, mi labio superior temblaría de emoción antes de que mi boca comenzara a articular palabra alguna, que mi lengua se trastabillaría con mis dientes y mis ojos bizquearían al tropezar con su mirada. Y ¿qué necesidad había de quedar como una idiota?
Paso la página del álbum y veo a Faulkner sentado junto a mí en uno de los primeros aquelarres que los aprendices de escritor, al término de las clases, solíamos celebrar en una tasca próxima a la escuela.
Observo mi cara de sorpresa y la inquietud que me provoca el hecho de que ese chico se siente a mi lado. Para disfrazar mi desasosiego, simulo que ignoro su presencia. A la segunda ronda, una voz muy familiar se dirige a mí:
–Sé que te caigo mal, y te comprendo. Yo también me caigo mal. Hasta ahora no me había importado, pero me acabo de dar cuenta de que es una auténtica putada caerle como el culo a la alumna más brillante del curso.
Y no, no fue su alusión a mi más que cuestionable brillantez, sino lo bien que me sentí charlando con aquel chico en las horas siguientes, lo que transformó mi impostada introversión en sociabilidad con la misma rapidez con que un piloto de Fórmula 1 da un volantazo a la salida de una curva letal para salvar el pellejo.
16 Abril, 2007 a las 13:24
Además de ser el primero (infinita ilusión) debo decirte que hoy has estado especialmente certera con la entrada. Y la de cosas que ya sabemos y la de curiosidades que has satisfecho de un puñetazo.
Bien.
16 Abril, 2007 a las 16:10
Tu brillantez no es discutible.
Bueno sí, daría para discutir si eres muy-muy brillante o brillantísima. Habrá algún exagerado (en el lenguaje) que diría “brillantérrima” en el suspuesto que tal existiera.
Poco más podría discutirse. Quizás se podría ensayar con tu capacidad para hacer virtud de lo cotidiano y cotidianidad e la virtud. Para enlazar realidad y ficción sin que nunca se sepa cual es cual ni falta que hace. Sí, se podría hacer tal ensayo. Pero daría error.
Besos sorprendidos.
16 Abril, 2007 a las 16:58
Vaya, se conoce gente interesante en los talleres de escritura; chicas tan brillantes como exigentes, chicos admiradores de Faulkner… luego pasa el tiempo, se enrolla todo a la manera de un burrito y te encontramos ¡desnuda! pensando en el futuro y en el pasado al mando de un Fórmula 1.
Sea como sea, me gusta tu presente. Aprovéchalo.
16 Abril, 2007 a las 18:35
Alguien que escribe es más consciente de la soledad que el resto de los mortales. Al fin y al cabo su actividad precisa de ello. Es verdad que te hace ser una criatura menos social pero creo que es un don envidiable.
16 Abril, 2007 a las 18:43
A fin de cuentas, todos estamos solos, Joncour. Unos se hacen los locos al respecto y otros lo asumen. Bienvenido a La orgía perpetua. Espero que te sientas a gusto entre nosotros.
Besos solitarios.
16 Abril, 2007 a las 18:53
Yo también estudio en una de esas escuelas, Ella, y cual Cyrano contemporáneo me escondo tras mis textos, me desnudo desde dentro sin mostrar la capa exterior. Qué suerte tuvo ese Clint Eastwood, joder.
¿Te das cuenta que en dos post has descubierto tu identidad y la de él? Ten cuidado con esos estriptis de sinceridad repentina, no sea que nos dejes sin el misterio que te ha acompañado siempre. Sea como fuere, sigo insistiendo en esa sana envidia que me dáis los que escribis (bien) y además sois capaces de amar(os).
Besos epistolares y admirados
16 Abril, 2007 a las 18:57
CyranoYisus, ¿dónde te has dejado los versos? Hoy me siento un tanto Roxana caprichosa.
Besos líricos.
16 Abril, 2007 a las 20:25
Pues tu capacidad alquímica no se queda atrás y te comparo con el Faulkner de El ruido y la furia, que al otro no he tenido la oportunidad y ¡joder! ¡que envidia aquellos aquelarres tal cual los imagino! o mejor debería decir, tal cual tu los dibujas… en cualquier caso ¡brindo por los escritores malditos, por los conocidos y sobre todo por los que no conoceré nunca!
16 Abril, 2007 a las 22:13
Es increíble todo lo que ha provocado aquel XY que amenazó con desvelar tu identidad, gran revolcón en la orgía!!! Me gusta. Las grandes pasiones no nos abandonan nunca. Cuantas cosas buenas en tu vida!! no te asustes.
Muchos muchos besos
16 Abril, 2007 a las 22:43
cómo me gustas, ellita querida… cómo me gustas… y qué maravilla de imagen. Me ha encantado que le llamaras por su nombre, y me encanta este tipo de anécdotas; no la anécdota en sí, sino tú describiéndola, escribiéndola. Cuanto más te leo más me alegro de blogconocerte. Un fuerte abrazo, querida, y aún, felicidades por la publicación. Sigo con resaca ilusionada
17 Abril, 2007 a las 0:30
Ay….que cosas suelen pasar a oscuras y en los silencios, cuando el sentimiento se hace presente.
Un biko Elli!
17 Abril, 2007 a las 13:15
Yo huyo de esos “talleres de aprendices de escritores” como del fuego; porque fuego fue, y ahora estoy soplando las cenizas, barriendo el polvo gris, y abriendo las ventanas para que entre la luz. Espero que tu historia, primero, que sea verdad (y si no lo es lo parece así que no hay duda de tu brillo), y segundo, que te de mucha paz.
17 Abril, 2007 a las 17:17
Qué extraño es no poderle ‘hablar’ a la ‘eterea’ Ella. Ahora casi veo tus ojazos…
Una cosita, tienes interiormente idolatrado a ese tal ‘Faulkner’, y no sé yo si lo merece. ¡Vamos que tú eres cien veces mejor que él¡, ¡Qué digo cien, mil, mil veces mil…!!.
Besos sin complejos.
17 Abril, 2007 a las 17:36
Javier, Ella (yo, la regente de esta orgía) espera ser etérea de aquí a la eternidad.
Besos volátiles.
17 Abril, 2007 a las 18:55
Interesante. Después de pegarle un trago a la botella de los recuerdos hay que taparla enseguida. Los excesos producen resacas terribles, si no intoxicaciones letales. Y… ¿por qué no? ¡Piénsatelo!
besos
17 Abril, 2007 a las 23:32
Mierda, todas las veces que he leído la frase de las tripas de serrín alfombrando el suelo y todas las veces involuntariamente he torcido el gesto.
Suena a novela barata, pero no puedo dejar de pensar, mientras sigo leyendo y describes el primer encuentro, otra vez no, otra vez no caigas.
Porque es cierto que tropezamos más de una vez contra la misma piedra, y por preciosa que sea ésta o brillante o prometa futuros siempre acaba estando el suelo…
Y aún así, como lector, solo puedo torcer el gesto y esperar la continuación…
Un abrazo.
17 Abril, 2007 a las 23:44
Para no ser brillante yo diria que deslumbras …Me siguen encantando tus fotos.
18 Abril, 2007 a las 1:04
Hola preciosa. Te leo con envidia. Pienso en la escritora q pude ser.
No creo q sea el pasado contra el presente quienes luchan, sino la razón contra los sentimientos.
Una duda, tu libro está firmado con seudónimo?
Besos
18 Abril, 2007 a las 1:15
Me acabas de recordar a Pessoa, Apinupgirl. Él empleaba heterónimos. No, yo no soy tan grande.
Besos de tinta china.
18 Abril, 2007 a las 1:23
Hola yo el de la chica del reloj espero no ser pesado eh ajjajja.
No ayer te daba las gracias por estas cosas bonitas que escribes y hoy lo hago otra vez y por usar mi foto gran alegria para mi y como no tambien a la chica del reloj que ha hecho que este aqui la foto y yo dando las gracias a las dos por todo ello un gran beso y mil gracias.
18 Abril, 2007 a las 1:27
Ya me he enterado de quién eres, Pier. Me ha revelado el secreto la chica del reloj (mira que es maja…). Gracias por tu foto. Me la regaló ella. Estoy encantada de tenerte por aquí.
Besos noctámbulos.
18 Abril, 2007 a las 9:44
En cierto modo todos somos tus groupies, siguiéndote a donde vas y fornicando entre orgía y orgía al ritmo de tus palabras :-)
18 Abril, 2007 a las 12:02
Sencillo, directo.
Sincero y desgarrante.
Un beso!
18 Abril, 2007 a las 18:47
Hola, M. González. No imaginas la ilusión que hace recibir nuevos orgiastas. Descálzate y ponte cómodo, que hay bacanal para rato.
Besos de carmín rojo.
18 Abril, 2007 a las 19:49
Muy bonito, Ella, saliveo de pensar en tu libro, en mi casa, al lado de Faulkner, que lo siento, compartimos. No te me enfades, tú primero. Besazos
18 Abril, 2007 a las 20:48
Cómo me ha gustado esta entrada, Ella.
De todos modos, no entiendo muy bien que es lo que te hace sentirte hija de épocas a punto de separarse, por lo que leo, de forma traumática. ¿O es que aún no tienes el coraje suficiente para volverte y decirle, sin que te tiemble el labio superior, que “ya te lo has pensado”?
18 Abril, 2007 a las 21:52
la que tiene talento, lo tiene, la que no, ni por ser la fovorita de su profesor lo conseguirá. Y Faulkner reconoció el talento probablemente antes que la mujer detrás de él. Tus letras son hipnotizantes de leer.
besos viajeros, ya pronto estaré por esas tierras lejanas de mi hogar y eso me emociona en demasía.
18 Abril, 2007 a las 22:44
Qué honor, Pistolita, qué honor.
Angelusa, tal vez no quiera pensarlo.
¿Tú también cruzarás el charco en breve, Real-X? Bueno, en tal caso, ya sabes que tenemos pendiente una fiesta a la que estás invitado.
Besos inquietos.
18 Abril, 2007 a las 23:23
Me encantó, y me encanta tu Faulkner. Deben hacer una pareja preciosa.
Un besote y a disfrutar.
19 Abril, 2007 a las 0:32
Tenía mono de leerte y beber tus dos ultimos post me han embriagado pero de orgía completa.
Se nota que la primavera brota por todos lados, aunque las nubes imiten lo contrario son nubes de Abril.
Que a gusto me he quedado. A ver si me redistribuyo las horas y permanezco más atenta, que de seguir a sí como desvaríe mucho Alobada se queda en Constantinopla.
Besitos coloraos.
19 Abril, 2007 a las 8:33
Interesante, niña. Interesante.
Y falso.
La niña es brillante, cómo se puede ignorar eso.
O es falsamente modesta
o tiene una inseguridad que me asombra.
Me inclino por lo segundo.
Gimo
:-)
19 Abril, 2007 a las 11:14
Una vez le pedí a la vida una bonita historia, y me la concedió. Ella, tú me estás regalando la segunda. Comparto contigo las dudas y el hormigueo en el estómago. Prepárate para saltar…
19 Abril, 2007 a las 17:30
La palabra es lo que no me gusta, “Brillante”, por qué te dejas llamar eso.
Yo diría “escribes bien, llegas al lector, interesas y diviertes y haces pensar y gustas; mereces la pena”. Qué es eso de “brillante”.
Bueno, para que me enrollo, en realidad no me gusta la palabra proque la usaba mucho una pesona que no me gustaba, una tipa destructora de realidades, una miope contagiosa de frustración. Por eso, lo de “brillante” sí que no.
Beso fruncido,
20 Abril, 2007 a las 17:22
Eres brillante incluso en tu inseguridad
20 Abril, 2007 a las 20:35
Todos estamos solos, Ella, pero que gustito cuando creemos que no.
Esos son los momentos que acolchan la vida y nos permiten, por un ratito, sentirnos a gusto dentro de ella.
Dos trenes con distinto recorrido, circulando, por un tiempo, en vías paralelas.
20 Abril, 2007 a las 20:41
Es que pasaba por aquí.
Genial tus escritos, me da un poco de pudor haber dejado al registrarme la dirección de mi blog, ya que no tiene nada que ver con esta maravilla tuya.
Seguiré por aquí para aprender de “oyente”
Un saludo con suspiro incluido.
20 Abril, 2007 a las 20:45
Pues yo te agradezco que hayas dejado la dirección, MaM. Me gusta conoceros.
Besos sonoros.
21 Abril, 2007 a las 4:04
—Hay algo —además de tantas otras cosas— que disfruto de los creadores: la aserción. ¿Sabes qué es la aserción? Es la manifestación llevada a su máxima expresión que apunta a fantasear, como los sueños, y cantar… y disfrutar, con lo cual los creadores triunfan como tales e imponen sus propios valores nacidos de su entelequia.
Ella, me deleito con tu orgía
Besos efusivos
21 Abril, 2007 a las 8:15
Pues yo no usaría la palabra brillante. Ella es otra cosa.
Y estoy fascinada con el giro de la historia de Faulkner, con su nombre verdadero y con su de pronto inseguridad (la de Faulkner)… pero de pronto la llama “brillante” y empiezo a descubrir por qué no me gustó nunca ese tipo. Por prepotente, por juez, por antipático. Todo eso encierra esa palabra para quien la pronuncia.
No te dejes llamar esas cosas.
Besos sin brillo pero con ganas
21 Abril, 2007 a las 10:27
Hola, me sigue fascinando tu historia la leí tres veces y tres veces gemí de deleite.y aunque soy nueva orgiasta algo me dice que volveré a leer una cuarta y esque las personas que inrrumpen como un formula 1 cuando se acercan nos hacen dudar de quién de verdad se juega la piel.
Besos a ella.
21 Abril, 2007 a las 20:05
Lo que narras es real como la vida misma. Muchas veces admiramos a una persona y creemos estar muy por debajo de ella. Y un buen día nos enteramos de que a esa otra persona se sentía exactamente igual respecto a tí. Son los malos entendidos de la vida. Muy bien construido este texto, querida orgiasta. Cualquiera diría que en vez de beber y … hasta quedar rendida, te dedicas a escribir. Un besazo en tu desnudez.
22 Abril, 2007 a las 4:26
Que dificiles son los trances Ella, estar ahí, recluido entre dos posibilidades tan opuestas, ambas dos, tan potencialmente dolorosas. Es que el miedo a sufrir, y el querer, obviando todo juego de señales camineras, es la huella diaria, esa que abrimos a machetazos para transitar por ella.
Es también la piedra que equilibra lo que es y lo que nos gustaría fuese. En verdad, es el dilema de siempre, la maldición de tener que decidir quemando la naves en el proceso.
Un cariño incendiario.
No, dos mejor.
23 Abril, 2007 a las 0:35
qué curiosas son las relaciones humanas y nuestro comportamiento frente a las que nos importan o atraen. Qué tontería decías sobre tu cuestionada brillantez?
Un beso
11 Mayo, 2007 a las 15:44
Sólo puedo leer el primer capítulo, por el momento. Y me jode, porque estoy embelesado con esta primera parte. Eso es lo que pasa por leer un tercio, por saber que hay tres (por el momento), por haber llegado tan tarde a este poste. Asumo mi culpa, y me hago cargo de que estaré pensando en esos dos aprendices de magos durante el fin de semana.
Embelesado. Esa es la palabra. Confirmado.
Recuerda que tu visita al cristal es parte vital del mismo. No lo olvides, ellita. Te lo dice carlitos.