Cálido y picante III

“Me tienes acojonado, Ellita: tan clara, tan oscura, tan lista, tan pequeña. Eres una niña blanca que bebe Fanta de naranja con pajita en una terraza. Sólo te saco seis años, y contigo entre los brazos me siento un viejo verde, tan, pero que tan obsceno… Y no sé lo bien o lo mal que suena lo que te estoy diciendo, pero te aseguro que me encanta. De ahora en adelante, en lugar de Faulkner, llámame Nabokov.”
Ése era el tipo de cosas que, en los primeros tiempos de nuestro delirio común, me dedicaba aquel amor mío raro como una ortiga roja para, a continuación, agarrar el cilicio del remordimiento y caer en una especie de ataque de ansiedad, al pensar que estaba traicionando la memoria de Violeta.
Una madrugada, tras horas de desenfreno, Hernán me confesó que no podía soportar sentirse tan vivo, alimentarse de la vida que yo irradiaba, sabiendo que Violeta era un puñado de cenizas en el fondo de un océano. Aquel discurso lo pronunció llorando, igual de roto que una madre que acaba de visitar la zona cero de donde las fuerzas de seguridad han rescatado los jirones de su hijo. Ni antes ni después he visto llorar a un hombre de esa forma. Ni antes ni después he amado tanto a nadie.
Al poco tiempo de aquella revelación, sin previo aviso ni anestesias, Hernán comenzó a poner en práctica una estrategia que bien podría haber titulado Frenemos en seco el entusiasmo de una ilusa.
A su entender, me estaba convirtiendo para él en algo parecido a un campo de minas: le aterraba que, al mínimo paso que diera hacia mí con la guardia bajada, le estallase mi entusiasmo, mi amor, mi devoción.
—Todo resultaría más fácil si fueses menos intensa. ¿Tú crees que podrías esforzarte en poner menos pasión a todo esto? —me preguntó.
En lugar de mandarlo a la mierda, como se merecía, respondí a su ofensiva cuestión alegando que trataría de actuar tal y como me pedía. En ese instante, me hice el firme propósito de transformarme en una indolente a los ojos del otro. Ya podían patearme el culo con unas botas de clavos en presencia de Hernán, que yo no rechistaría. Por él procuraría no sonreír tan a menudo, no emitir una sola carcajada, no contarle lo mucho que lo quería, no decirle lo guapo que estaba con este jersey o aquella camisa. La negación personificada, ésa sería yo en su honor. Me impuse dicho objetivo, pero fracasé en mi empresa como un tritón testarudo que intenta vestir su cola acuática con unos vaqueros de pernera humana.
Por aquella época necesité a Hernán tanto como un diabético precisa su chute diario de insulina. Sin embargo, cuanto más requería mi dosis de él para poder seguir viviendo menos generoso se mostraba con el suministro.
Cuando entendí que a Teseo le molestaba la existencia de Ariadna porque no tenía intención alguna de escapar del laberinto del pasado, solté la madeja que me mantenía unida a él.
Un día Hernán reapareció rogándome comprensión. Me dijo que no podía más, y me contó que se volvía a Mallorca a intentar zurcirse el alma. No me pidió que lo esperase, no obstante, durante un año largo elegí tejer y destejer, y lo hice hasta que se me llagaron las yemas de los dedos y el hilo, teñido de rojo, se volvió inservible. A su regreso, me propuse darle otra oportunidad, o dármela a mí misma, qué sé yo, pero para entonces ya no pude soportar la incertidumbre de la espera las veces que aquel desconocido se ausentaba a resolver cualquier asunto cotidiano.
30 Abril, 2007 a las 9:39
No, insulina no, heroína.
Y Hernán llevando a un punto de dependencia insufrible en el que él se presenta claro y cristalino, porque ha sido sincero, porque ha expuesto las cosas claras así que ¿qué más se le podía pedir?
Pues haber jugado limpio. Porque lo siento, si discrepo con muchos de aquí, o incluso con vos, Hernán jugó sucio, jugó a aprovecharse, a absorber la vida de una Ella como un vampiro emocional al tiempo que él se implicaba lo mínimo. Y cuando vio que podía implicarse, que igual él tenía que responder de algún modo, entonces exigió la transformación en un ser que fuera menos inconveniente. Y cuando eso ya no bastó entonces desapareció. Porque lo único importante era su ego y su recuerdo.
Todos tenemos heridas, más o menos graves, pero esas no nos dan derecho a anular y destruir a una persona para así reconstruirnos.
Nota: Dos veces he estado a punto de borrar lo comentado porque odio juzgar, pero conozco personajes como Hernán. Y me generan sentimientos duales. Si son mis amigos intento sacarlos adelante, pero si soy amigo de la victima, prefiera que sea ésta la que se salve.
Y en esta historia mis simpatías están con Ella.
30 Abril, 2007 a las 10:02
…¿Y sin embargo Ella volvió a caer en sus brazos un día que Hernán le enseñó su libro publicado? :-/
Qué miedo al compromiso tenía el hombre…aunque la verdad es típico de nosotros (ni es mi caso) :-)
30 Abril, 2007 a las 11:57
Si Ella le pusiera menos pasión a todo no le saldría así de bien contar esta historia, a la que, por lo visto, todavía le faltan uno o dos capítulos más. Que seguiremos esperando con la misma ansiedad con la que esperamos éste.
Besos, tritona testaruda
30 Abril, 2007 a las 12:16
Me atrevo a opinar que hay mucho Hernan en plural que actuan de la misma forma, entran y salen de nuestras vidas, desaparecen, vuelven sumisos, huyen de nuevo, será que de debemos querernos mas a nosotros mismos y no darlo todo por alguién que nos hace feliz unas horas y después debemos esperar un abismo en recuperar nuestra autoestima .será que NO son lo suficiente maduros para afrontar un fracaso amoroso, .
lo que no le quito a Hernan es la valentia y sinceridad con la que declaró su verdad o quizas no era tanta verdad?
Gemí y besos
30 Abril, 2007 a las 16:11
Yo también tuve una vez una niña blanca a la que amar. Creo que no volveré a querer a nadie así. Tampoco tú, Ella; eso es lo malo, ¿verdad?
Un beso, ¡aprovecha el presente!
30 Abril, 2007 a las 17:42
mis ánimos empezaron a decaer cuando comenzó la frase: “En ese instante, me hice el firme propósito de transformarme en una indolente a los ojos del otro”, jeje, es lo más doloroso, ese cambio autoimpuesto, por mucho que no saliera bien al final, ese decir: voy a no ser yo… ufff…
En fin, querida, me queda un regusto amargoso tras leerte, entre tristón y perdido…
Un abrazo, querida
30 Abril, 2007 a las 18:56
Cada vez creo menos en faulkner, cero. El amor no es un atarse al recuerdo del amado, ni alejado, ni fallecido. No es que ame a Violeta, es que recuerda el dolor de una pérdida. ¿Importa que sea la muerte o simplemente un ya no te quiero? La mayor crueldad es decir “te amo, hazte más pequeño”
no quiero ser amiguito de susej, pero me cae bien.
besos solidarios
30 Abril, 2007 a las 19:26
Ella, después de leer este tercer capítulo lo único que se me vino a la mente fue hacer la analogía de la relación de un títere y un titiritero.
Después de la manipulación, podemos ver que no es la voluntad del titiritero que controla las acciones del títere, sino una “multiplicidad de fibras nerviosas”. El titiritero es él mismo un títere de su “multiplicidad”. No son los puntos de contacto entre los hilos y los títeres, o el punto de contacto entre las manos del titiritero y el marco de madera al que están conectados los hilos, los que son importantes cuando se piensa en tu situación, son las sensaciones las que son importantes.
Besos desde la titeretería
30 Abril, 2007 a las 19:30
Pues yo cada vez creo más en esta historia… ;-)
Me suena a relato didáctico.
Vale, como dije en otro anterior, algo no me encajaba, y en realidad sí que me encaja desde una perspectiva diferente.
Sigo aguardando una cuarta parte, a ser posible un poquito más especiada, más picante. :-p
Porque habrá una cuarta parte ¿verdad?
Aparte de todo esto, un pajarito me dijo que te vio el domingo por la tarde en el Museo del Prado. Pero yo digo que se confunde, ¿verdad?
Besos de John Steinbeck
30 Abril, 2007 a las 19:46
¡Ay, esos pajarracos!, Ardi. Como de un tiempo a esta parte (tal como conté en otro post) me han hecho esa misma pregunta en alguna que otra ocasión, ya no respondo. Que siga el misterio y la intriga.
¿Y esos besos steinbeckianos? (Por cierto, cómo me gustó La perla).
Besos rojos.
30 Abril, 2007 a las 19:48
Una vez, hace mucho tiempo, no tuve el valor de amar a alguien como a la Ellita que describes, ni la paciencia para esperar el momento adecuado para amarla como merecía. Ella sí aguardó, pero entonces yo había huido. Tu post me ha recordado esa cobardía. Un beso orgiasta y entusiasta.
30 Abril, 2007 a las 21:05
¡Uy! me olvidé de darte besos!! :-)
Besos sin compromisos ;-)
30 Abril, 2007 a las 21:28
¡Menudo pájaro, ese Hernán! Ay, estos hombres a los que les gusta solamente lo que ya no tienen, lo que es imposible. Me recuerda aquella rima de Bécquer, cuando un hombre rechaza a las distintas mujeres que se le ofrecen y cuando una mujer ensoñada le dice: “yo soy un sueño, un imposible, vano fantasma de sombra y luz. Soy impalpable. Soy intangible. No puedo amarte.
- Oh ven, ven tú!”
(Igual hay algo mal escrito, porque lo he puesto de memoria, pero básicamente es eso) Dejando de lado la poesía, hay que reconocer que un tipo como ese de carne y hueso es un candidato al estrangulamiento. Menuda rival es una muerta. ¡Hay que dejar plantado sin contemplaciones a ese tipo! Y correrse una buena orgía… Besotes.
30 Abril, 2007 a las 21:50
Amar es algo mistico y alquimico….tan sencillo como mezclar en el cazón elementos que solo dos saben….en un momento preciso e irrepetible, al menos con la misma persona….
Mil bikos Elli.
30 Abril, 2007 a las 22:10
Hola Ella, a mi me ha dejado pensando tu historia de hoy y un poco triste también.
Yo creo que aún no ha terminado, el final no está escrito todavía. Hernán necesita tiempo para decidirse a darse otra oportunidad de vivir con alegría. Quizás piensa que él era el que se hubiera tenido que ir en ese accidente y siente una gran culpa. No va a poder vivir para siempre negando a la felicidad la entrada en su vida de nuevo, más cuando la ve asomar.
Un abrazo grande
1 Mayo, 2007 a las 4:55
Ella, pensé bastante cuando te leí. Te cuento que examiné, conjugué y mezclé varias posibles combinatorias de letras para mi comentario.
Sin embargo, decidí ser consecuente con lo primero que pensé, y bueno, ser consecuente en este caso implica la acción refleja de hablar enarbolando la pureza del más noble chilenismo.
En resumen:
Que hueones podemos ser los hombres.
1 Mayo, 2007 a las 12:43
Hola! Parezco.. . parece que padezco el espíritu de la contradicción,ahora que todos están contra Faulkner, yo me pongo de su lado! Ellita, cuídate. Ni que decir tiene que tú estás para mí antes que cualquier Faulkner, por mucho jengibre que le ponga al té.
Por cierto, he escrito una historia de una Ariadna, con ovillo y laberinto también, hace dos días, qué coincidencia. Si no fuera que la tuya se ha publicado después, seguro que algunos maledicentes me dirían “te has copiado de Ella…”
Besito,
1 Mayo, 2007 a las 13:18
¿Y cuál es tu página, Latenienteripley?
Besos bacanalescos.
1 Mayo, 2007 a las 13:30
Preciosa historia. Preciosa.
Cómo entiendo a Ellita, cómo la entiendo. Qué duro es que te pidan que seas menos tú, porque tú los desbordas, les das demasiada vida!…Y qué duro que una quiera convertirse en indolente por amor. No por quiera hacer algo por amor,sino porque quiera convertirse en indolente. Si supiáramos que uno no puede ser así, si no lo es. Y que, además, no tiene por qué ser así…
Un beso fuerte
Gracias por tu relato hoy.
2 Mayo, 2007 a las 10:54
Hay gente que da quitando.
Besos generosos
2 Mayo, 2007 a las 15:45
¿El amor duradero es el que se hace fuera de los lugares donde se duerme? (Lo recuerdo en unos versos de García Hortelano, no es que sea nuevo, pero siempre me retumba como veneno)
Besos envenenados, Ella
2 Mayo, 2007 a las 17:21
Gracias por los versos, Pistolita venenosa.
Besos afilados.
2 Mayo, 2007 a las 17:22
Me ha arañado leerte Ella. No sabes cuanto.
“¿podrías esforzarte en poner menos pasión a todo esto?” me decían a mí, pero no había luto que guardar, y llevaba 13 años queriéndome así. De pronto perdió la capacidad de emocionarse y sentir y la mía le molestaba. Hice lo que tú: cagarla dándole por el gusto hasta que chiflé y en un ratito de cordura, puse fin a aquella aniquilación de mí misma.
No debiera soltarte este rollo aquí, pero es que fue lo que se me vino a la cabeza y al corazón ….
El problema era suyo, no tuyo. Y no sé porqué cojones siempre acaba pagando el “sano” por los problemas del “herido”. coño.
Un beso.
2 Mayo, 2007 a las 18:02
Ay, Ellita, tus historias de Faulkner me afectan de tal manera que muchas veces me da hasta miedo entrar en esta orgía. Me encantaría encontrarte.
2 Mayo, 2007 a las 18:42
¿Encontrarme, LeBlog? Estoy aquí.
Besos tangibles.
2 Mayo, 2007 a las 19:51
Ellita, ellita, si nunca segundas partes fueron buenas (y lo digo en todos los sentidos), imagínate las terceras…
Creo que ese tal Faulkner, en la época que narras, era un tipo bastante inseguro que te utilizaba, ‘in the mean time’, egoistamente, a sabiendas de tu incondicionalidad… y tu una… ¿mujer objeto?.
Besos reflexivos.
2 Mayo, 2007 a las 20:02
¿Mujer objeto? Qué mal debo de estar contando la historia, Javier, para que saques semejante conclusión.
Besos incondicionales.
2 Mayo, 2007 a las 20:30
No. Lo cuentas muy, muy bien… hasta se pueden oler tus sentimientos y los de él, te lo aseguro.
Mujer objeto de sus deseos, mujer objeto de sus idas y venidas, mujer objeto de sus contradicciones, mujer objeto de su mochila, de su ‘fondo de armario’, mujero objeto utilizable cuando a él le venga en gana…, pero… claro, una mujer tan, tan colgada de él como tú…
Besos subjetivos
3 Mayo, 2007 a las 0:18
¿Sabes que me está gustando mucho esta historia? Aunque no tiene pinta de acabar bien…;)
3 Mayo, 2007 a las 1:29
Te regaló el dolor de primera mano. Lo q él no sabía es q Violeta era feliz de q él estuviera acompañado, y tenía q ser alguien con mucha luz, como tú preciosa.
Ten por seguro q si algún día llegas a sentir ese dolor no te faltará quién esté contigo, pq en esta vida todo lo q damos vuelve.;)
Gracias por tu visita a mi blog.;)
3 Mayo, 2007 a las 9:17
Hola amiga, tengo un tiempito leyendote y siguiendo la historia… es más te confieso que estoy a punto de convertirme en una fans del blog… pero esta es la primera vez que me atrevo a “gemir”…Me sentía (…creo que aún me siento) intimidada por tanta verborragia florida, escribes de un manera “adictante”, inclusive muchos de los orgiastas escriben también muy bien… o sea, que a un ser humano cualquiera, like me, le costaría arriesgarse a “gemir” aquí…
Sabes que cuando pienso en Hernán siento lastima, dolor, porque veo que tiene una gran lucha interna y sufre mucho porque no sabe como acabar con esos demonios con los que vive… mejor dicho con los que sobrevive, creo que necesita una mano amiga, una ayuda… poor
Chao amiga, saludos desde Venezuela!!!
3 Mayo, 2007 a las 10:22
Bienvenida a esta bacanal, Livia. Me alegro de que te hayas animado a convertirte en orgiasta con voz y gemido propio.
Besos rojos.
3 Mayo, 2007 a las 15:13
¿Ves como al final el jengibre está sobrevalorado? Si ya te lo decía yo…
Espero una cuarta parte o mejor, la parte I de “Ella y el que no es Faulkner, borrachos el uno del otro”.
Besos etílicos
3 Mayo, 2007 a las 15:23
¿Zurcirse el alma?: ¿Pero tienen?.
¿Seis años de diferencia y ya se considera un “viejo verde” por las proposiciones de seducción -también- por los rincones?.
Eso quiere decir que en su resquebrajada alma no habría entrado nunca antes la pasión…
¡lo que se ha perdido durante todo este tiempo!, jajaja.
Por cierto, no sólo les sucede a los hombres lo que a él le pasa: el miedo a sentir es uno de los cánceres de las sociedades
Besos con lengua de tuerca
3 Mayo, 2007 a las 15:25
Solo queria saludar, ya empiezo a comprender …cuando este preparado gemire.
Saludos
3 Mayo, 2007 a las 18:50
Vaya, por aquí ya teníamos otro Él, aunque creo recordar que con tilde.
Pues nada, El sin acento, saludado quedas, y bien acogido también.
Besos de carmín.
3 Mayo, 2007 a las 19:01
fiesta ! fiesta!
3 Mayo, 2007 a las 19:18
Tu saludo del 3 de Mayo de 2007 a las 10:22 también puede ir dirigido a mí, qué casualidad.
A lo de encontrarte me refería a algo más personal; por la calle, o con un té de fondo.
Pero por lo pronto voy a encontrar tu libro. ¿Dónde y cuándo?
3 Mayo, 2007 a las 19:35
¡Uy!, ¿dónde está ese saludo que dices, LeBlog? No lo localizo.
¿El libro? En breve os daré información al respecto.
Besos soleados.
3 Mayo, 2007 a las 20:49
Creo que el amor generalemte se vuelve una “Odiesea”. Gracias por compartirte así. Y gracias por la visita.
Besos!!!
4 Mayo, 2007 a las 0:15
Cuando las entregas y recepciones de pasiones no constelan, podría pensar: No era el momento.
Cuando un “alma” está rota, resquebrajada y aparece frente a tí otra con la fuerza pura de la sinceridad, podría pensar que: Abruma, asusta y quizás, agita; tanto que el miedo del alma “afectada” pide sosiego para no volverse a romper. No está -digamos- preparada.
Cuando la fuerza pura de la sinceridad, espera, se moldea y cede el paso al tiempo es: perseverancia, paciencia y adaptarse a otras circunstancias de manera extraordinaria.
Excelente la situación. Es como una controversia a dos velocidades.
Calidad para ambas “almas”. La que acepta y la que acepta. También.
Estoy espectante.
Besos orgásticos llenos de primaveras y polenes.
5 Mayo, 2007 a las 1:11
Lo-li-ta… ¡Y que me lo crea!…Caperucita, vale….
besos de vuelta..¡este tiempo dichoso!!!!
5 Mayo, 2007 a las 18:06
Fracasar, a veces es un triunfo de lo que somos. Cambiar, adaptarse al cambio, es bueno, pero no tanto. Creo, solo creo, que me explico.
Un beso.
Me quedo con Vladimir. siempre, y sin vergüenza.
6 Mayo, 2007 a las 0:28
Precioso!! como siempre… Hay IV?? Yo quiero
Besos chiquititos
6 Mayo, 2007 a las 0:37
Me ha gustado mucho tu blog, es muy sugerente. Saludos y gracias por tu visita.
6 Mayo, 2007 a las 13:50
Manuespada, fue fácil llegar hasta ti siguiendo el rastro que dejaste con tu registro. Bienvenido.
Besos brujos.
6 Mayo, 2007 a las 14:45
La consciencia y la inconsciencia en el amor siempre van al 50%, por eso no existen argumentos que avalen una lógica, ni porqués que justifiquen pasiones, ni explicaciones que aclaren esos comportamientos contrapuestos.
Qué cosas, de verdad.
7 Mayo, 2007 a las 0:02
Dime que hay un viejo perro que reconoce al amo pródigo, Penélope…
Como no venga pronto el jefe a tensar el arco, cogeré mi sierra mecánica y se enterarán los advenedizos que se banquetean en tus salones…
7 Mayo, 2007 a las 0:13
Pues no, no hay viejo perro, Lord E. Gracias por ofrecerte a a convertirte en mi héroe.
Besos mitológicos.
12 Mayo, 2007 a las 9:38
Te he dicho ya que éste escrito es genial? me identifico tanto con él.
saludos ella.
20 Mayo, 2007 a las 9:42
A veces cuando tienen miedo de enredarse en sus emociones y sentimientos los hombres se comportan como lo que son, unos imberbes emocionales,….
A otra cosa mariposa
Un abrazo
20 Mayo, 2007 a las 17:54
Hola, Aiguamel, bienvenida a esta bacanal.
Besos orgiásticos.
25 Septiembre, 2007 a las 12:05
Qué alegría ver que te tiras de nuevo de cabeza sobre estas aguas turbulentas. Feliz chapuzón.