El santo de la Red

En Antes del atardecer Celine sorprende a Jesse apareciendo en la librería de París donde el autor estadounidense, en una gira europea, presenta su primera novela: la historia de un chico y una chica que, tras pasar una noche juntos en Viena, se citan en esa misma ciudad seis meses después.
Jesse y Celine no llegaron a encontrarse en el lugar señalado la fecha prevista, pero la vida los coloca de nuevo frente a frente pasada una década.

En el mundo que no es de celuloide, pero cuya naturaleza más profunda ignoro, dos jóvenes compañeros de facultad separaron para siempre sus destinos -a instancias del muchacho- una tarde de verano, en la cafetería de una ciudad pequeña, con la absoluta certeza de que nunca volverían a cruzarlos. Sin embargo, San Google tiene un altar en el que, trece años después de aquel adiós, Él deposita una vela para saber qué fue de Ella, y el santo de la Red, hondamente conmovido, decide conducirlo hasta La orgía perpetua.
Dicen que la fe mueve montañas, un esfuerzo nimio si lo comparamos con la esfera del planeta que el azar ha desplazado en este caso.

36 gemidos para “El santo de la Red”

  1. lapradera gimió:

    reencuentros con el pasado …¿ tambien tu , eh ? …yo encontré el año pasado una compañera del colegio que no veia desde los 15 años …echa la cuenta …

    me gusta ser la primera … sé que ahora estás en el ático así que yo me he escapado a tu orgía …

    que tengas buena semana

  2. Mauro gimió:

    Es raro encontrarte con alguien muy importante en tu vida despues de una ausencia larga. Con un poco de incomodiad inicial, se conversa luego como si nunca hubieses dejado de verte. No es facil, claro.

    ¿Existirá el destino? ¿o será que simplemente todo está regido por lo aleatorio?, un reino angustiante, pero lleno de posibilidades. Quizás ni lo uno ni lo otro, o no tendría sentido esforzarse por algo, ya que o todo estaría escrito, o no importa lo que hagas, el azar siempre manejaría tu vida.

    Que discurso me salió…

    Besos abarlobaos

  3. Angelgris gimió:

    Qué bonito, y qué curioso también. Hace ahora un mes exacto me reencontré con una chica que fue conmigo al parbulario, no gracias a San Google, pero si a San Mipasado.com (la verdad es que con Microsoft tiene menos encanto). Yo también escribí un post de reencuento (el cuento del muñeco de trapo y la princesa de charol), aunque el tuyo ha quedado mucho más romántico. ^^

    Un besoteterrible.

  4. susej gimió:

    Es un mundo extraño este.
    Y más extraño es San Google.
    Es curioso, hace cinco años existía en San Google, ahora, solo alguno de mis avatares perdidos. Uno piensa en lo futil que son algunas cosas.

  5. Dan gimió:

    Puedo recordar que Jesse y Celine no se encontraron porque ella no fue a la cita?

    Algunas veces está bien recordar a fuego porque dejaste de ver a alguien.

    !D

  6. Ella y su orgía gimió:

    Dan, a fuego lo recordaré.

    Abrazo desnudo.

  7. Ana Mayagoitia gimió:

    Uff. Este tipo de historias -de la vida real- me encantan y me hacen creer que aún hay magia, por pequeña que esta sea.

    Besos muchos!

  8. Tio Matt gimió:

    La realidad siempre supera la ficción.

    Saludos desde el fondo.

  9. Rafael gimió:

    Estoy con Ana, es lo más parecido a la magia que hay hoy en día, signifique eso lo que quiera significar. Me alegro de tu reencuentro, sólo por saborear viejos días valdrá la pena.
    Un besillo.

  10. luces gimió:

    Las relaciones breves, sin salen bien, dejan más huella… sobre todo si el deseo queda insatisfecho, o se han abierto ganas de más. Parece más romántico.
    Lo que me ha encantado es que internet se use para esos reencuentros. Qué buena suerte¡ ¿cómo estará él?. No dejes de contárnoslo.
    Besos Ella

  11. Ella y su orgía gimió:

    Lo haré, Luces, no lo dudes. No sabes la ilusión que me hace tenerte de vuelta.

    Besos esperanzados.

  12. de barro y luz gimió:

    El azar se perfuma en ocasiones y se transforma en azahar… ¡Cómo huele el recuerdo entonces!.
    ¿Cuándo se celebra la festividad de san Google?

    besos.

  13. Ella y su orgía gimió:

    De barro y luz, qué gemido colosal. No he podido evitar entrar para decírtelo.
    ¿Cuándo se celebra San Google? Creo que es una onomástica cambiante. A mí me parece que me corresponde celebrarlo en agosto, aunque ignoro el día. No sé, déjame que le pregunte a la parte que le puso la vela al santo.

    Cosquillas eróticas.

  14. Azul gimió:

    Niña se me ha erizado la piel…por recordar la primera vez que vi esa peli…su segunda parte y ahora…tu historia…brrrr…el destino sigue moviendose…y nosotros llenos de magia.

    Un bikiño;)

  15. yugen gimió:

    cuando jugas
    al truco con el destino
    el azar te tira sus

    m
    e
    j
    o
    r
    e
    s

    b a r a j a s

    suspiros en la panza

  16. RockStar gimió:

    Aunque las historias sin fin, no son de las mas populares entre la historia, me gustan los reencuentros, donde el fuego y la tempestad son ahora la calma de una sonrisa.

    Saludos desde mi escenario.

  17. GLAUKA gimió:

    Y nosotros de espectadores de primera fila espero. (traduzco: queremos saber qué pasa, no se te vaya a olvidar contarnoslo vale?)

  18. wheelwright gimió:

    Vi la peli hace un tiempo. Es un cruce. Quiero decir, hay azar, casualidad, es decir una manifestación inesperada de la realidad. Pero realidad al fin. Lo de todos los días expresado en palabras poco cotidianas. Copio a continuación un texto que escribí sobre este asunto en otro sitio.

    Esto no es un barco rojo.

    Ya se que a medida que vayas leyendo el artículo pensarás en Paul Auster. Pero para que las tramas que voy a contar no parezcan tributarias de su visión del mundo, vayamos a Proust, por ejemplo. Proust contaba que la llegada de Gilberte a los Campos Elíseos en medio de la nieve, estaba inspirada en una persona que había sido el gran amor de su vida sin que ella lo supiera jamás y a quien solía cruzarse en París con el simple ruego previo de encontrarla al azar. Cada vez que el conjuro se cumplía, el corazón le daba un vuelco.

    Ricardo Piglia cuenta en Formas Breves que al ir a vivir a Buenos Aires, alquiló una pieza en el Hotel Almagro, en Rivadavia y Castro Barros. En ese tiempo, dice Piglia, trabajaba en la facultad de La Plata, por lo cual viajaba a esa ciudad todas las semanas y se quedaba a dormir en una pensión. Una tarde, en la pensión, escondidas en un hueco del armario, encontró unas cartas escritas por una mujer. La letra era casi ilegible y no se entendía bien el sentido de esas cartas. Pero sí el nombre de la autora, Angelita, y en una de ellas aparecía un número de teléfono. Piglia llamó; pertenecía a un hospital y nadie conocía a la tal Angelita. Tiempo después, olvidado el asunto, una tarde, en el hotel de Buenos Aires, a Piglia se le ocurrió inspeccionar el armario de su cuarto. En un hueco había dos cartas: eran la respuesta de un hombre a las cartas de la mujer de La Plata.

    Explicaciones no tengo, dice Piglia.

    Mi amigo E se separó el año pasado de su mujer. Cuando estuve con él en enero, en mi visita a Rosario, me contó que una tarde comenzó a escribirse con una mujer a través de un chat. Ella, escudada en el velo del anonimato, sólo dejaba traslucir que era psicóloga. Una mañana en la que dialogaban a través del chat, la mujer escribe: “En este momento veo pasar un barco rojo”. E, sentado frente a su computadora, alzó los ojos y vio, a través de la ventana, un gran barco rojo desplazándose río arriba. La mujer, la psicóloga, era y es vecina de E. Vive a la vuelta de su casa. Y la cita que los reunió por primera vez resultó ser la primera vez que se veían en la vida. Al menos hasta enero, cuando E me contó la historia, eran pareja.

    Otra amiga, aquí en Madrid, Carmen Pacheco, cuando era mucho más joven de lo que aún es, vio un comercial en la televisión y decidió que se dedicaría a eso, a crear pequeñas películas divertidas que anunciaran yogures, tarjetas de crédito o coches. Años después, trabajando como diseñadora de páginas web, durante una reunión, vio a un creativo publicitario y al escucharlo, se reafirmó en su antigua vocación. Pasó el tiempo y finalmente, un director creativo que la valoró por su carpeta de trabajos, acabó contratándola en la agencia en la que ella ansiaba trabajar. El autor del anuncio que le llamó la atención cuando Carmen era adolescente, el creativo que inconscientemente la estimuló en aquella reunión y el profesional que la contrató en la agencia son la misma persona.

    Otra vez E. En los ochenta, al poco tiempo de mudarme a Buenos Aires, E me vino a visitar. Quedamos una noche en el bar La Paz y E se presentó con su amiga M, en cuya casa paraba durante esos días de vacaciones. Nos fuimos a cenar los tres y E sufrió un colapso emocional cuando le devolví el original de un libro de poesía suyo que habíamos dado por perdido. Del restaurante nos fuimos al Zedón, en el bajo, que era un sitio con una atmósfera atractiva: un viejo almacén reconvertido en bar y con un piano que, al verlo E, tiró su gabardina y se puso a tocar. Yo y M nos quedamos hablando y bebiendo en la barra. Recuerdo, y no lo olvidaré nunca, que E tocó Misty de Erroll Garner y hasta el señor mayor, un abuelo, que estaba detrás de la barra dejó de hacer ruido con los vasos. Esa noche yo inicié una relación sentimental con M que duró más que la visita de E a Buenos Aires.

    Muchos años después yo ya vivía en Madrid. De regreso de un viaje, el fotógrafo Alejandro Lamas se acercó a la agencia y me trajo varios ejemplares del periódico. (Aunque no te lo creas, hubo un tiempo en que no existía Internet.) Me puse a mirar los diarios en mi escritorio y encontré una nota de E, en una contratapa como esta, en la que contaba los sucesos de aquella noche lejana. No acababa de salir de mi asombro cuando sonó el teléfono. Era M. Después de tanto tiempo, años ya digo, llamaba para lo que llama uno en esas circunstancias: saber como está el otro. No recuerdo quien le había dado el teléfono. Y, por lo visto, M no sabía que era protagonista de una historia en el diario. Yo no se lo dije.

    Y para terminar, algo que me pasó hace unos días, en Madrid. Invitados a la boda de un amigo en común, mientras esperábamos a los novios le cuento a mi amigo Antonio Ortega que llevo años detrás de un libro. Como poco, cuatro o cinco. El libro en cuestión es un tomo que contiene toda la poesía escrita en inglés por Joseph Brodsky. Lo vi por primera vez en la librería La Central de Barcelona. Desde ese día, cada vez que volvía a Barcelona, iba a la librería y cuando me topaba con el libro en la sección de poesía, leía un poema, lo disfrutaba entre mis manos, más como un objeto que como un libro, demorándome en la portada desde la que me miraba Brodsky, fumando, sentado en un banco de madera en una fundamenta veneciana. Pero nunca lo compré y no sé responder por qué. Semanas atrás fui a trabajar a Barcelona y una tarde me dirigí a La Central con el único cometido de comprar el libro que, como imaginarás, ya está ajado y lleno de huellas de tantos lectores furtivos como yo que lo han manipulado en estos años. Y ocurrió lo lógico: lo habían vendido. Antonio me miró en silencio y con una sonrisa lo rompió: lo compré yo, me dijo. ¿Cómo?, no puede ser; ¿cuándo?, le pregunté. Unos días antes de que fueras a Barcelona, me dijo Antonio, estuve yo y visité la librería, ví el libro de Brodsky y lo compré.

    Hay más, muchas más historias, pero seguir sería para contar más casualidades, cruces, coincidencias sin explicación alguna como asegura Piglia. Haciendo un uso estricto del sentido común, puede decirse que sólo se trata de la realidad de siempre, la única que hay, pero dispuesta y presentada de tal modo que engaña al que la mira con intención de ver lo que se oculta detrás. Pero resulta que detrás está nuestra necesidad de narrar y convertir en peripecia singular la rutina de los días; incluso puede que también sea una manera de señalar los hechos que no nos deben pasar desapercibidos. Darle a Brodsky, por ejemplo, la potestad de elegir a su lector. O que un barco rojo le sirva a E para señalarle que su buena ventura, como la de todos, está más cerca de lo que aparenta.

  19. corcholata gimió:

    ese destino es lo que en muchisimas ocasiones me ha dejado sin habla, tanto el poder hacer que encuentre la mayor felicidad, como el sentirme totalmente desmoralizado.
    solo espero que algun dia se encuentre la posima para deparar el destino.

  20. corcholata gimió:

    y por cierto ya no es http://corcholata.blogspot.com ahora es:
    http://elmerocorcholata.blogspot.com

    gracias

  21. Phosphorus gimió:

    Yono encontré, me encontraron… santos de la Red… vaya si que hay que ponerles velitas de gratitud… jaja… te has pasado por mi Alter Ego? Hazlo: alterego593.spaces.live.com creo que es la dirección… o puedes usar el link de mi blog.

  22. Ella y su orgía gimió:

    Phosphorus en estado de buena esperaza: ¿por qué te has traladado a spaces? Ese lugar se conjura contra mí para dejaros comentarios. De todos modos, me pasaré a leerte.
    ¡Ah!, hola, Corcholata.

    Besos de carmín rojo.

  23. Jorge Alberdi gimió:

    La vida es una espera, de ocasiones con estas…

  24. Phosphorus gimió:

    Ella, Ellita… es solo mi alter ego… mi bitacoras sigue ahí… y mis blogia… y mi blogspot… Pero pasate para que me leas en mi space y me dejas el comentario en el bitacoras…. ja.

    Lamida cálida,

    phos.

  25. Ella y su orgía gimió:

    Lo haré, Phos, lo haré. Chica, es que eres de un prolijo…

    Besos salvajes.

  26. sabelilla gimió:

    Ala, qué emocionante, no?
    Me gustaría que me pasara lo mismo con determinada persona con la que me quedaron pendientes algunos asuntillos… Por lo que veo, no debo perder la esperanza.

    Bonito soplo.

    Un beso, Ella

  27. Ardi Bronston gimió:

    La misma casualidad que descubrir tu nombre en la enciclopedia de internet. Vaya hagiografías podríamos escribir. No obstante lo cual, niña, y a pesar de que me interesan las coincidencias y me cautivan las casualidades (pero no sé qué pensar de las fes que mueven montañas), hoy me siento más atraído por el que “trece años no es nada” (veinte ya son mucho, blanquean las sienes y al final… ¿cómo dices que eras, cuando eras como yo creo que te recuerdo… o no eras tú?). Hay una canción que reza:

    Cuando quise no quisiste,
    ahora que quieres no he de querer.
    Amores que se olvidaron
    no vuelven nunca a reverdecer.

    Mmmm. Puede que hoy me sienta particularmente positivo. :-p
    En mi vida anterior me llamaban cordero negro. Vaya, oveja negra.

    Ardi, Ardibeltza.

    Pero, como ahora soy Ardi Bronston, yo sólo pienso en positivo. Positivo-positivo. Y por eso me muestro tan escéptico.

    Uy, soy un mar de contradicciones.

    Me alegro de tu reencuentro, Ella querida.
    Y te dejo dos lametones. :-)

  28. Ella y su orgía gimió:

    Ardi, como la letra de esa cancioncilla se cumpla en este caso, te nombraré cenizo oficial de La orgía perpetua, que lo sepas. Qué mal rollito, chico, qué yuyu.

    Madera para tocar, y mucha.

  29. morganah gimió:

    enhorabuena!

    Son dulces esos reencuentros, sólo recuerdan lo sbuenos momentos, el tiempo se para y nunca hicimos nada que se nos pueda echar en cara para esa persona.

  30. Ozhomatli gimió:

    Todos tenemos un historia, pero no creo que todos tengamos aun destino. Como bien plantea Saramago, en unas líneas que de forma irónica dicen: “Su destino fue trazado desde el principio de los principios”, a Jesús que está crucificado. Sin embargo, sí creo en el DESEO, en QUERER, y creo que su DESEO de QUERER saber, lo ha llevado hasta ti.

  31. Ardi Bronston gimió:

    Ella, que sepas, así de claro te lo digo, que yo de cenizo tengo poco. Por el contrario, no sabes cuantíiiiiiiiiiisimas veces no doy pie con bola. :-) Así que tranquila, mi niña, que yo soy más bocazas que adivino. Por otro lado, anoche yo también puse velas a un montón de santos. Así que, ya verás: con todo el mundo rezando (¿quién dijo eso de que la naturaleza entera se confabula y tal?) seguro que todo reverdece. Incluso la madera que con fruición tocas :-p

    Ahora sí (igual que ayer) mis mejores deseos. Del corderito leré ;-)

  32. Locombiana gimió:

    Pasaba por aquí -como dice Aute- y… me gustó mucho tu blog. Gracias. Un saludo!
    L.

  33. Ella y su orgía gimió:

    Jaja, Ardi, vale, te creo. Pero a mí no vuelvas a ponerme mal cuerpo con según qué vaticinios.
    Hola, Locombiana, y bienvenido.

    Carcajadas de colores.

  34. Teresa gimió:

    Es bonito, recordar…y encontrarse con esos recuerdos ,aun lo es mas…
    Es como una segunda oportunidad, si la cosa fue mal, tienes la oportunidad de arreglarlo, si quedaron tareas pendientes, podrias intentar acabarlas.
    No todos tienen una segunda oportunidad…creeme,hace años ,algo quedo pendiente en mi vida,algo que no se si por los años que tenia, no me atrevi ha hacer,en estos momentos daria todo por acabar aquello, pero ya no puedo…
    Aprovecha el momento.
    No lo dejes escapar……..

    TERESA

  35. malizia gimió:

    Siempre quedo atrapada en las historias de desencuentros y encuentros, me fascina la reversibilidad asombrosa de ciertos hechos, que sucumben frente al deseo pospuesto, en muchos casos, por años.
    A veces siento que alguien me esperará dicéndome que me buscaba hace mucho tiempo…
    Los caminos se cruzan por motivos que a veces ni intentamos saber, sigue en esa dirección a ver cuál es el puerto a que llegás.
    besos.

  36. lola gracia gimió:

    El destino no me ha deparado un encuentro tan fascinante. Ni antes, ni ahora. La realidad nos aplasta, incluso dulcemente. Incluso pedimos más dosis de cordura para no caer en el pozo. Es una bonita historia, tanto la de la película como la de “Ella” pero lejos de mí, I presume

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