Erasmo, el que merece amor (I)

Se me acercó a la salida de la reclamación de un examen, donde él aguardaba turno para entrar a ejercer un derecho al pataleo que, al igual que al resto de demandantes, le serviría de bien poco. Cuando me regaló su cuestión acerca de cómo me había ido dentro del despacho de La Loba envuelta en aquel acento tan simpático (distinto por completo al de los habitantes de la capital), adornada con el lazo de su sonrisa y el “espero que te guste” de su mirada, escuché la voz interior de una niña kamikaze gritándome: “Acéptalo sin pensarlo y da las gracias”.
Nos conocíamos de vista, aunque jamás habíamos cruzado una palabra ni un saludo. Lo tenía localizado como el novio del pibón estilo nórdico que, a lo largo del curso anterior, había compartido con él y con sus amigos mesa en la biblioteca del archivo municipal. Yo solía ir por allí a estudiar-tontear con mis amigas y a hacerme la encontradiza con un tal Paulino, un guaperas soso que ni comía ni dejaba comer y que se sentaba enfrente de donde yo me sentase con la única intención de mofarse de mi ingenuidad.
Antes de marcharme, mi recién conocido colega de avatares académicos me preguntó cómo me llamaba y se me presentó con un par de besos. Al escuchar su nombre, consciente como era de que de ese momento en adelante no me podría librar del eco de aquellas seis letras, me pregunté qué me pasaba: ¿sólo me atraían los tipos con nombres difíciles de escuchar? Con el paso de los años, cada vez que le he echado el ojo a un XY, he cruzado los dedos mentalmente para que se llamase Pepe o Paco o Juan (cualquiera se ponía a aspirar a un Mario o un Alejandro con tales antecedentes).
A partir de nuestro primer fugaz encuentro, no recuerdo con nitidez lo que ocurrió, únicamente que alguien me contó que había roto con su novia, que una de mis amigas me dijo que conocía a uno de sus amigos y que, por casualidad o por causalidad, empezamos a coincidir de manera sospechosa en la biblioteca de la facultad.
Hasta el hallazgo de Erasmo intramuros de aquella institución lóbrega, yo me dejaba caer por allí de lunes a viernes con el ánimo de quien se acerca a un altar de sacrificio a fin de entregar, resignado, su presente abierto en canal, su felicidad en carne viva. Para cuando nos conocimos yo ya había renunciado a asistir a clase, y me pasaba los días con novelas escondidas debajo de los apuntes, tratando de engañarme más a mí misma que a mis compañeros, quienes me observaban con una mezcla de escepticismo y condescendencia similar a la que unos padres dirigen a su hijo díscolo cuando han perdido toda esperanza de hacer carrera de él.
Tras la irrupción del chico del peculiar antropónimo en el escenario de aquel teatro del absurdo, no puedo decir que me volviese una actriz resuelta, pero sí que los instantes en que él pisaba las tablas de la cafetería, la biblioteca o el mismo pasillo en el que yo me encontraba, un chorro de luz, un foco de 1.000 watios, me iluminaba hasta el extremo de empujarme a cometer la osadía de creerme afortunada. Luego, cuando busqué su nombre en un diccionario etimológico, ya lo vi todo clarísimo: de origen griego, Erasmo significaba “el que merece amor”. Aquello era una señal en toda regla: Erasmo merecía amor y yo estaba dispuesta a dárselo. Supongo que en ese preciso instante inicié mi caída en picado.
11 Septiembre, 2006 a las 8:58
:DDDDD
Realmente enamorarse es caer en picado…
Aunque alguna que otra vez sale bien.
Estoy ansiosa por saber cómo sigue.
11 Septiembre, 2006 a las 9:57
Yo también, y lo mejor es que el escenario lo conozco :D
11 Septiembre, 2006 a las 10:35
Rafael, ¿conoces el escenario? Ésta es La orgía perpetua de Ella, y Ella no ha dado nombre concreto a ese lugar. No sé, digo yo. Al menos de momento.
Besos rojos.
11 Septiembre, 2006 a las 10:44
Hay que ver lo que un nombre puede condicionar nuestra vida…
11 Septiembre, 2006 a las 13:44
Bien, si el escenario es cierta Facultad de Derecho, la profesora hablaba con acento sudamericano y el archivo municipal estaba en un callejón que solía oler a orines, conozco el escenario. Si no, simplemente me he equivocado.
Besos incoloros y perdona, sólo es que me haría gracia que hubiéramos compartido lugares comunes.
11 Septiembre, 2006 a las 15:11
jooo, oye, oyeee que yo quiero ver cómo sigue, venga, rapidito rapidito con la segunda entrega. No es que quiera ver como te estallas después de caer en picado… jejeje pero qué bien. Me encantó. Soy como una nena chiquitita que quiere oír el final del cuento y no esperar hasta mañana, pero su madre la hace esperar.
Bueno bonita, un fuerte abrazo si?
Uno grandote
11 Septiembre, 2006 a las 18:25
Vamos a ver comos igue su historia señorita!! Sí, el amor siempre se me ha parecido un salto al vacío… por mucho el nombre indique que merece amor, será que es el de una? Lindo post, estaré atenta.
Besos!
11 Septiembre, 2006 a las 18:48
no
hay
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ser p a r t e
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n
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Banzei,
N
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G
A
11 Septiembre, 2006 a las 18:51
veo Ellita que tu tambien has caido en la tentación de los amores del pasado …
un beso
(¿Mario? , ¿Alejandro? ….)
11 Septiembre, 2006 a las 20:30
Un placer seguir leyendote.
11 Septiembre, 2006 a las 21:23
Dejarse caer….es el mejor vértigo en el amor que pueda sentirse…te sigo;)
Bikiños-
11 Septiembre, 2006 a las 21:50
Con semejante introito, me siento tentado a decirte mi nombre. Pero no. Que ésta es la historia del origen de un amor perdido y recuperado. Y Ardi Bronston, a pesar de su fama virtual, es un sujeto repetuoso, un caballero… lleno además de insana curiosidad por conocer lo que ocurrió en aquella caída en picado… Además, sigo dando lumbre a ciertas velas que dan calorcito a ciertos santos. Así que hoy contengo mis gemidos. Cuenta, cuenta (aguardo por la parte contratante de la segunda parte)
11 Septiembre, 2006 a las 22:11
No te resistas a la tentación, Ardi, que te entrará sarpullido, y eso es de lo más incómodo.
Abrazo abisal.
11 Septiembre, 2006 a las 22:32
“Hacerme la encontradiza”… cuántas veces lo hemos hecho, todas, tratando de plantarnos como mujerones y no dando lugar más que a la inmadurez de un inicio infantil… yo también quiero saber qué pasa…
11 Septiembre, 2006 a las 23:37
Solo pido que remontaras.
12 Septiembre, 2006 a las 5:32
Este juego de los nombres que significan! Ya te contaré un cuento, quizá, algún día, en que una reina y una princesa se han ganado nombres de luz en hebreo y un rastro de amor sin límites. Hoy el cuerpo me sabe dulce.
Phos
12 Septiembre, 2006 a las 15:59
Ya me he calmado la picazón del sarpullido. Ya me siento mejor. Polvos talco y bálsamo bebé, o por el orden inverso. Y me he puesto de perfil y de escorzo. Sólo me falta hacer el pino, pero eso nunca supe. Estoy esperando segundas partes que sieeeeeeempre fueron buenas ;-)
12 Septiembre, 2006 a las 18:40
Cuando los ángeles aman, dejan el cielo para sufrir por los Erasmos… son las servidumbres propias…
Besos (pero pocos)
12 Septiembre, 2006 a las 21:01
¿Y cuando las diablesas amamos, eh, Decenizas? Por cierto, que sepas que eres un cicatero, dejando besos escasos.
Besos bacanalescos, y muchos.
12 Septiembre, 2006 a las 21:04
¿Qué significa caer en picado en una biblioteca, con un Erasmo que te persigue y una novela escondida bajo los apuntes? Eso es pura propulsión hacia el infinito. Lo otro, pensar en qué hay más allá de las estrella… y creérselo. Esperaré el final de la historia. Besicos, Ella.
12 Septiembre, 2006 a las 22:15
Ja ja ja ja! pues seguro que sí!! El abismo nos atrae de forma fatal…
12 Septiembre, 2006 a las 23:00
Soy cicatero porque me estoy recuperando de tu “revelación”… Me cuesta rehacer la imagen de Ella… Es como ver una película después de leer el libro. Pero…me reharé… vales la pena (Ella). A la mujer que hay detrás le sobran aduladores.
Va…provisionalmente…besos(muchos)
12 Septiembre, 2006 a las 23:42
Eso de la película y el libro es una grosería, y lo peor es que lo sabes, y dejemos el temita, Ceniciento.
Abrazo arisco.
13 Septiembre, 2006 a las 8:48
Has descrito perfectamente cual es casi la única utilidad de las bibliotecas universitarias, los encuentros (sean en la fase que sean) y el aprendizaje de malabares con bolígrafos, lápices o cualquier otro objeto que el común de los mortales utilice para escribir. Poco más se puede hacer en semejantes lugares.
Un abrazo no varios (según prefieras)
13 Septiembre, 2006 a las 13:19
Avatar. Te me acabas de adelantar…
Besos de carmín.
14 Septiembre, 2006 a las 0:44
La emulsión de letras y números que se cocina en una biblioteca es como un teatro multidisplinar donde se interpretan al unísono varias escenas de obras diferentes.
Puedes leer la que tienes sobre la mesa, observar la de enfrente y vivir la que no esperas interpretar, pasando, de pronto, de espectador anónimo a personaje en una historia cualquiera.
El lenguaje de la mirada se aprende en las bibliotecas.
Los “mejores libros” se viven en ellas y no siempre éstos estan impresos en papel.
Besucos de mameluco ;-)
14 Septiembre, 2006 a las 1:20
Siempre se pica de la manera más tonta. ¡Cuánto mejor habrías hecho continuando con tus novelas, a escondidas…! Aunque claro, tampoco puede esperarse mucho de una orgía de papel. Esperaré a ver qué pasa con Erasmo. Saludos cordiales.
14 Septiembre, 2006 a las 11:07
Hola,
Un relato perfecto para un iniciado a las orgías. De ésos que terminan de manera misteriosa y te dejan deseando leer cómo siguen…
Te seguiré leyendo, entre las sábanas…
Saludos!
14 Septiembre, 2006 a las 11:14
Isabel, Mirko, bienvenidos. Espero que os hagáis un hueco en esta orgía de los sentidos.
Abrazo desnudo.
14 Septiembre, 2006 a las 11:35
Erasmo… no conozco a nadie con ese nombre. La verdad es que me suena a una mezcla entre Eros y orgasmo, no me extraña pues su significado ;)
Un beso suave, como el que propina esa sombra a la carita de la foto.
14 Septiembre, 2006 a las 17:18
No creo que en ese momento caiste en picado…quizás sí, pero para remontar vuelos más altos.
Besos de mil watios ;)
14 Septiembre, 2006 a las 18:04
>a href=”http://rsta.pucmm.edu.do/biblioteca/pinacoteca/arte%20antiguo/roma%20sub%20web/imagenes%202/beso_entre_amor_y_psiquis.jpg>Beso entre amor y psiquis
14 Septiembre, 2006 a las 18:05
Error, la próxima será.
14 Septiembre, 2006 a las 18:11
Pistola, de próxima vez nada. A mí no se me puede dejar con semejante incertidumbre. Qué poco me conoces.
Besos intrigados.
15 Septiembre, 2006 a las 6:49
Eso de caer se está extendiendo mucho en la blogosfera…
Este flashback es un previo al encuentro vía San Google que relatabas el otro día? Qué cosas…
Espero que no se haya disipado del todo el acento. A ver que augura la secuela.
!D
15 Septiembre, 2006 a las 11:35
En efecto, Dan, os pongo en antecedentes.
Besos crápulas.
16 Septiembre, 2006 a las 23:23
Anda Ella querida, sé una buena samaritana. Si el hombre merece amor pues venga, ¡hay que dárselo! Un gusto enorme leerte dispuesta a realizar dicha acción benéfica.
Besos desde acá!