Erasmo, el que merece amor (II)
El resto del curso me fue tal y como no le habría resultado difícil prever a cualquiera que conociese tanto mi entusiasmo por aquella carrera como mi trayectoria sentimental: lo mismo que a un recién nacido en un banquete de caníbales.
De lo especial que era Erasmo sólo puedo darme cuenta ahora, con la perspectiva que genera la distancia de los años transcurridos. Aunque no había que realizar un esfuerzo sobrehumano para corroborar su condición de niño bien que vestía ropa de marca, vivía en un piso de estudiantes sufragado por sus padres, y poseía el rostro relajado de ceño desfruncido que otorga la despreocupación por los asuntos monetarios, en él no existía el más remoto atisbo de la prepotencia y la fanfarronería de los pijos que nos rodeaban. Bueno, a decir verdad, cualquier parecido con ellos habría sido mucho más que pura coincidencia.
Mi compañero de tardes de no estudio se mostraba en general como una persona amable, simpática, sensible y educada que, en ocasiones, daba la impresión de caminar entre dos tierras o frecuentar un limbo innombrable. Por momentos, parecía que unos nubarrones le hubieran encapotado la mente y el semblante, como si hubiese presenciado una escena tremebunda en el telediario y ya no pudiera zafarse de su sombra en toda la jornada.
Mi capacitación para el aprendizaje rápido hizo que necesitase poco tiempo para reconocer sus días turbios, similares a la malea que mencionaba Holly Golightly en Desayuno con diamantes, sin embargo, mentiría si dijese que me acostumbré a sufrirlos, porque cuando el chico flaco no se acercaba a mí con los ojos encendidos a decirme cualquier tontería o a seguir instruyéndome en el complicadísimo arte de bailar el bolígrafo sobre el dedo pulgar, todo cuanto yo podía hacer era preguntarme qué había sucedido, en qué me había equivocado para ganarme aquel castigo, y esa impotencia frente a él me hacía rebelarme contra mí. En tales circunstancias, Erasmo se mantenía distante y ausente hasta el punto de que, si me acercaba a hablarle, sólo le alcanzaba para esbozar una media sonrisa cortés con la que, finamente, estaba echando la persiana de su sociabilidad. A veces, cuando creía que estaba a gusto, relajado, y todo indicaba que se había concedido una tregua en esa extraña batalla de contrincante ignorado por mí, volvía a salir corriendo para parapetarse en su trinchera de distancia y activar su sensor hipersensible a las nenitas pesadas. Entonces, la calma y la felicidad que me había regalado un rato antes se disolvían en mi desesperanza igual que los terrones de azúcar lo habían hecho en el café que acabábamos de tomarnos. Con semejante actitud, la paz que me regalaba un día me la robaba al siguiente.
Ante la inminencia de los exámenes finales, las clases se cortaron, y el muchacho del corazón encriptado se volatilizó camino de su pueblo sin un hasta luego, un ya nos veremos, un déjame en paz o un que te pudras, llevándose consigo la poca concentración que lograba convocar cuando advertía su presencia en la mesa de al lado.
15 Septiembre, 2006 a las 10:01
y las letras se fueron llenando de diamantes diminutos, nadie lo percibía, pero cuanto más te leíamos más nos brillaba la mirada.
besos de mantequilla con azúcar.
15 Septiembre, 2006 a las 11:12
Lo más gracioso del tema es que “el del corazón encriptado” (je,je), seguro que no se percataba del aluvión de sentimientos que te provocaba.
Lo siento por él….¡lo que se ha perdido!!
Besos sin frenos
15 Septiembre, 2006 a las 11:19
Sí… Qué importante es para nuestro estado el estado de la gente que queremos.
Me ha encantado lo de la sombra de la escena del telediario… pero no consigo recordar lo de la malea de Holly. Mmm qué fallo.
Bueno Ellita, besos nublados (pero con sol inminente, ¿si?)
15 Septiembre, 2006 a las 11:20
por cierto, me encanta la chica de la foto, pero tengo miedo de la sombra que proyecta en la pared. Su mano me asusta.
En fin. Otro beso, pero más soleado.
15 Septiembre, 2006 a las 11:47
Lau, la malea se menciona en la novela. En la película se le dio el nombre de días rojos, y así los definía Holly:
“No se tiene un día negro cuando una ha engordado un poco o cuando ha llovido demasiado. Estás triste y ya está. Los días rojos son aquellos en lo que estás triste y no sabes por qué. Cuando me pasa, lo único que me alivia es coger un taxi e irme a Tiffany”.
Y esto te lo soltaba la Hepburn así, como si nada, con esa carita, y se quedaba tan pancha. ¿Y todavía a quienes les extraña que se convirtiese en un icono?
Besos del mismo color.
15 Septiembre, 2006 a las 12:34
Ahora entiendo lo que me decías de que me había adelantado, pero, ¿qué quieres? tenía que recordar de alguna manera mi absoluta incapacidad para los malabarismos más sencillos, acentuada si quieres por la opresión de esos sitios malolientes, calurosos y mal ventilados, tan lejanos al conocimiento verdadero como las películas de los libros, que son las salas de estudio de las bibliotecas en general y de las bibliotecas universitarias en particular.
Confío en que continúe la saga Erasmo, mucho más interesante que cualquier erasmus (por seguir con el tema universitario.
Muchos besos (así sin más, sin adjetivar)
15 Septiembre, 2006 a las 14:44
En contestación a lo que dijiste sobre las pruebas en mi blog: la verdadera prueba es la de los alumnos.
Un beso un poco pesado en este momento,
Ana
15 Septiembre, 2006 a las 18:02
Y ha regresado… Ejem. Esta vez me abstengo.
!D
15 Septiembre, 2006 a las 18:02
Que les den a los “corazones encriptados”. EN realidad no son más que corazones sin valor para mirar su propia alma, y se esconden en entruncados caminos para que nadie lo note. QUe les den he dicho hombre!
15 Septiembre, 2006 a las 20:39
Hola Ella, sabes creo que yo también tengo mis reservas sobre los corazones “encriptados”, a veces el “misterio” que rodea a una persona que nos fascina en realidad esconde el vacío más absoluto. Si el misterio no ha sido revelado es mejor quedarse con que realmente había algo… Para mantener la fe en la especie humana prefiero creer. Habrá Erasmo III?
15 Septiembre, 2006 a las 20:45
Sí, Van Cleef Arpels, como El Padrino.
Besos silenciosos.
15 Septiembre, 2006 a las 22:36
Un corazón encriptado…me tope con uno….que parecia ceder a los hechizos de la luna, pero a veces a un precio sumamente costoso para alguien que ama tanto sentir a flor de piel.
Me encanta Elli…espero el III :D
16 Septiembre, 2006 a las 0:06
Gracias, gracias por la respuesta. Hasta ahora no había dado nombre a esos días. Ahora sí. Ya podré decir que es que tengo un día rojo. Y pensar que no recordaba esto… ufff, tengo demasiadas deudas con el mundo.
Otra vez gracias, y un abrazo inmenso, tan inmenso que no te cabe en la imaginación. Hoy es un día extraño, como de colores de arcoiris sobre los que paseas, y vas de uno a otro y a otro hasta que llegas al gris (y si no lo hay, lo construyes), y entonces piensas que no deberías pensar, sino dormir, y tener una noche azul, lejos de días rojos.
Sin más… y sin que pase nada
16 Septiembre, 2006 a las 4:08
Uy! Yo sabía un nombre para ese tipo de hombres. Y creo que hasta alguna vez me encontré con uno. Lo que no me da la impresión es que se merecían amor, pero bueno…
16 Septiembre, 2006 a las 10:46
Querida Ella:
Hoy me he conectado para ver cómo va “Erasmo, el que merece amor”. Me atrae mucho esta serie, me retrotrae a tiempos pasados, a las miradas furtivas decenios atrás en lugares ya no comunes. Umm, las miradas….¿dónde van las miradas de hace tantos años?
Erasmo…lo siento, no puedo evitar pensar en él. Trato de imaginar por qué hace lo que hace, qué tiene en su cabeza. Leo más arriba que Glauka habla de que “le den a los corazones encriptados” porque tras su aparente laconismo emocional no se esconde nada. La nada envuelta en pretencioso aroma de misterio. Puede ser. Pobre Erasmo. Sin embargo, apostaría a qué también sufrió. Pero se perdieron las postales.
Besos desde Plutón.
16 Septiembre, 2006 a las 18:45
Bueno, chica…me encanta lo poco que he leído tu blog. Me imprimiré los post para leerlos despacio. Coincidimos en Flaubert, y la fascinación por “Les liaçons dangereuses” y el tango…guau!! Me encanta el tango. Una temporada bailé y me quedé con ganas de más…No sé quizá me apunte de nuevo pero la vida cada día la tengo más complicada. Es tremendamente sexi, me siento guapísima bailando tango.
Todo eso de la orgía y el gemido también me mola y, oye, tu foto es un autoretrato mirandote un espejo? Hace poco me hice yo unas de esas, ja,ja . Cuando me fotografían los demás nunca me siento yo misma, mismamente.
No sé que es lo que cuentas de un concurso…si quieres me cuentas, si no pues nada. Imagino que vives en Madrid por otro de tus post. Yo tengo una relación amor-odio con Madrid. No sé porqué he sido muy feliz y muy infeliz allí (estudié cinco años periodismo y a veces vuelvo por trabajo). Es lo que dice Shakira de tu boca de anís. Hay rincones de Madrid que me fascinan (Los Austrias, Paruqe del Oeste, ópera, las manzanas contiguas a la Castellana, sobre todo a la altura de Colón…pero hay otro Madrid que me da muy mal rollo. No sé porqué.
Ya no recuerdo bien si eras tú o un visitante a tu blog que decía algo de Holly la de “Desayuno…” Es uno de mis libros favoritos. Una secuencia: cuando pasea por la Quinta Avenida y se para en Tiffany maravillada por una joya y dice aquello de “me lo compraré el día que tenga más de 200 dólares en mi cuenta corriente” (o algo así) Menudo rollo he metío. Besos y encantada
16 Septiembre, 2006 a las 19:04
Qué pena no haber aprovechado el primer tirón. En estos casos creo que es lo aconsejable. Después, cerrar bien la puerta.
Parece fácil imaginar su presente. ¿Sabes algo de él y su pueblecito? ¿Se casó finalmente con la de las mechas?
16 Septiembre, 2006 a las 19:10
Lola, jaja, nada de rollo. Bienvenida, estás en tu casa para rajar cuanto te plazca.
Pistolita, de su presente ya os hablaré más adelante. Yo le atribuía el mismo que tú.
Besos de sábado.
16 Septiembre, 2006 a las 21:04
Erasmo me intriga, qué tipo más peculiar. Se me ocurre que él y yo tenemos cosas en común…¿Que si tengo el corazón encriptado? No lo sé, pero esos nubarrones de los que hablas me resultan familiares, nubes de tormenta que me invaden a veces sin venir a cuento, que enturbian mi personalidad más sociable para esconderme en mi interior y taparme mi cara con los brazos para no ver, y al no ver, ¡cuántas Ellas debí haber perdido!
Un abrazo nostálgico!
16 Septiembre, 2006 a las 23:28
Ella querida, hay personajes que juegan ese tipo de roles en nuestra vida… Pobrecillo, no tuvo ni la menor idea y al final tu te lo ahorraste y él se lo perdió.
Besos!
17 Septiembre, 2006 a las 21:43
Creo que casi todos nos hemos encontrado con algún/a “Erasmo”… yo, sin ir mas lejos, en Rotterdam…
besos (¿me has perdonado?)
17 Septiembre, 2006 a las 23:41
Paseábamos por la avenida principal de la facultad….corazón encriptado (me decías tú a mí) pero cuando tus ojos se cruzaban con los mios tenía que bajar la mirada. Y ahí sentada por horas esperando que pases para ignorarte como merezco.
besos azules.
17 Septiembre, 2006 a las 23:56
Decenizas, ¿en Rotterdam?, qué poco original. Allí das una patada y salen Erasmos y Erasmas de debajo de las rocas. ¿Se puede saber qué paso con la tuya? (No tengo nada que perdonar. No sé de qué me estás hablando).
Hola, Pixie. Estará bien tener por aquí a una orgiasta que ignora en tecnicolor.
Cosquillas orgásmicas.
18 Septiembre, 2006 a las 0:15
No sé por qué me da que Erasmo al final se irá de Erasmus y Ella se convertirá en Laraña somo siga hilando tan fino :P
Besos y entendido, Ella.
18 Septiembre, 2006 a las 13:17
yo he estado en el limbo de tu amigo Erasmo…o en otro similar.
A veces vuelvo a él.
18 Septiembre, 2006 a las 13:28
O sea, Luces, que tú puedes llegar a comprenderlo. ¿Y a justificarlo/disculparlo?
Se están creando en este gemidero dos bandos bien diferenciados:
1) A la hoguera con él.
2) Pobre Erasmo (éste mucho más minoritario. Todo sea dicho).
Susurros procaces.
18 Septiembre, 2006 a las 17:07
¡¡¡A la hoguera con él!!!
Siempre que no vayas tú detrás…
18 Septiembre, 2006 a las 22:19
Leo sutilezas de sentimientos y me siento como un personajillo de metro diez mirando un escaparate, deseando lo que luce tras el cristal. Lástima que tenga el bolsillo de los sentimientos vacíos. Estremece porque sé que en algún lugar de mi vida ha ocurrido.
Y siento porque no siento pero vivo porque ya sé que vivo.
Besos…. preotoñales.
18 Septiembre, 2006 a las 23:43
Alobada, estoy segura que un día de éstos del otoño que se nos viene encima meterás las manos en los bolsillos del abrigo y te sorprenderás, y te mirarás en un escaparate y te verás crecer de golpe, como la pequeña Alicia. No lo dudes.
Besos cálidos.
19 Septiembre, 2006 a las 17:51
Y según te veas crecer, y comiences a atisbar la hoguera a la que te encaminas, reflejada en ese escaparate, recordarás otros reflejos y otras hogueras, y tendrás miedo de arder… pero es el destino de todas las polillas.
Aunque me han dicho que a veces, al atravesar la hoguera, en vez de un carboncillo de polilla… aparecen dos polillas sonriendo con cara de bobas…
19 Septiembre, 2006 a las 23:40
Ostentaría de pecar con una pizca de inmodestia e insolencia que alguna vez fui algun erasmo?
Me encantan tus historias siempre me dejas colgado de los placeres de tus letras, pero que puedo hacer me declaro un ardiente asiduo a esta orgia perpetua que me tiene encadenado.
Dejo un placer lujurioso en este escenario tan calido.
20 Septiembre, 2006 a las 0:09
Un ejercicio criptográfico puede ser tanto un grito de ayuda tanco como puro desdén. Para transformar un mensaje inteligible con otro que no lo es se precisa devolverlo a su forma original, sin que nadie que vea el mensaje cifrado sea capaz de entenderlo. Y así no hay manera.
Besos sin mas, así
20 Septiembre, 2006 a las 0:17
Pues mi vanidad, querido Andrés, me va a obligar a pensar que se trató de un grito de ayuda, porque como piense lo contrario… En fin, que bienvenido. Has tenido un estreno inmejorable como orgiasta en este gemidero.
Besos desencriptados.
20 Septiembre, 2006 a las 0:31
Me gusta, ahora mismo, una chica con el corazon encriptado. El problema es que me han gustado antes otras que cargaban con igual designio, y al encontrar la llave que resolvía tan impenetrable cerradura, me he encontrado varias veces sólo con ecos que retumban en el mayor de los vacíos.
Pero claro, ahora que lo pienso, ese no es el problema, quizás sólo sea el aliciente para encontrar la password. Te confieso eso sí, golosa impenitente, que espero no transformarme en un simple cerrajero devoto vitalicio, prefiero encontrar la clave con buenas artes, de modo tal de merecer, en una de esas, el premio encerrado bajo llave.
Besos totales, corazón de sandía.
20 Septiembre, 2006 a las 11:39
no sé cómo acaba la historia, aún no me he posicionado, pero los síntomas d etu amigo los he tenido.
Voy a leer cómo acaba y te lo escribo en el comentario de arriba.
Besitos.
22 Septiembre, 2006 a las 9:08
los mensajes cifrados estan hechos con la seguridad de que algún destinatario (conocido o por conocer) lo aprehenda. Su criptografía nunca es total en intención, a menos que se trate de una masturbación o de un sadomasoquista en plena faena soliptista.
23 Septiembre, 2006 a las 16:35
Para resolver el criptograma hace falta el código, la clave, un algoritmo, un crack, la primera letrita o algo. Insisto, así no hay manera. Me estoy proyectando, pido disculpas.
besos centrífugos