La bufanda
Mientras guardo cola en la caja de unos grandes almacenes para pagar un colorete y un corrector antiojeras, una señora a la que dejo paso en dirección a la salida, me pregunta:
–¿Dónde venden estas bufandas? –la mujer, de mediana edad, toca la prenda de lana gruesa color teja que me abraza el cuello.
–Me la he hecho yo –le contesto, algo perpleja.
–¡Ah!, entonces tengo complicado encontrar una –y, sin esperar respuesta, se marcha.
Ante la desilusión de la desconocida, me dan ganas de seguirla para decirle que no se preocupe, que si quiere le hago una. Sin embargo, permanezco clavada donde estoy, recordando las bufandas, los gorros, los jerséis y las rebecas que me hacía mi madre cuando era pequeña.
Hoy, al mirar fotos antiguas, me deleito contemplando las obras de arte maternas, pero por aquel entonces no me gustaban nada. Yo me quería poner jerséis como los del resto de los niños, con etiquetas de fábrica y elásticos de máquina en los puños. En mi colegio de monjas (un centro concertado de barrio obrero) te consideraban una pobretona si advertían que el chaleco azul marino del uniforme lo había tricotado mamá.
Ahora que mi progenitora ya no coge las agujas, de vez en cuando le pregunto por qué no me hace un rebecón o una chaquetita de verano, a lo que, invariablemente, me responde:
–No vale la pena, Ella Mari –sé que es escandaloso, pero mi familia siempre me ha llamado así–, si por lo que te cuestan los ovillos para uno vas y te compras dos.
No podría establecer la fecha exacta en que pedí a mi madre un par de agujas y el resto de cualquier madeja que no le sirviese. Sí me consta que era una cría agotadora, hambrienta de conocimiento. Primero aprendí a hacer punto del derecho, luego del revés, y más tarde desconozco el tipo de punto que aprendí, aunque lo cierto es que jamás llegué a elaborar preciosidades al estilo de las made in my mother.
Hace tiempo que no tricoto nada. Esa bufanda que le ha encantado a la señora de la cola de los grandes almacenes la hice años atrás, cuando disponía de tiempo y tenía la necesidad de invertir parte de mis jornadas en ir tejiendo la vida con lana de olvido y agujas de color, cuando era algo más joven y mucho más desdichada.
1 Febrero, 2007 a las 22:24
Si asociabas el tejer con la desdicha, bienvenido sea el abandono de esa labor. Yo dejé de tejer cuando los pies de mis hijitos se hicieron demasiado grandes. Les tejía medias (calcetines, los llaman ustedes) con cinco agujas y tres colores.
1 Febrero, 2007 a las 22:25
Y me olvidé de mandarte un beso y decirte que estoy muy contenta de que hayas vuelto.
1 Febrero, 2007 a las 22:30
Saldrá más caro pero llevar al cuello, o mejor en el cuello de otra persona algo tejido por tus manos debe ser una sensación única. Un besote.
1 Febrero, 2007 a las 23:57
Anita, a mí también me alegra mucho tenerte de nuevo por aquí.
Elbucaro, si quieres te hago la bufanda. Aunque te advierto que amenazo con querer vértela puesta.
Besos cálidos.
2 Febrero, 2007 a las 0:35
Me recuerdas el/los jerseys que llevaba Colin Firth (Mark Darcy) en “El Diario de Briget Jones”, por cierto deliciosa película…
En fin, si alguna vez te cansas de tu bufanda, desmadéjala y me mandas el ovillo… con su olor… algo se me ocurrirá.
Una cenefa de besos
2 Febrero, 2007 a las 1:02
¿Qué pasa, Javier? ¿Me vas a regalar una canción a cambio de mi aroma impregnado en un ovillo de lana?
He de reconocer que el tema promete.
Besos de punto lascivo.
2 Febrero, 2007 a las 1:10
¡Llegué a tener un bikini de ganchillo, blanco, que me hizo mi abuela, increíblemente bonito!… pero que cuando se mojaba se convertía en una plasta de acero insecable a la que se le pegaba todo tipo de algas, galipotes y colillas de la playa. Aquello lucía a primera hora obra artística y mutaba a contenedor con el primer capuzón. Yo también daría algo por tenerlo, pero me temo que acabó en la Tate haciendo de alforja al caballo putrefacto de la entrada. Es verdad, aquellas prendas con sabor a manos, qué punto tenían, nunca mejor dicho, Ella, lo que daría yo por esas calcetas de fakir clavadas dentro de los zapatos de charol, esas braguitas de cuello alto que dejaban el culo como un colador…qué recuerdos tan bonitos… Besos nostálgicos y supervivientes, Ella, eso sí que era vivir.
2 Febrero, 2007 a las 1:17
Jaja, qué bueno, Pistola. Yo tengo un bikini de ésos: rojo con ribetes blancos. Es una chulada, eso sí, cuando aún no te has mojado, porque luego, del peso que coge, ya puedes tener cuidado de no quedarte con la braga en los tobillos camino de la toalla.
Besos nostálgicos.
2 Febrero, 2007 a las 1:17
Desde luego, no será porque contigo no tenga ‘materia de inspiración’, aunque mi idea de tí es todavía algo ‘eterea’. Seguramente una canción ’sabinera’ con una letra larga… tan larga como tu bufanda… ¡¡lo pensaré!!.
Besos de lana ¿virgen?
2 Febrero, 2007 a las 1:20
Hombre, Javier, por supuesto. La lana siempre virgen. En estos tiempos que corren es de lo poco inmaculado que nos queda.
¿Te inspiro, incluso tan etérea? A mí no me digas esas cosas, que me pongo tontorrona.
Besos puros.
2 Febrero, 2007 a las 2:48
lo que sea, hacer algo una misma y llevarlo es como llevar una medalla, una condecoracion de vida, un decir “mira, puedo hacer esto”….y tejer, es muy relajante y requiere de paciencia, tal vez, entre gancho y gancho, uno puede pensar y dedicarse tiempo para si.
Lamentablemente nunca pude tejer ams que la puntada basica…y con eso hice una mini bufanda, que nose donde este. Las cosas que se hacer, son un poco ams invisibles, o solo tangibles uno a uno.
Me da gustoq ue hayas regresado, extrañaba leerte, te dejo un abrazo!!!
2 Febrero, 2007 a las 5:38
Nunca logré tejer una. Sí dos pulloveres a mi hijo cuando tenía 3 años (si esperaba más para aprender, iba a tener que tejer algo mucho mas grande) Con ello cumplí con esa parte de la vida. Por ahí Penélope también dibujaba, o escribía, o maltrataba una guitarra si estaba triste y esperaba. Pero qué cierto lo lindo de la ropa echa por una misma, o mas aun por manos que te aman, o que te amaron. Y sumar los dos aromas, el de esas manos y el de tu piel. Lavo con cuidado alguna prenda que mi madre tejió con sus manos deformadas por la artritis, las cuido como joyas que son. Y nada mejor que regalar una bufanda tejida, o sumar a su calor en nuestro cuello el calor de quien nos la tejió. No hay etiqueta de Lacoste que lo pueda reemplazar. Disfrutala. Y a ver si te animas a seguir tejiendo alguna de cuando en cuando, aunque no te sientas desdichada. Por ahí para recibir a alguien alguna noche vestida solo de bufanda y aromas. Y despues regalarsela…si es que vale la pena.
2 Febrero, 2007 a las 8:29
Lo que no teniendo es quién necesita un corrector antiojeras :-p
Entrañables reflexiones.
Y yo también me alegro de saber que la desdicha quedó atrás.
2 Febrero, 2007 a las 9:54
Ardi, Ardi, Ardi, va siendo hora de que lo sepas: todas las mujeres que te cruzas cada mañana camino del trabajo (menos alguna excepción seráfica que, por lo tanto, no será XX sino un ser asexuado), y luego en la oficina, llevan camuflados los desvelos de la vida y el maltrato del insomnio debajo de un buen corrector antiojeras. Y si me sigues apurando, te confesaré que la mitad estamos llenas de prótesis en el cuerpo y en el alma.
¿Y qué hago yo revelándote a estas horas secretos femeninos?
Besos dichosos.
2 Febrero, 2007 a las 9:56
Mis hermanos y yo (6), guardabamos turno para que nos hiciera uno cada temporada. Dentro de su jornada laboral (completa) dedicaba sus ratos de “descanso” a esta labor.
Pero efectivamente llegó un momento en que no era rentable y ya era por capricho nuestro el que los hiciera.
2 Febrero, 2007 a las 9:57
La verdad de las pequeñas cosas ¿verdad?
2 Febrero, 2007 a las 10:13
Quizá sea cuestión de abrazar la tricoterapia como modus vivendi, aunque más de uno terminaríamos arruinando al Corte Inglés y esquilmando las reservas australianas de ovillos merinos. Una vez conocí a un tipo que ahogaba las penas a golpe de tecla con microsoftofficeword2003 y escupiendo líneas hacia la blogosfera, intentando opositar a rookie literario del año. Por supuesto, no logró pasar de aficionado, pero sus penas son ahora un leve recuerdo que no le resta ni un minuto de sueño.
Terapias, en fin, hay tantas como males contra los que luchar. Lo bueno es hablar de ellas en pasado, y envolvérselas al cuello para ahogar al fantasma que las provocó.
Espero, deseo, que las tuyas no sean ya ni polvo residual.
Besos tricotados desde la blogosfera vecina
2 Febrero, 2007 a las 10:14
Estoy con Adulter, “los placeres diminutos”. En un mundo donde compramos todo hecho, le cambio una bufanda por un buen plato de sopa de verduras.
Besos tejidos
2 Febrero, 2007 a las 10:29
Baldan, de sobra sabe usted que eso está hecho. Tan sólo elija un color.
Besos bacanalescos.
2 Febrero, 2007 a las 13:42
¡Qué recuerdos! Mamá también tejía jerseys, gorros y bufandas a toda la prole, éramos (y somos) cinco y tan solo nos separaba la cuarentena entre uno y otro. Las dos chicas aprendimas a tejer, ya sabes… hece treinta años, mujeres…
Uno de los jerseys que todavía guardo, después de muchos años, es uno en blanco y negro, de cenefas, con el que tenía que ir contando los puntos cada vuelta. Me costó una eternidad terninarlo, pero valió la pena. Cuando cambio la ropa de invierno a verano y viceversa, lo veo, pero nunca va a Cáritas, siempre se queda en el baúl de la ropa de otra temporada.
Yo también hubiese dado lo que fuese por llevar entonces prendas de compra. En casa tricotaba mamá y la modista nos hacía los vestidos, blusas, etc…
Mis primeros pantalones de compra fueron unos Wrangler, de color verde, de pana… MARAVILLOSOS… ¡casi me muero de emoción cuando mamá, después de tantas y tantas súplicas, me los compró.
Besitos cálidos como la lana
2 Febrero, 2007 a las 14:13
Menos mal que la nostalgia clavó tus pies al piso, impidiendo que salieras tras esa señora… no es cuestión de andar despertando lenitivos porque sí nomás; lo mejor es dejarlos reposar tranquilos, quitándolos del suave letargo sólo cuando su destino sea el de hacernos companía… no para usarlos como simples objetos
Por cierto, tu familia te dice “Ella Mari”?… “Ella” es tu nombre?
Besos de krystal
2 Febrero, 2007 a las 14:28
En efecto, Tenshi. Lo del Mari mejor lo dejamos estar porque es un trauma de la infancia que ya está superado. A este lado del charco, las niñas de mi época no se libraban del dichoso María antes o después del nombre principal, en algunos casos porque si no el cura no te bautizaba, y en otros porque, simplemente, los padres no sabían quitarse de encima el peso de la tradición.
Besos rojos.
2 Febrero, 2007 a las 14:42
Me has recordado tricotadas pasadas de mi madre y aunque no me pasa lo de la asociación con la desdicha, lo cuentas también que es como si me pasara.
Enhorabuena por hablar de infelicidades en pasado.
Besos de ganchillo
2 Febrero, 2007 a las 16:17
Tu entrada de hoy me ha recordado a los patucos que me hacía mi abuela. Magníficos patucos que cubrían mis pies durante las noches de esos inviernos fríos que ya no se ven por estos lares. Creo que he tenido patucos hasta casi cuando falleció mi abuela, ahora hace 4 años. Ni que decir tiene que la lana que utilizaba le costaba una pasta, no por la calidad, sino por la cantidad, ya que es difícil hacer unos patucos del 46. Ojalá estuviera mi abuela y me pudiera hacer unos patucos… hoy me sacaste una lágrima, pero eso no es malo, pues el recuerdo es bonito
Besos nostálgicos
2 Febrero, 2007 a las 16:31
tejiendo el olvido con lana de colores…sí…No sé por qué no lo he utilizado para tejer precisamente eso, el olvido. Ahora ya no tengo que olvidar. Y hubiera sido una buena manera, yo también aprendí con avidez el punto del derecho, el del revés, los ochos, la sisa, incluso calcetines de gimnasia que me enseñó la abuela Rafaela…
Me ha gustado mucho cómo lo has contado
Bs
2 Febrero, 2007 a las 18:47
Bonito nombre, Libertad, uno de los valores que presiden esta orgía. Así que espero que no te marches ahora que has decidido saltar al gemidero.
Besos libres.
2 Febrero, 2007 a las 19:08
mi mamá no tejió nunca, sí lo hacía mi tía más querida que me llenaba de bufandas, medias, pulloveres y carteritas de macramé. hoy la tía ya no está así que ni bien comienza el frío desenfundo las agujas y me pongo a fabricar algo. lo que me pasa es que si empiezo a tejer algo en un mal momento no logro terminarlo, como si no quisiera abrigarme con tristezas.
besos.
2 Febrero, 2007 a las 20:46
Y sigue siendo joven y alegra saber que no tan desdichada.
Quizás cambió las agujas por las teclas y tejiendo sigue, usted lo sabrá.
Yo sigo echando de menos los jerseys, bufandas, calcetines que mi abuela tricotaba, alguno queda, pero tan desgastado que sólo está para recordarme épocas pasadas, quizás debería haber aprendido yo también para que no se perdieran ciertas cosas.
Me alegra tu vuelta Ella, se te echaba de menos, un abrazo gigante. Sí, ya sé que fue solo hace una semana, pero se te echaba de menos.
2 Febrero, 2007 a las 21:19
Las madres siempre van tejiendo un corazón, con hilos de cariño, por lo que la prenda siempre cobija como un abrazo de ella, la que nos procura.
Interesante el relato, pero no entiendo que te detuvo a darle la bufanda a la señora o a decirle que le hacías una ¿por qué te detuviste, por qué?
Besos!!!
2 Febrero, 2007 a las 21:43
Últimamente me ando tejiendo una bufanda de optimismo, de sonrisas sin fecha de caducidad… a ver qué me preparo para el verano… Besos “no desolados”
2 Febrero, 2007 a las 22:45
Ella Mari …:) …me ha emocionado escucharte así … yo tambien hice mi intentona con las agujas …de hecho siguen guardadas por ahí , pero nunca terminé ninguna obra … no gané esta partida
un beso
2 Febrero, 2007 a las 22:51
… ¡Y los guantes de lana que me hacía con distintos colores para todos y cada uno de mis dedos! ¡y la pastita que me saqué vendiéndoselos a mis compañeras de instituto! ¡y el muñequito de lana que me regaló mi amiguísima!…., con sus ojitos…, las manitas en el bolsillo, aún lo conservo. ¡y mi precioso jersey malva maxi-largo cuello- envolvente que tejí mientras mi padre estaba en el hospital!.. ¡y lo bien que me lo pasé explicando el jeroglífico del punto en cuestión a toda la plantilla de enfermeria del idem!, ja, ja, ja…
Cada prenda tejida es una historia…, enredadas en esos hilos, como palabras que nos explican, están escóndidas esas desdichas de las que hablas Ella.., pero también ilusiones, sueños, deseos…… ¿dejo el Pilates y vuelvo a tejer? . Y en caso de que vuelva a tejer….¿que te pides?.
Me despertaste un lindo recuerdo y una “mardita duda” ..
Besos de Mohair…..
3 Febrero, 2007 a las 0:27
Hasta a mí me dio por hacer punto en tiempos! Y también era más joven y más desdichado… bueno, lo de joven seguro. Las desdichas se desdibujan con la edad. Como las bufandas?
No te corrijas nada, ni las ojeras, que seguro que hasta te sientan bien :)
Besos de los gordos.
3 Febrero, 2007 a las 1:10
En casa no lo llamabamos tricotar, era hacer punto. Y la encargada del asunto era mi tía. Aunque no eran mis prendas favoritas, sí tengo aún dos jerseys que todavía me suelo poner. Y es que estas prendas nunca “degeneran” gracias a la virginidad lanera una, y algodonera, otra.
La casualidad ha hecho que esas dos prendas tengan colorines arcoiris, quizás por eso aún perviven en el armario y fuera de él.
Fuí “víctima” de una preciosa rebeca, color rosa, no precisamente mi preferido, que se cerraba con dos bolas de esas chulas y que me incordiaban constantemente, fuera donde la llevara. Al parecer era un entretejido muy laborioso porque las “maris” siempre exclamaban que bonita y, de camino me convertía en el punto de vista de la gente…. cosa que odiaba… quería ser transparente. Dejé de ponermela por eso.
Luego tocó el bikini de crochet, a rayas blancas y azules, sujeto a la cintura por unas cadenetas de hilo que dejaban marcada mi estrecha cintura y que al contacto con el agua, jamás se secaban por mucho sol que brillara (ay! el sol, con el frío que hace ahora).
No llegué a soltarme en ese asunto de hacer punto, según mi tía porque soy zurda. Aún no entiendo que tendrá que ver eso, pero parece ser que el problema era cómo insertaba la aguja al hilar.
El derecho y el revés, como la vida misma. No daba puntada bien;
Hoy, a estas alturas, tampoco las sé dar con la vida.
Una pu-n-tada.
3 Febrero, 2007 a las 2:45
Ellita¡¡¡
Le has pegado “un meneo” a mi memoria. Desde los pasamontañas que me tejía “mi santa madre”, y que yo odiaba (y sigo odiando cuando los veo en TV escondiendo el rostro de los asesinos) hasta mis largas horas tejiendo(con los dedos) los tapices en los que mezclé hilos, lanas, plásticos, papel y horas de meditación.
Lo del bikini a rayas blancas y azules…ya… Uno como ese tejió mi hermana mayor.Lo tenía colgado detras de la puerta del cuarto de baño junto a la terraza donde solía tomar el sol. Murió joven y de forma fulminante hace ya diez años…. el bikini sigue colgado detras de la puerta…mi cuñado no permite que nadie lo toque.
Perdona…me he puesto sentimental…son tantos recuerdos los que hoy me has despertado…
besos.
3 Febrero, 2007 a las 3:10
Vaya, Decenizas. Llego de la calle tan contenta, enciendo el ordenador para mirar el correo, entro de puntillas en la bacanal, a ver quién anda por aquí, y escucho tu gemido, tan triste que ha logrado apagar en mis oídos las voces del resto de orgiastas.
¿Qué puedo decirte? Imagino que nada que te alivie, tan sólo que tu cuñado debe de ser un buen hombre. Sólo los buenos hombres son capaces de tener esa clase de gestos.
El más fuerte de los abrazos.
3 Febrero, 2007 a las 4:29
Hola… gracias por la visita y por las felicitaciones… ojalá alguna vez tengas un tiempito pa leer algo de los libros… obviamente son grátis online…
Y sí… la verdad es que el sistema parece demasiado justo para ser verdad… pero en fin… ya compré mis libros, veremos que tal se ven…. cuando lleguen…
Un beso muy grande
3 Febrero, 2007 a las 13:26
A mí me parece muy bonito llevar puesto algo que hayas hecho tú misma…
¿Quién puede decir lo mismo hoy en día?
Cuando en la moda se busca cada vez más el individualismo, no estaría mal que todos pudiéramos hacer esas cosas…
Daría lo que fuera por hacerte un retrato fotográfico tricotando. Seguro que sería una foto preciosa :-)
Besos lanudos, Ella Mari ;-)
3 Febrero, 2007 a las 15:36
Dos temas que verdaderamente me llegan a causar cierta nostalgia conmovedora, madre y recuerdos.
Recuerdo ese trajecito cafe estilo vaquerito, que a mis escasos 4 años causaba una vibrante conmocion en las personas, pero que solo a mi me daba una terrible pena.
Saludos y besos.
3 Febrero, 2007 a las 16:03
Qué tierno relato. Fíjate, de pequeña nunca tuve nada de lana hecho a mano porque no tenía quien me lo hiciera. En plena adolescencia … aprendí a hacer punto y me encantaba llevar mis propios jeresys y bufandas. Todo del mismo modelo (punto bobo). De vez en cuando me sigo haciendo bufandas, algunas las regalo. Mi próximo empeño (la verdad es que llevo años en ello…) es hacerme un chaleco. Tengo que aprender a rematar y hacerle la forma.
3 Febrero, 2007 a las 16:11
Angelusa, bienvenida. Ése es uno de los grandes placeres de hacer punto: poder regalar cositas a los amigos. Por la misma época que me hice la bufanda del relato, tricotaba bolsos para ellas y bufandas para ellos. Sólo por verles la cara cuando se los daba valía la pena la labor.
Besos, más y más.
4 Febrero, 2007 a las 4:49
Me gusta cómo trenzas las palabras. Lana, olvido, agujas. Alfilerazos mimosos, voltereta con culetazo y llantina, dulce mohín posterior, la risa, incitante, la fosa escurridiza de soslayo. También por hastío la gente decide desprenderse del deseo y entregarse a la máquina, la incubadora, comprando caros clavos para enredar el pelo, prendedores, puñales aguzados -y se estallan las pompas oculares, sonriendo. Hay que echarles sal, para que vuelvan y dejen de gritar.
4 Febrero, 2007 a las 6:00
nadie vive si no ha fabricado sus propios vestidos
4 Febrero, 2007 a las 15:20
ay por fin
perdí mi contraseña
uffff
besos penélope
4 Febrero, 2007 a las 17:53
me ha encantado ese final, Ella.
Jejeje, con lo que adoro las bufandas… avísame cuando empieces otra vez a tejer… :)
Un abrazo, preciosa
4 Febrero, 2007 a las 18:11
Me harías una bufanda?
Recuerda que el tiempo te come…
Tengo agujas de sobra y algo de paciencia.
Ya me contarás, jajaja!
Besos, Ella.
!D
4 Febrero, 2007 a las 18:28
¿Me llamas vieja u ocupadísima, Dan? Mira que sabes que si me buscas me encuentras.
(Hola Cucharadesal.)
Besos salados para todos.
4 Febrero, 2007 a las 20:18
si es que se ha perdido el gusto por los trabajos manuales y con mucho cariño…ahora todo es rapidez y trabajo en serie…y en la confección también. :-)
un placer.
4 Febrero, 2007 a las 21:35
Me ha encantado, ella orgiasta, saber que llevas prótesis varias.
Siempre sospeché que esas dos rodillas desnudas eran postizas.
De marfil, seguramente. :-p
Yo necesitaría también corrección de ojeras.
Pero ni con maquillaje. Son ojeras eternas.
Besos pringosos (es que después de besar ojos maquillados es lo que hay)
4 Febrero, 2007 a las 22:46
Como de costumbre, Ardi, querido, tus sospechas no podían por menos que ser fundadísimas. Me están dando unas ganas tremendas de enviarte, por entregas, trocitos digitales de mi anatomía postiza para que realices un collage con ellos y me conviertas en tu particular monstruita recompuesta.
Besos sedosos (el buen maquillaje nunca deja pringue).
5 Febrero, 2007 a las 5:16
Yo siempre he envidiado el talento de mamá para tejer… para tejer, concinar, planchar camisas, bordar tapetes y sacar prendas completas de hilo y croché. La verdad, de peque me gustaba sentarme a aletear intentando hacer coincidir “los agujones”, como los llama mamá, en los aritos de lana que tras largos intentos había conseguido formar con mis dedos y uno de los palillos de tejer. Con el tiempo, apredí que era mejor esperar a que mamá se diera tiempo y me tejiera la ropa de las muñecas cuando tuviera ánimo. Si no, mis pobres muñecas acabarían embutidas en restos de nudos y descalabros de labor.
Cuando volví a tomar la lana y los agujones y me senté a tejer logré terminar un par de zapatitos de bebé en color amarillo patito, solo derechos, un poco maltrechos, y un chulla habano con amarillo intenso: iba a ser una botita de abrigo… Luego preferí dejar de lados la lana y dedicarme al papel, a leer y tachonear, a corregir al resto en el afán de ganarme algo de dinero y poder comprar las chambritas que se exhibían en las vitrinas de los bazares en lugar de destruir los restos de mi dignidad de madre embarazada en el intento inútil de que mi hija se vistiera con algo tejido por la mamá.
Entocnes, la abuela aún podá tomar las agujas y tejer primorosidades en delicadas puntadas y con bordados sin revés. Mi hija se visitió con pijamas de punto y saquitos de lana… y unos zapatos tejidos de bastante mal modo en color amarillo patito.
Phos.
5 Febrero, 2007 a las 7:46
Jajajajaja…. no caerá esa breba (¿o es breva?)
No te atreverás ;-)
;-)
Se te quiere, con remiendos o sin ellos, mujer de seda.
5 Febrero, 2007 a las 18:33
El tejer tiene mucha más ciencia de lo que cree el común de los mortales, y también - con otras variedades - ha tenido su lugar en la historia. Es hermoso y gratificante hacer algo con las propias manos. Temo que se esté olvidando…
¿Te animarías a ser algún personaje en la historia de la reina Dido? Piénsalo, puede resultar interesante. Besos.
5 Febrero, 2007 a las 18:51
Pero, ¿cómo me preguntas eso, Isabel? Sería todo un honor (aunque da un poco de miedo, ¿no?).
Besos romanos.
5 Febrero, 2007 a las 21:47
Me a traído un amigo a tu orgía.
Gracias por tu bufanda, Ella. Este invierno necesitaba algo así.
Besos primeros (casi siempre los mejores).
5 Febrero, 2007 a las 21:50
Perdón por la “a”. Mi primera orgía y se me ve un agujero en el calcetín…
6 Febrero, 2007 a las 9:30
Mi madre no aprendio nunca ha hacer punto, pero con una pastilla de jabon,unos cuantos alfileres y lazos de colorines, te hacia unos preciosos adornos,aun los guardo entre las toallas….
6 Febrero, 2007 a las 10:50
Nuestras madres también nos hacian jerseis de punto. Y es curioso leer tu post porque hace poco, viendo unas fotos antiguas. Luego, la conversación termino en preguntarnos que es lo que para nuestros hijos tendrá ese valor sentimental dentro de unos años. Que es lo que ellos recordaran con un cariño especial cuando vean lo que por entonces serán unas viejas fotos, quizás digitalizadas.
Un saludo desde el agua.
6 Febrero, 2007 a las 10:57
Ella, si te sobra lana naranja, tiempo libre y fantasma al que ahogar, apúntame por favor en la lista de los queremosunabufandatuya. El invierno es largo y sabré esperar, te lo aseguro.
Besos epistolares desde un cuello congelado.
6 Febrero, 2007 a las 13:07
Vale, Yisus, cuenta con ella, pero no es naranja, es color teja, mucho más bonito, un tono más matizado.
Besos rojos.
6 Febrero, 2007 a las 13:38
Eso es echarse la desdicha por montera. Mucho cuidaíto, Ella Mari, llévala siempre holgada.
Besos
6 Febrero, 2007 a las 13:39
Me ha hecho una ilusión leerte que ni te imaginas … también aprendí a tejer de cría viendo a mi abuela, con seis añitos le hice un “jersey” por llamar a aquello de algún modo a una primita que nacía … y me he hecho jerseys y bufandas y todas esas cosas hasta que, entre la falta de tiempo y el argumento de tu señora madre, abandoné las agujas.
Pero he aquí que en noviembre 2004 las retomé con furia salvaje (depresión) y no veas el vestidor que les hice a 4 críaturitas que tuvieron a bien nacer en los siguientes seis meses de los vientres de mis amigas … cosa curiosa, no me apetecía nada para mí, sélo para críos … manías de entonces … las he guardado en mi amrario, y viajan conmigo de casa en casa si es menester … nunca se sabe cuando volverán a salvarme la vida evitando caídas al vacío gracias a la tela que sus hilos tejan bajo mis pies.
Besos de vuelta!
6 Febrero, 2007 a las 17:27
Mi abuelo es escultor. Y para mantener la destreza en las manos, aprendió a tejer. Pero como es un señor de otro tiempo, no quería tener chalones ni medias ni bufandas, por lo que teje sin ningún sentido, especies de faldas. Pedazos inmensos de cualquier cosa. Yo he querido pedirle algunos para hacerme una colcha de cama, pero se niega. Los guarda en un baul cerrado. Tal vez, cuando se muera, sus tejidos valgan más que sus escultura.
Te dejo un beso, penélope … y recuerda que los tejidos hay que deshacerlos de noche… no sea que de pronto te sorprenda Ulises…
Julián Sorel
6 Febrero, 2007 a las 18:39
Lo intento de nuevo, Ella.
Me gustan tus orgías con bufanda.
Espero estar invitado a ésta y a las siguientes.
Besos segundos.
6 Febrero, 2007 a las 21:09
Invitado quedas, Pablos.
Besos abrigadores.
6 Febrero, 2007 a las 21:30
Hola preciosa!!
Me encanto…yo sigo siendo una antigua en muchas cosas, adoro mis bufandas…aunque en los últimos tiempos han sido un presagio extraño, pero las adoro, adoro tejerlas, usarlas, enredarlas en mi cuello y anudar brazos tibios entre mi cuerpo con ellas….
Un abrazo fuerte y buen inicio de semana :D
6 Febrero, 2007 a las 23:06
cada noche, cuando Penelope terminaba de deshacer todo lo que había tejido, derramaba una tierna lágrima, no por el golfo de Odiseo -ojala esté ya muerto y enterrado- sino por que la calidad del hilo se iba degradando y la textura de la pieza no era digna de una reina.
6 Febrero, 2007 a las 23:47
En efecto, Luchino, había que ser muy, pero que muy desgraciado, para dejar a Penélope tejiendo, destejiendo y derramando lágrimas. Por eso Odiseo regresó, claro. Sólo habría faltado que no hubiera sabido apreciar lo que tenía en Ítaca el muy zote.
Hace siglos que me leí La Odisea, así que se me han olvidado muchísimos detalles. Por eso te agradezco que me hayas hablado de un modo tan hermoso del espíritu perfeccionista de Penélope. Eso dice mucho de ella.
Besos infinitos.
7 Febrero, 2007 a las 0:01
Que gusta da recordar esas cosas que nos unen a los momentos de la infancia, y que saborcillo agridulce dejan.
Un besazo.
7 Febrero, 2007 a las 4:52
Hola Ella, cuánto tiempo sin leernos! Siempre es un gusto encontrar tus letras, y tus historias. Me encantan.
Me hiciste recordad un tiempo en que yo también tejía bufandas, o suéteres para mi pareja, siempre quedaban en chalecos, porque me daba pereza tejer las mangas… Mis madre, y mis abuelas también tejían cosas divinas, mi tatarabuela andaluza tejía colchas a crochet… qué recuerdos!
un beso grande, y hasta prontito.
7 Febrero, 2007 a las 7:16
Hace mucho no pasaba por aquí…y que mal hice en dejar de venir. Prometo nunquísima mas ausentarme porque leerte siempre me hace bien.
Me hiciste recordar a mi abuela con la palabra “colorete”. Gracias.
Muchos besos, muchos
7 Febrero, 2007 a las 14:14
me trajiste a la memoria los tejidos de mi madre, yo sí que era feliz cuando cada invierno estrenaba algo salido de sus manos…
besos
7 Febrero, 2007 a las 18:54
Pues a mí me parece baratísimo. ¿Cuánto cuesta un diseño exclusivo? :)
7 Febrero, 2007 a las 20:03
Por lo general no cobro mis diseños, Misósofos, aunque se admiten donaciones de besos y abrazos, que están libres de impuestos.
Besos carísimos.
7 Febrero, 2007 a las 20:11
No hay nada que abrigue tanto como un par de piernas de bufanda (rodillas en el caso de este blog). A los XY recomiendo imaginar las azules de la chica que aparece en la bazofia XMEN.
8 Febrero, 2007 a las 5:14
sí, me gusta la gente que crea sus propias ropas. Bah, en general me gusta la gente creativa.
Acá en Chile pasa lo mismo: si usas ropa tejida por tu vieja, sobre todo si es cuando niño, te ven como “pobre muchacho”
No saben lo que se pierden.
Qué lindo tu texto
:D
11 Febrero, 2007 a las 15:24
Yo he recuperado el placer de ir viviendo la vida al tiempo que tejo las lanas y encadenándolas a mis letras.
Me gustó encontrar tu blog.
13 Febrero, 2007 a las 20:38
Hola Ella!!! Que bueno leerte de nuevo. Que fuerte lo de hoy!! A mi me pasaba exactamente lo mismo!!!!! Mi madre me hacía unos jerseys preciosos, verdaderas obras de arte y todo Vigo hablaba de ellos, yo los odiaba!! Caramba, pequeñas coincidencias.
Que recuerdos me acabas de traer a la cabeza!! A mí tampoco me los hacen ya.
Un beso muy grande
22 Febrero, 2007 a las 20:16
vaya que me han dado ganas de usar uno de esos sweters que tejía mi madre cuando era niño….así viva en el Caribe Colombiano…lo usaria.
22 Febrero, 2007 a las 23:19
Nadie como tú para describir las historias que giran en torno a algo tan simple como una bufanda y meternos en la piel (pero sobretodo en el alma) la nostalgia que provocan los recuerdos de la infancia.
¡Eres grandiosa, Ella querida! He llegado a la conclusión (y no es excusa barata) de que esta orgía me provoca una adicción tremenda y, casi siempre, por cobardía o qué sé yo, me alejo de ellas (las adicciones) para evitar el enajenamiento absoluto.
No sé por qué pero cualquier recuerdo de mi infancia, ya sean fotos, juguetes, ropita, lo que sea, me transmite una profunda nostalgia. Quizá se deba a que fui muy feliz (y lo sigo siendo pero cuando la conciencia crece, aumentan también los miedos) o tal vez a que sé que mientras pasa el tiempo las cosas que amo se irán acabando…
Besos melancólicos.
9 Marzo, 2007 a las 14:55
Ella Mari
Me has hecho pensar en múltiples combinaciones de nombres, que no de las otras, que terminen con ese Mari tan de Mari :D
Seguro que es precioso.