La camiseta negra

Con toda la diplomacia que alcanzo a reunir en situaciones que rozan lo paranormal, le pregunto si en un ataque fetichista metió mi sujetador púrpura en su maleta.

    -Acababa de estrenarlo. Era un regalo. He puesto la casa patas arriba, y no lo encuentro.
    -Cielo, yo soy fetichista de tus prendas si tú estás en ellas. Busca bien, a ver si se te ha caído del tendedero.

Qué tendedero ni qué leches. A ese sujetador no le ha dado tiempo a visitar la lavadora. Joder, a lo mejor tenía patas, no le ha gustado el panorama y, el muy ingrato, a las primeras de cambio, ha salido pitando.

Como en mi experiencia de desastre existencial es cierto que en alguna ocasión he dado algo por perdido y, al cabo de los meses, lo he encontrado en los rincones más inverosímiles, no insisto.

    -No es tan disparatado que haya pensado eso. Tú me dejaste aquí tu camiseta negra. Podías haber hecho un trueque sin consultármelo.

Antes de marcharse aquel domingo, me preguntó si me quería quedar su vieja camiseta negra, la misma de esa foto en la que salía tan guapo. “Si quieres te la mando por correo para que la uses como camisón”, llegó a decirme en su momento.
Por supuesto, acepté tan peculiar regalo. Me pareció un detalle bonito e infantil de aquel hombre que, a pesar de ser bastante mayor que yo, a veces se me antojaba un niño muy pequeño que necesitaba dormir siesta, se mareaba en el asiento trasero del coche y aseguraba quererme hasta el último planeta.

    -No me gustan las despedidas. Yo ahora te diré adiós como si bajara a comprar el pan.

Así trató de combatir mi inminente tristeza ante su partida, pero a mi ánimo le importó muy poco su reticencia a pronunciar un adiós.
Ese domingo lloré mucho, muchísimo, desconsoladamente, como no lo había hecho en siglos, lo mismo que si unos matones de patio de colegio hubieran asesinado al hijo que no tenía.
Cuando pasaron las horas y me tranquilicé un poco, fui a la mesilla de noche en busca de su libro con intención de releer la dedicatoria: “Para Ella, con todo mi amor, desde el centro de un sueño que se realiza”.
Yo sabía que aquello no era un sueño, sino una alucinación, el deseo de un par de inconscientes de modelar la realidad a imagen y semejanza de una demencia compartida.
Esa noche, después de que la voz de un extraño me contase que mi amor había llegado a su destino en perfectas condiciones, cogí la camiseta que había a los pies de la cama, la acaricié y volví a dejarla donde estaba.
Como no podía ser de otra forma, el sujetador ha aparecido cuando ha tenido a bien, enroscado en los barrotes de una silla que aquel fin de semana hicimos inmoral.

33 gemidos para “La camiseta negra”

  1. Azul gimió:

    A mi me encantan los fetiches y tenerlos me hace una delicia según que momentos. Lo de perder y encontrar luego me sucede a menudo, y siempre termino con una sonrisa en los labios como quien ha hecho una travesura.

    Mil bikiños…y buena semana°!

  2. de barro y luz gimió:

    En justicia debes dejar unos días, en un rinconcito oscuro del armario, el sujetador y la camiseta negra… que hagan inmoral el armario.
    Púrpura y negro….precioso.

    Yo no soy fetichista, creo…
    pero, por eso del recuerdo
    te robaría….. un liguero.

    un beso.

  3. Ella y su orgía gimió:

    Azul, consuela saber que no soy la única que pierde y encuentra a destiempo.
    De barro y luz, venga, róbame, me haré la distraida.

    Besos salvajes.

  4. coco gimió:

    Vaya, quien fuera silla.

  5. Dunlendino gimió:

    *suspiro*… coco, silla no. Mejor hombre mayor con retazos de niño pequeño y alma de astronauta… aunque por ello acabe convirtiéndome en parte del pasado, y me quede con una camiseta menos… la única que no tenia un agujero aun a la altura del pecho.

  6. Ana Mayagoitia gimió:

    ¡Ellita! Ese tipo de fetichismo me encanta: tener una prenda de la persona amada -en ese momento-. Yo solía compartir dicho fetiche con un novio pasado; hicimos intercambio de jerseys y un día me mando un correo que decía: “hoy olí tu jersey y huele a ti”…bueeeeno, lo que pasó después es historia, gran historia.

    Un gran beso, guapa.

  7. Ella y su orgía gimió:

    Coco, no me digas que te gustaría formar parte de mi mobiliario.
    Dunlen, me ha encantado ese suspiro. Te robo una camiseta.
    Anita, si es que, en el fondo, nosotras también somos como niñas.

    Abrazo sin sujetador.

  8. humbert gimió:

    me gusta que las mujeres se pongan prendas mías. a mí en cambio seguro que tu sujetador púrpura me sienta fatal. aunque si me lo regalases, seguro que le busco un hueco en mi armario. y estoy con el novio de ana: lo más importante es que esa prenda tiene el olor de la persona.

    un placer

  9. Exagerada gimió:

    Prendas que se llevan, prendas que se quedan, prendas que aparecen así, a lo tonto, cuando ya creías que estabas pensando en otra cosa…

  10. Ella y su orgía gimió:

    Humbert, jaja, os estáis pasando de pidones. Pero, bueno, seguro que algo podrá hacerse al respecto.
    Exagerada, prendas cargadas de recuerdos, prendas que se convierten en un trozo de tu vida, una hoja de tu bitácora existencial.

    Besos fetichistas.

  11. Angelgris gimió:

    Uhmm… eso me ha hecho recordar que en cierta ocasión intercambié una camiseta y una sudadera, con una bruja muy especial, y trás la dolorosa -siempre es dolorosa- separación, lloré como un niño toda una tarde (y tres noches) con aquella prenda que aún conservaba aquella mezcla de olor a sudor, shake y perfume. Conservar esas cosas es como conservar un baul enorme lleno de recuerdos vívidos.

    Un beso brujita linda.

  12. susej gimió:

    Curioso descuido, curiosas palabras, curiosa despedida.
    En fin, recuerdos y cómo se enlazan, es curioso, mucho.

  13. sabelilla gimió:

    Bonita historia tu alucinación transitoria, compartida además, eso es más grave. Hay resquicios por todas partes y en distintos formatos: camisetas negras que siempre huelen bien, libros con dedicatorias que siempre emocionan, sujetadores púrpura enredados en los barrotes de una silla… espera, ¿sujetadores púrpura enredados en los barrotes de una silla? jaja! pero aquí la fetichista es la silla!!!

    Ella, me desabrocho unos besos y te los envío uno detrás de otro.

  14. Ella y su orgía gimió:

    Angelgris, no puedes imaginarte hasta qué punto me conmueve la imagen del niño de papel llorando con la prenda de una bruja cuajada de rastros.
    Susej, pues sí, todo es bastante curioso. O no.
    Sabelilla, supongo que lo grave no es tener una alucinación sino compartirla.

    Besos desatados.

  15. óscar gimió:

    Qué más fetichismo que tener no la camiseta sino el sostén pero con la dueña modelando ¿no ? y las bragas y las piernas a horcajadas sobre uno.

    ¿Esa no es la portada de uno de los libros de Javier Marías?

  16. Ella y su orgía gimió:

    Óscar, sí, la imagen de este post fue la portada del libro de relatos de Javier Marías titulado Cuando fui mortal (muy recomendable, por cierto. Yo destacaría el relato del mismo nombre), y es obra del fotógrafo alemán Horst P. Horst.

    Abrazo desnudo.

  17. Phosphorus gimió:

    fetichismo, fetiches, fetichismo, fetiches… sangro

  18. lapradera gimió:

    ostras que me concentro en el trabajo y cuando vuelvo aquí hago el número veintipico…

    me ha gustado mucho tu historia … me traé buenos recuerdos… todavía guardo un calzoncillo con hipopotamos rojos de un algodón muy suavito que es tocarlo y me transporta …

    con respecto a lo de las cosas que se hacen invisibles por un tiempo a mi me mata … eso de buscar por todos los lados y nada y de repente se asoma por cualquier esquina como riendose de mi… me supera de verdad…( veo que no es solo en mi casa)…

    hoy no te dejo besos te dejo un culotte de batista de algodón blanco que me compré hace años en el pais vecino …

  19. reymuerto gimió:

    me gustan las voces de extraños que me dicen que mis amores llegan a los destinos en buenas condiciones…

    En cuanto conozco a algún tipo con una voz que me gusta, le pido que me grabe un mensaje en una grabadora que llevo en el bolso, un mensaje que me diga eso, que mi amor llegó bien. Sonríen y acceden. Y gratis.

    Tengo unas cuantas grabadas y las escucho cuando me siento sola. Después me pongo en marcha con alegría renovada porque otro imbécil no supo apreciarme y me deja con la oportunidad de hacer algo realmente interesante ese día.

    Un beso loco, Ella

  20. el_fervor gimió:

    o sea, que al final la camiseta y el sujetador tenian su propia historia??
    achuchones certeros y unas palabras de alvaro

    666gggggggggggggggggggggggggggggggbssgggggggggggggggggg88888888888888

    pues eso

  21. epoptek gimió:

    yo me encapriché de un sujetador negro
    pero al final era muy caro
    así que cogí uno más normalito, crudo…
    pero qué bien me quedaba ese negro!!
    (de fetichismos y otras historias, esta vez más en otras historias)

  22. sonela gimió:

    Me da que ese sujetador púrpura tendrá más historias que sufrir, pasar y gozar, haciéndo inmorales múltiples secuencias de tu vida.
    ¡Y que así sea, ea!
    Besazos incombustibles :)

  23. Ella y su orgía gimió:

    Phosphorus, ¿fetichismo sangrante? Madre mía.
    Lapradera, ¡ay!, si es que hay que estar a lo que hay que estar. Oye, preciosa, gracias por el regalo. Lo acepto gustosísima.
    Reymuerto, eso de las voces grabadas es lo más, pero, canalla, ¿en realidad son tan inocentes las circunstancias en que los grabas?
    Elfervor, uno de los mayores honores que podías hacerme es traer hasta esta orgía las inocentes palabras de Álvaro. Gracias.
    Epoptek, tenías que haberte quedado con el negro, hombre, es mucho más morboso que el crudo. Seguro que a su dueña no le habría importado lo del precio.
    Sonela, ¿tú crees? ¿cuál consideras tú que es la vida media de un sujetador?

    Besos inmorales.

  24. elfer gimió:

    Quizá con la prenda hayas encontrado todo lo que perdiste con su marcha. Ahora cúbrete y sujeta tu persona, esa que nunca se irá.
    Besos hambrientos.

  25. epoptek gimió:

    ellita, era para mí, preciosa, bueno, para mí cuando fui inés!!
    ;o))

  26. ginger ale gimió:

    Mi último y aún recordado y enclavado amor, acostumbraba a usar unos pants mios cada vez que se quedaba a dormir conmigo. También le encantaba dejar la ropa regada por el cuarto, mientras me desvestía yo iba levantándola y él me pedía que la dejara como estaba… Ya no sigo, por que no puedo contener las lágrimas.

    Beso melancólico.

  27. Ella y su orgía gimió:

    Elfer, pues también tienes razón, creo que voy a esposarme al cabecero de mi cama.
    Epoptek, tú eres un cachondo en todo el sentido de la palabra. Claro, por eso te libraste de la mili: las ineses no la hacían.
    Ginger, ¿unos pantis? Jaja, menudo Romeo el tipo. Oye, guapísima, pero no me llores. Venga, aunque sé que no es lo mismo, yo también te pido que dejes la ropa tirada por el suelo de esta orgía.

    Abrazo de piel.

  28. El Ventrílocuo gimió:

    Cuando era un niño, hace muucho tiempo, en el colegio primario, el deporte era poder mirar las bombachas (braguitas en el castellano que cultivas) a nuestras compañeritas. Disponíamos de mil trucos para hacer que la pollera levitase mostrando esas telitas floreadas apenas infladas por unos cachetes sonrosados que comenzaban, prometedores, a inflamarse sin necesidad de cirugías. Y ellas, escandalizadas, solían disfrutar del juego. Pero siempre hay alguna incipiente monjita que con el correr de los años terminará convirtiéndose en una reventada, que va y se queja. La celadora nos arreó a los machos cabríos en potencia y nos dio nuestra (inmerecida) reprimenda en el fondo del patio de la escuela. No voy a olvidarlo jamás; nos dijo que si queríamos mirar la ropa interior de las chicas, podíamos ir tranquilamente a mirarlas cuando colgaran del tendedero una vez lavadas. Enseguida tuve esa visión, porque al tener hermanas menores, era común que sus bombachitas colgaran junto a mis calzoncillos. Supe, en ese momento de verdad, que no era lo mismo. Si tuve la posibilidad de apreciar el valor fetiche, ese día se bloqueó para siempre. Por eso, la respuesta de tu amante ‘soy fetichista de tus prendas si tú estás en ellas’ me identifica plenamente. Aunque, no nos engañemos, tendré otros elementos evocadores. Y quizá se encuentren más en la palabra, tránsito de la imagen, de la perdida, de la añorada, de la deseada. ¡la imaginación al poder! (por más que suene tan mayo francés).

    Una mordidita en el lóbulo izquierdo, querida

  29. Ella y su orgía gimió:

    El Ventrílocuo, monumental gemido. Me ha encantado el relato de tu infancia en el colegio espiando las bombachas prohibidas que tapaban las despiadadas polleras.

    Besos salvajes.

  30. Mori gimió:

    Bueno, al menos las encontraste. Después de perder muchas -y no encotnrarlas- yo decidí andar sin ellas. Es mejor así.

  31. Ella y su orgía gimió:

    Mori, vaya, qué sorpresa. Supongo que ya has reabierto tu casa. Luego te visito. Pues sí, chica, haces bien. Yo ando bastante despelotada todo el día, pero, de vez en cuando… De todos modos, para mí la lencería es algo irresistible, puro, purito fetiche.

    Abrazo cálido.

  32. gota de tinta gimió:

    los recuerdos que dejan los amores…son tan grandes, tan bellos….

    no te asustes si un día no aparece la camiseta negra, seguro es que se fue con el brasiere, el par de inmorales!!!!!, jejejejeje

    besitos amiga!!!

  33. Mirko gimió:

    No hay nada más tierno y atractivo que una mujer con camisa de hombre. Siempre le queda grande, siempre hasta las rodillas, siempre se adivinan sus curvas por debajo, siempre tan tierno, siempre tan sensual…

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