La nota

El niño de los hierros en las piernas aprovechó los últimos diez minutos de recreo para subir a clase antes que el resto de sus compañeros. Atascó uno de los lavabos con una masa de papel de periódico empapado en cola capaz de mantener entretenido al conserje, quien desde la oleada de robos ocurrida durante los descansos había sido nombrado vigilante del pasillo. Desde entonces, por orden expresa de la dirección del centro, todo alumno que fuese sorprendido merodeando por las aulas en los recreos sería expulsado.
Una vez dentro de su clase, el niño de los hierros en las piernas se dirigió al pupitre de la niña de los hierros en los dientes. Sacó del cajón el libro de Sociales, se recreó en la visión del nombre de ocho letras pegado en la portada con celo rosa fosforito, y entre los pliegues de las cordilleras del Sistema Bético camufló la misma nota que le venía dejando desde hacía unas semanas. A continuación abrió la puerta del aula con cautela, miró a ambos lados del pasillo y se metió en los servicios de los chicos, donde coincidió con los primeros alumnos procedentes del patio y con el conserje, ocupado en reparar la gamberrada y blasfemar contra sus autores.
Cuando el profesor de Sociales pidió a sus alumnos que abriesen los libros de texto para releer el tema explicado la clase anterior, la niña de los hierros en los dientes apretó los párpados y lanzó un suspiro. Al encontrar la nueva nota, se deleitó en su lectura con los ojos festivos y el corazón saltarín. Acto seguido se volvió hacia el guaperas oficial del curso, a quien dedicó una de sus sonrisas metálicas. Luego, simplemente, se concentró en simular que repasaba la lección.
18 Octubre, 2005 a las 17:45
Agridulce historia. Me hace mucha gracia cuando los artistas reflejan la niñez como el paraíso perdido, la verdad es que no creo que los niños sean almas puras. Yo mismo tuve una niñez básicamente estable y alegre, pero ni mucho menos la recuerdo como la mejor etapa de mi vida.
19 Octubre, 2005 a las 9:26
Una vez más, me has tenido en vilo hasta el final…yo tampoco recuerdo mi infancia como lo mejorcito… no tenía hierros , pero siempre había alguno que encontraba algo en mí para reirse , meterse conmigo y hacerme sufrir….ahora sí a los 18 , el gusano se convirtió en mariposa … y ….
tachán … nació mi segundo yo, mas divertida , algo mas mona ( no mucho más ) … e igual de lista o más que antes . Hoy , recien estrenada de cuarentona , me gusto mucho y he tenido ocasion de ver alguno de aquellos , … y … bueno , no me voy a recrear en esto, no me parece correcto.
UN BUEN RELATO ELLITA , SIGUE CONTANDONOS COSITAS.
19 Octubre, 2005 a las 9:51
Los hierros de la timidez.
19 Octubre, 2005 a las 9:58
Una vez mas el MIEDO es el mensaje.
19 Octubre, 2005 a las 9:59
Por cierto… me encanta la ilustración.
¿Es tuya?
19 Octubre, 2005 a las 10:15
niños: pequeños polimorfos perversos
19 Octubre, 2005 a las 14:07
Bubastis, a mí la niñez, más que el paraíso perdido, me parece el infierno por fortuna superado. Y no lo considero así únicamente por mi experiencia personal, sino sobre todo por la ajena.
No, Nadie, la ilustración no es mía (pero, ¿por qué no miento en estos casos y quedo de la muerte?).
Abrazos orgiásticos.
19 Octubre, 2005 a las 14:47
Juas! Me he quedado pillada en esa última sonrisa. Reconozco que hasta ese momento apostaba por otro final. Paradojas de la vida…escolar.
Besos con sabor metálico
19 Octubre, 2005 a las 17:01
.
19 Octubre, 2005 a las 19:53
el hierro es muy bueno para el amor
:
19 Octubre, 2005 a las 20:04
Así es la vida. Unos abren cárceles de hierro para que otros liberen sus sonrisas. ¿Altruismo de los Unos o ignorancia de los Otros?
Meticuloso beso
19 Octubre, 2005 a las 20:05
Por Dios!!!! qué complicado resulta dejarte la huella de mi paso y un saludo. El relato me resulta muy bueno. La infancia es ese paisaje a veces lleno de magia y a veces de crueldad.
Besos
19 Octubre, 2005 a las 22:23
Jop, pues a mí que estas versiones infantiles de Cirano me despiertan una dulzura tremenda…
Por cierto Ella, ¿qué pone la ilustración?
20 Octubre, 2005 a las 0:06
Odyseo, lamento muchísimo tu esfuerzo. Espero que mi sonrisa orgiástica por reencontrarte te lo compense. Un placer tenerte de nuevo por aquí.
Susej, en la ilustración pone lo que cada uno de vosotros quiera leer en ella.
Besos orgiásticos para todos.
20 Octubre, 2005 a las 11:53
..
20 Octubre, 2005 a las 11:55
alguien me puede decir como se actualiza esto?
y ser cyrano en la niñez es tan triste como ser ganster en una fiesta de piso (ya sabeis, al capone, al capone los discos)
20 Octubre, 2005 a las 16:40
Es curioso lo poco permisivos que somos con los defectos.
No mostraríamos transigencia porque nuestra pareja estuviera aquejada de aquello mismo que nosotros…
Yo nunca soñé con la más guapa de la clase. Siempre dio la casualidad de que era una pesona vacua y que por su trato hacia mí no me parecía en absoluto encantadora. ¿No es acaso el amor también afinidad?
20 Octubre, 2005 a las 21:02
…
20 Octubre, 2005 a las 21:15
hoooombre, asi como en el mercado elegimos en el amor aquello que satisface nuestro propio nivel de intercambio…pero no deja de ser un tanto frustrante rendirse tan facilmente. es lo que diferencia al vencido delcobarde, haber luchado
20 Octubre, 2005 a las 21:57
z,
deja de beber…
:
20 Octubre, 2005 a las 22:00
….
20 Octubre, 2005 a las 22:13
hola!!!!, pobre niño de los hierros en los pies, casi me lo puedo imaginar, haciendo todos esos planes para poder expresar lo que siente, a la niña (que seguro tambien es “rechazada social”), y no sirve de nda , porque el que se lleva la metalica sonrisa es cualquier idiota….
un besito
21 Octubre, 2005 a las 7:20
Pues sí, parece una historia típica de amor.
El niño debería cambiar sus hierros por un imán.
Así lo mismo la atraía mejor.
Al guaperas habría que cogerlo a la salida de la escuela.
30 Octubre, 2005 a las 0:11
no me movilizó lo suficiente como para besarte con mayor detenimiento…
qué che le va a cher…
ósculo atigrado
1 Noviembre, 2005 a las 21:19
¿No es eso lo que tantas veces ocurre? El fruto de nuestros esfuerzos se lo llevan otros…
20 Marzo, 2007 a las 16:12
Pues yo no quiero para Ella una niñez del infierno, no, no y no!