Madrid, mon amour

Camino de la filmoteca
Línea 1 de metro. En la estación de Tribunal sube al vagón un octogenario bajito y cheposo arropado por una capa negra adquirida hace dos siglos. Se sienta frente a mí, al lado de una chica con la que comienza a hablar. No entiendo muy bien qué le pregunta, pero ella, lejos de rehuirlo, le responde con palabras amables y una sonrisa. En ese preciso momento advierto que es de las mías, así que está perdida. Por el uno o por la otra, ya no puedo abandonar mi vena más cotilla, mientras, desde mi condición de espectadora, comienzo a darles las gracias por regalarme este post.
Entre el barullo de fondo, me llega el eco de un nombre: Sombras de bohemia, el título de algún libro escrito por el anciano y cuyo original imagino dentro de la carpeta de cuero marrón a la que se aferran sus manos artrósicas. La chica, que dice haber estudiado Comunicación Audiovisual, se saca del oído derecho el auricular del iPod y, lejos de limitarse a actuar como un sujeto pasivo amable, también pregunta cosas al abuelo. De repente, parece que fuera ella la que lo ha buscado a él para realizar un estudio sociológico.
El hombre le pregunta si conoce la obra de Julio Romero de Torres, ignoro a cuento de qué, ya que la muchacha dista mucho de evocar la imagen de La chiquita piconera. Ante la alteración que una respuesta negativa provoca en su interlocutor, la joven saca del bolso una libreta y un bolígrafo y se apunta el nombre del artista, según el viejecillo, imprescindible donde los haya. A continuación, el anciano le pregunta a la muchacha cómo se llama. “Margarita”, le responde ella, y él, en vez de recitar los versos de Rubén Darío, entona una canción infame (Margarita se llama mi amor, Margarita Rodríguez Garcés, una chica, chica, chica, pum del calibre 183).
Por desgracia, llego a mi destino.
A unos metros de la taquilla
Un mendigo me pide unas monedas con tanta gracia que, pese a la prisa que llevo, invierto el tiempo necesario en abrir el bolso, y luego la cartera, y luego una sonrisa.
-Que Dios te bendiga, que no creo que tenga inconveniente alguno –me dice.
A los cinco minutos, desde la cola, lo escucho:
-Bueno, señores, me marcho, que hoy ya hay para la cena, y lo demás sería abusar. ¡Abajo la Iglesia! ¡Viva la República!
Dentro de la sala
Entro a ver una película francesa. Un chico que me recuerda al Marlon Brando de Un tranvía llamado deseo, pero con más pelo, se sienta a mi lado. Noto que me observa con fallido disimulo. Al cabo de un breve instante, me mira directamente y me pregunta si tengo un bolígrafo. Nada más decirle que sí, caigo en la cuenta de que en ese bolso llevo el rotulador ilustrado con la niña de la cola de caballo. Va a pensar que soy una infantil. Me equivoco: el muchacho anota algo en el programa sin llegar a reparar en detalles bochornosos. A continuación, me devuelve el objeto del préstamo y me da las gracias. Hasta que la oscuridad se apodera de la sala, me sigue mirando de reojo.
Después de semejante tarde, me resulta impensable la posibilidad de no amar esta ciudad sin condiciones, locamente.
9 Noviembre, 2006 a las 9:38
Indudablemente imprescindible.
9 Noviembre, 2006 a las 9:39
Pues claro, guapa, bienvenida!!!!!
9 Noviembre, 2006 a las 9:49
He a l u c i n a d o con este post niña generosa. Mi pasatiempo gavorito: escuchar coversaciones al paso.
besos con sonrisas
y que viva Madrid
9 Noviembre, 2006 a las 10:06
Yo sé con total certidumbre que cuando pase más de una semana en Madrid me va a pasar exactamente lo mismo. Y para siempre.
Un besote
9 Noviembre, 2006 a las 10:11
No lo dudes, Ana C. Ven pronto. Te trataremos muy bien.
Besos madrileños.
9 Noviembre, 2006 a las 10:12
El Madrid bucólico, claro… ¡me encanta!.
Pero, otro día coges un taxi a las ocho de la mañana y te das una vuelta por la M-30… sin prisas.
Por otro lado, preguntarle a Carmen, tu amiga psicóloga, por qué usas aquí la palabra “cola”, pudiendo haber utilizado “fila” y que mucho más casto, ¿el chico del cine, quizá?.
Besos atascados.
9 Noviembre, 2006 a las 11:25
Como usted, me faltó agregar.
9 Noviembre, 2006 a las 13:17
Pero, bueno, Javier, mi vena masoquista no es tan gorda como para hacer eso que me pides. A las ocho de la mañana estoy en mi camita resguardada de cualquier atasco exterior. Por cierto, Freud tiene muy poco que hacer en este caso: yo en el cine guardo cola. ¿Tú guardas fila? Un poco rarito, ¿no?
Baldanders, usted siempre tan, tan… Me callo.
Besos tiernos (del día).
9 Noviembre, 2006 a las 13:30
Pues asì da gusto pasearse en el metro. Tambièn yo me he quedado con ganas de saber màs de tantas historias.
Un bacione.
9 Noviembre, 2006 a las 14:11
- ¿Te das cuenta? A veces me la paso buscando que me sucedan cosas enormes. Y vos me venis con unas cuantas cositas que casi no sucedieron, que no son más que insinuaciones que avivan la fantasía y con eso alimentas tu ansia de aventura y tu amor por la ciudad.
- A mi también me sucede ese tipo de acontecimientos minimos en mi ciudad (Buenos Aires). Pero a veces no llego a apreciarlos, no llego a hacer de ellos un post, me permito olvidarlos por parecerme que son insignificante, por sentir que debría haber sido yo el que hablaba con el viejo, que tendría que haber invitado al mendigo a tomar un café y que me hubiese gustado terminar en la cama con el chico del cine (yo hubiese preferido que fuese una chica… pero se entiende a lo que voy).
- Por ahí este blog me sirve como enseñanza. Todavía no estoy seguro. Pero, desde ya, te doy las gracias.
MiniBesos.
9 Noviembre, 2006 a las 18:09
Minimalo, Buenos Aires… No quiero ni imaginar el aluvión de historias apasionantes que encerrará ese metro.
Besos subterráneos.
9 Noviembre, 2006 a las 18:15
Ah, qué impagable lo del mendigo.
9 Noviembre, 2006 a las 18:24
O sea, que me viste…! Pero he de decirte que la canción que me cantó el abuelo no es nada sonrojante. Hasta me va mejor que la de Rubén. Bueno, me contó luego de sus años mozos y que fue en el ejército donde aprendió la canción. Dijo algunas palabras gruesas, sin perder la compostura, respecto a sus superiores y suspiró al pensar en sus camaradas. Eran jóvenes. Y les encantaban las verbenas del pueblo. Cuando me iba a contar cómo conoció a su mujer llegué a mi parada. Repetiré el trayecto a ver si lo vuelvo a encontrar.
9 Noviembre, 2006 a las 18:27
No, no, si la canción no es sonrojante, Isabel, es simplemente horrible. De pequeña vi una película horrorosa cuyo título afortunadamente no recuerdo donde la cantaban. El espectáuclo me abochornó. No sé, yo es que cuando escucho ese nombre de mujer, siempre se me viene a la mente lo de “Margarita, está linda la mar”. El peso de los libros de texto de la infancia, imagino.
Besos estrellados.
9 Noviembre, 2006 a las 18:39
Yo no guardo nada de nada, lo doy todo.
Y me “pongo en la fila” (que no en la cola por si acaso). Y mis bolígrafos son con “crines de caballo negro azabache”, porque mi Y es mucha Y.
Y sobre Freud, no he querido decir nada de que la peli fuera en “francés”, que también es casualidad.
Besos freudianos
9 Noviembre, 2006 a las 18:48
No, si rascando, rascando, al final todos somos una panda de enfermos viciosos en sus diversas vertientes. Totalmente de acuerdo, Javier. ¡Ay!, este inconsciente…
Besos conscientes.
9 Noviembre, 2006 a las 19:27
Madrid. Me gustó visitarla, pasear por ella, asombrame al ver calles tan enormes, llenas de gente de mil lugares distintos… pero yo soy muy provinciano. Prefiero ver esos mundos desde fuera :P
A mí el nombre de Margarita me recuerda a cierto libro de Bulgákov, pero simplemente porque lo leí hace poco.
Y tu orgía me trae ecos de mi escritor favorito ;) Qué te voy a contar a tí, Madame B.
Besos!
9 Noviembre, 2006 a las 19:34
estás de mejor humor, por lo leido, ojalá tengás más tardes como esa.
besos
9 Noviembre, 2006 a las 19:54
que recuerdos de mi metro …cuantas mañanas y tardes de vuelta a casa he pasado yo metida en esas vidas ajenas …
un besito ella …
oye la no me reconoce este trasto ..he tenido que volverme a registrar
9 Noviembre, 2006 a las 21:38
El maestro y Margarita, ¿no, Rafael? Ya, me lo leí hace años, pero el recuerdo de los versos de Rubén Darío es más antiguo.
¡Uy!, qué bonito, Jorge, ¿de verdad te lo parece? Si eso es lo que te llega, me alegro.
Oye, Pradera, que mi niño es muy sensible. Si es que no sabes tratarlo. ¿Tú te crees que son maneras? Después de escuchar como lo llamas trasto no volverá a dejarte pasar.
Besos de carmín rojo.
9 Noviembre, 2006 a las 22:56
Una tarde así es de las que te fijan una sonrisa en la cara y te ilumina por un tiempo.
Que tengas muchas más.
Besos
10 Noviembre, 2006 a las 11:21
A mí esta ciudad me enamora cada vez que me dedico a pasear por elle, sobre todo si es un luminosos día después de la lluvia.
Por desgracia, de vez en cuando la odio y tengo que salir…
10 Noviembre, 2006 a las 12:09
Creo que he sido malo. Y además mi “Y” tampoco es para tando… estándar.
Y… que me encantaría que me invitaras a una peli en un día así. Llevaría unas monedas para el mendigo republicano y te pediría el bolígrafo, “cola de caballo”, para escribir algo tan genial como lo que tú escribes.
Besos tortuosos.
10 Noviembre, 2006 a las 14:47
Maravilloso relato lleno de encanto que si es verdad, lo puedes encontrar aqui en Madrid. Me recuerda a algo que me paso en Latina con una mujer que estaba en un bar, con su marido en una silla de ruedas, fue impactante.
Besos
10 Noviembre, 2006 a las 15:09
Como siempre, como siempre, me encanta lo que escribe Ella. Ella es encantadora, claro. ¿Sabes? Ayer caminaba por el midtown. Un “homeless” coreano había construido una covacha con cajas de cartón llenas de dibujos afiebradamente fascinantes de aviones y misiles y toda cubierta de ideogramas (?) coreanos y textos en inglés sobre una conspiración mayúscula del gobierno que nos espía a todos. Recitaba un monólogo mitad en coreano mitad en inglés, invitando a la gente a leer su “casa.” Más que pedir dinero, hacía proselitismo. Me vuelvo un atento discípulo por unos 20 minutos. Luego, de camino a Chelsea, veo a un grupo de tres chicas con el pelo azul vestidas iguales. Luego de ver unas cuantas exposiciones me provoca turistear por Times Sq. Las luces de colores me siguen hipnotizando un poco. Sigo caminando, tengo hambre, pero no mucho. Escojo un local en donde pueda ordenar en castellano, porque hoy me encanta Nueva York.
Besos en Spanish, escrito en Inglés, claro.
10 Noviembre, 2006 a las 20:07
Max, ¿me harás de cicerone algún día por Manhattan?
Besos de cristal.
10 Noviembre, 2006 a las 20:14
Mira que da de sí una tarde hacia la filmoteca, de esa manera no me extraña que adores esa ciudad en la que una simple salida es una aventura que contar.
Me quedo con la sonrisa puesta :)
Besos de última fila
10 Noviembre, 2006 a las 20:34
Ese mendigo tiene cara de Joseph Cotten…
… no soy tan gordo como Orson Welles, pero me veo como ciudadano Kane… :-)
¿Te he dicho, Ella, que te haces querer? –gracias por tu comentario, morena-azabache… te daría un mordisco de agradecimiento, pero eso más que orgiástico es tierno, así que me inventaré alguna palabra fuerte… pero eso será mañana, ¿vale? Hoy me limito a hacerte cosquillas.
10 Noviembre, 2006 a las 20:43
No te falta razón, Ardi, pero a mí el señor de la foto me parece más guapo que Cotten. Nunca me convenció el rostro de ese actor. Aunque hiciera de bueno yo siempre le veía cara de malo. ¿No tenía cara de perro?
Besos miau.
11 Noviembre, 2006 a las 6:56
Haría de lo que me pidieras, darling. Más aún, ni siquiera tendrías que pedirlo y lo haría. Es más, ya esta hecho, ya lo soy. Para ti, claro.
Besos, los que se te de la gana, por supuesto. Sí, de esos. De todos.
11 Noviembre, 2006 a las 9:36
Me encanta saberte así, con la capacidad restaurada e indemne para poder disfrutar de las cosas sencillas, que son las que nos devuelven al reino perdido.
Muchos besos
11 Noviembre, 2006 a las 12:03
A eso se llama volver a casa encendida de inspiración. Me gusta esa estudiante de audiovisuales atenta a la vida que pasa en cualquier instante, y tu mirada que la recoge, yo que lo leo y me sugiere algunas miles de cosas que no hay espacio ni es el lugar de contar. Me alegro de este post. Besicos, Ella.
11 Noviembre, 2006 a las 13:23
Lo de hoy ha sido escribir con un pincel…. ¡Cuanto talento hay en Ella! Una joya… de verdad¡
besos
11 Noviembre, 2006 a las 14:23
Cómo iba a irme de aquí? A ver cómo le explico a mi abuela lo que Madriz me da sin sacarle los colores…
Besos bilingües, Ella.
!D
11 Noviembre, 2006 a las 15:47
Desde luego, mejor no se lo expliques, Dan, pobre abuelita, o al menos miéntele u omite en tu narración los términos Malasaña y La Latina.
Besos canallas.
11 Noviembre, 2006 a las 16:58
Soy un desastre tengo desde ayer con la contraseña perdida!! y hasta hoy….
En fin que a mi madrid…me gusta, no tanto como la ciudad que siempre me cobija, pero me gusta mucho pasear por ella, tiene un toque de la mia, tiene un sabor especial.
Bikos y buen fin de semana ELLi!!
11 Noviembre, 2006 a las 23:00
Nunca he estado en Madrid, algun dia pasare a saludarte…..
12 Noviembre, 2006 a las 1:10
Madrid para ti, Paris para mi. Ella querida, geografías distintas pero a final de cuentas el sentimiento es el mismo.
Estaré por allá en diciembre.
¡Besos!
12 Noviembre, 2006 a las 13:41
Todoloque… (¡ay!, os sometéis a unas cirugías faciales que me dejáis temblando), pues tienes que venir. Yo te saludaré, seguro.
Ginger, en Madrid vivo, y me siento afortunada porque ha sido una elección en toda regla. Con París sueño. Siempre sueño con regresar a esa ciudad. No son, en absoluto, incompatibles. No quiero tener que elegir.
Besos encantados.
12 Noviembre, 2006 a las 13:53
la ciudad se abre a quien la mira
es verdad
12 Noviembre, 2006 a las 13:59
Pues yo voy a tener que ser la nota discordante en esta orgía…
Yo con Madrid mantengo una relación de amor-odio:
- Amor porque es la ciudad donde cualquier cosa puede pasarte, donde puedes encontrar trabajo muy fácil, donde no cesas de conocer gente nueva. la ciudad de la cultura, de los cafés y de las compras, de los museos y teatros; y cómo no, la ciudad que me acogió durante casi dos años y donde están la mayoría de mis amigos peninsulares. Ciudad a la que vuelvo siempre que puedo.
- Odio por la polución, por los agobios, por los atascos, por la masa humana que te hace sentir una hormiguita insignificante, por las colas interminables, por los precios carísimos, donde cualquier cosa (mala) puede pasarte, donde te roban a las primeras de cambio si te descuidas (pecado mortal: me robaron una vez mi cámara), por el tiempo de tu vida que malgastas en el metro y en el autobús… siempre me pareció una ciudad hostil, aunque reconozco que siendo isleño, es complicado amar como tú a una ciudad tan grande y sin mar como referencia apaciguadora. Nací con el mar a mi lado, y a su lado pienso volver algún día.
Para mí Madrid es la ciudad de los fines de semana…¡cuánto cambia entonces! Ojalá cerrara sus puertas los domingos por la noche para que la gente no pudiera volver y quedarse así de tranquila :-) En ese caso, sí a Madrid.
¡Besos almudenescos!
12 Noviembre, 2006 a las 15:33
madrid en tecnicolor….
13 Noviembre, 2006 a las 8:11
Acabamos de descubrirte, y como en todo descubrimiento agradable, ahora nos quedan las ganas de explorarte. Un saludo.
13 Noviembre, 2006 a las 9:11
Alb(v)va(ro), bienvenido/a/s a esta orgía. Ya nos iremos explorando mutuamente.
Lametazos felinos.
13 Noviembre, 2006 a las 10:24
Buenísimos recuerdos tengo de mi semanita en Madrid en junio, también ha dado para más de un post ;).
Pero yo más que a la ciudad quisiera amar a los madrileños (nótese madrileños en masculino, nada de generalizar, que no voy hoy vestida de Izquierda Unida) y a ser posible, entre 25 y 40 años. ;), que estoy hoy yo así como generosa.
Porque sí, ale!
Un beso guapísima.
13 Noviembre, 2006 a las 16:23
Disfrútala por los que no podemos ir a ver a Alix en el Canal, ni tomar unas cañas en Huertas después de una mañana de domingo cultureta, por los que llevamos meses posponiendo unas copas desde Malasaña hasta Valverde o un raid consumista por las tiendas de cómics de Callao…
… si no te hubiese quedado tan bonito, te daría un capón por la morriña que me va a nublar toda la semana, como sí que lo ha hecho te daré…
13 Noviembre, 2006 a las 16:25
Sí, se te adivina el día generosillo, Glauka, y más desvergonzado aún. Regresa pronto. Los madrileños XY te esperan con los brazos abiertos, no me cabe duda.
Lord E., no nos engañemos. En general, Madrid (y cualquier ciudad) la disfrutáis más intensamente quienes no vivís en Ella, porque cuando llegáis (y además tan deseosos) sabéis que vuestra visita tiene fecha de caducidad y la devoráis a dentelladas (caníbales, más que caníbales).
Un poco más de lo mismo…
13 Noviembre, 2006 a las 16:34
este tipo de post tuyos son mis favoritos. Me encantan este tipo de anécdotas.
Mentira. Todos son mis favoritos.
Eres mi favorita, y vivan las flores y vivan las verdades.
Un abrazo
13 Noviembre, 2006 a las 19:29
Es curioso, has hecho que casi la ame también, y que recuerde sucesos similares que en ella me han pasado, pero como digo es casi, porque es tuya, tu ciudad, pero aún así, un lugar agradable para visitar más de una vez.
Los caracteres chinos llevaban una frase, un lema y un deseo-orden.
14 Noviembre, 2006 a las 0:38
Pues yo creo que necesito un deseo-orden de ésos, Susej, y urgentemente, además, aunque sólo si me aseguras que surtirá efecto (inmediato, por supuesto).
Besos deseosos.
14 Noviembre, 2006 a las 4:59
qué ganas de ver Madrid!
14 Noviembre, 2006 a las 12:16
Eso se pierde por no usar el transporte público. Si la Comunidad de Madrid tomara nota, tendría una campaña cojonuda para promocionar el Metro, mucho mejor que las habituales.
Envidia sana me das…
Besos de agua, azucarillos y aguardiente, gachí
15 Noviembre, 2006 a las 0:22
Es lo que tiene esta jodida ciudad que es Madrid. Cuando empiezas a divorciarte de su aire, enciende sus alarmas y te embosca tras cada esquina con sus historias únicas, consiguiendo que de nuevo vuelvas a engancharte a ella.
Me ha encantado.
15 Noviembre, 2006 a las 14:07
Amar locamente está bien. Supongo.
Pero… a esta ciudad… eso me parece ya una perversión.
16 Noviembre, 2006 a las 6:01
Mi amiga, que buena anécdota…
Saludos!
20 Noviembre, 2006 a las 17:44
A mi también me gusta Madrid
21 Noviembre, 2006 a las 15:54
¿Se te presentan a menudo estas tardes magníficas por la ciudad? Ojalá, pero me temo que no, … O mejor dicho, lo que conozco de Madrid me lleva a pensar que no son muchas las tardes como esa. Pero insisto, ojalá así sea. Aunque los bienes más valorados rara vez abundan… Como este blog.
Para acabar -y a sabiendas de que ó 1 ó niguna persona leerá estas palabrotas- un comentario sin relevancia, en mi línea intrascendental de la palabra:
El carnicero del supermercado de al lado de mi casa, de la casa materna en Triana, solía cantar a todas las señoras y señoritas aquello de “otra cosita, Margarita”. Y a mí siempre me hacía la misma gracia, y me hace sonreír en la distancia del tiempo.
Ea.
21 Noviembre, 2006 a las 15:56
Aghhhhhh ¡¡no puedo salir de aquíiiiii!!
¿¿Dónde está la salida de este blog?? ¡¡Polisíiiiiaaaaaaa!!
25 Noviembre, 2006 a las 13:18
Hermoso texto, bien escrito y me gusta que haya surgido como fruto de una observación. En algo tienes razón: Madrid es una ciudad única, a mí me encanta visitarla, pero para vivir…es otro cantar. Un besote.