Prisa
Llego al portal de casa cargada con bolsas de la compra y veo al anciano del sombrero metiendo la llave en la cerradura. Es menudo, camina encorvado y tiene ojos de galgo noble. Yo le calculo ochenta y muchos. Vive en mi misma planta, pero en el ala derecha, por lo que nunca coincidimos en el pasillo para darnos los buenos días o las buenas noches.
Mi apartamento se encuentra en un edificio de paso. La mitad del mismo pertenece a una inmobiliaria, de ahí que, a lo largo del año, no dejen de entrar y salir pateras cargadas de nuevos inquilinos.
Ignoro si el anciano es arrendatario o dueño de su casa, pero me consta que está solo. A veces lo he visto tendiendo ropa en su terraza con movimientos ralentizados, como si la vida hubiera decidido congelarlo y él, muy de tarde en tarde, lograra escapar de ese injusto modo pause a duras penas.
Las pocas ocasiones en que nos cruzamos, invariablemente, de la tierra de la compasión me brota un sentimiento de nieta solícita.
–Hace buen día, ¿verdad? –le he dicho cuando subíamos en el ascensor.
Como respuesta me ha contado que venía del Hogar.
–Vaya, qué bien. Eso es lo que hay que hacer: salir a pasear y entretenerse.
–Allí tomamos café con leche y cuatro galletas –realiza un paréntesis. Se queda pensativo-: setenta céntimos, ya ves.
–¡Anda! –la verdad es que no sé qué contestarle. Intento no comportarme lo mismo que esa clase de capullos que se dirigen a los niños como si fueran imbéciles.
–Y un día a la semana tenemos bingo: quince céntimos.
No recuerdo la manera en que nos hemos despedido, sólo que, nada más entrar en mi apartamento, he soltado las bolsas en el recibidor y he agarrado el teléfono fijo con una bola de pelusas atascada en los pulmones. Afortunadamente, al otro lado descuelga quien debía hacerlo.
–¿Papá? ¿Qué pasa? ¿Cómo estás?
–Aquí, tirando, como siempre. Tengo poco que contarte. Como hablamos todos los días…
Cuando me marché de casa, el teléfono se transformó en el único aparato imprescindible para mi supervivencia cotidiana. Las voces con las que pasé gran parte de mi vida discutiendo se convirtieron, de la noche a la mañana, en balones gigantes de oxígeno que me ayudaban a seguir remolcando la caravana de una jornada más.
–Te paso con tu madre ¿no?
–No, déjalo, dentro de un rato la llamo. Ahora tengo algo de prisa.
Y sí, tengo prisa, mucha prisa, prisa por llorar a solas, prisa por compadecerme de mí misma tanto como del anciano del sombrero.
27 Noviembre, 2007 a las 8:41
Tengo muchas debilidades que me hacen llorar. Y digo debilidades porque los hombres (los varones, me refiero) no tenemos licencia para que el llanto brote. Yo alardeo de mi debilidad, de que las lágrimas salgan de mis ojos como la lluvia lo hace de una nube tormentosa. Ójala supiera hacerlo más a menudo.
Ellos, los que se acercan a la meta de este maratón que es la vida, me “debilitan” de forma especial. En otros sistemas sociales, los ancianos son los sabios de las tribus. Lógico, ¿no? En el nuestro no son más que un “apártate a un lado”.
A mí, sus conversaciones me dan vida, me dejo enseñar. A veces pienso que lo hago por puro egoismo, para que alguien me pague con la misma moneda cuando vea mi soledad reflejada en el espejo de dentro de 30 años.
Gracias por tu ternura.
27 Noviembre, 2007 a las 9:31
Me pasa un poco con los ancianos, al menos con una parte de ellos, como al Vendedor. Después de leerte me he acordado de tantas cosas… Muchas gracias Ella, de verdad.
Besos nostálgicos
27 Noviembre, 2007 a las 13:28
Me ha encantado tu entrada. También mi caravana se mueve muchos días gracias al teléfono.
Besos “despelusantes”
27 Noviembre, 2007 a las 15:19
¿Compadecerte? No entiendo Ella, ¿porqué? ¿por sentirte sola? es cosa de un momento, ¿por estar lejos de la familia? no lo están, sabes y sientes que están ahí.
Así que no te compadezcas y no, si es miedo porque ese futuro pueda ser el tuyo, destiérralo, eso no pasará, no.
27 Noviembre, 2007 a las 16:07
Supongo que la soledad del anciano te hizo reflexionar, pensar en tí misma en el futuro y en tu padre en el presente.
El paso del tiempo, Ella, es implacable, pero no tiene por qué ser tan deprimente, debe haber optimismo y belleza en todas las fases de la vida. Creo que teniendo a los tuyos cerca, como tu padre te tiene a tí, no hay razón para sentir compasión.
Besos confortantes
27 Noviembre, 2007 a las 16:57
¿Por qué estará tan mal vista la compasión?, ¿por qué no llorar y compadecernos de nosotros mismos y de los demás?, ¿por qué no llorar y sentirnos tristes cuando existen las tristezas? Ella, gimo por primera vez para desearte que encuentres pronto esas dos manos con las que poder compartir el peso de las bolsas de la compra.
Besos fraternales
27 Noviembre, 2007 a las 19:15
por compasión se pueden mover muchas cosas lamentablemente la gente abusa de ese sentimiento, lucrar con el dolor cuando no hay necesidad hace que luego quien necesita la simpatía no la reciba
27 Noviembre, 2007 a las 19:44
Yo se ve que soy de las primerizas torpes.
Por cierto, Ella nunca estará sola, ni siquiera aunque se empeñara en estarlo…
Besos de ascensor.
27 Noviembre, 2007 a las 20:08
Esta es una de las situaciones en la que el lector espera que el escritor mienta. Mienta y no sienta esa desolación que transmite el escrito, que sea sólo fruto de la imaginación y la sensibilidad y que no traspase su carne.
Porque lo que más me conmueve, no es ver a alguien desvalido (que también lo hace), sino verlo “consciente” de su fragilidad y que esa consciencia lo impregne en el día a día y le obture los pulmones con una bola de pelusa, y tenga unas ganas irrefrenables de llorar.
Enternecedor y duro texto, Ella.
Un abrazo esperando la mentira.
27 Noviembre, 2007 a las 21:21
Vaya, Ella, pues a mi también me ha entrado prisa después de leer este cuento en la oficina, a última hora de la tarde. He salido corriendo, he cogido la moto y he llegado a mi casa destemplada. Entonces he llamado a mi padre, con quien no hablaba hacía semanas. “Te quiero mucho, papá”, le he dicho al despedirme. “Yo también a ti, cariño”, me ha respondido él. Entonces he colgado y he venido a darte las gracias por este relato maravilloso.
Un beso.
27 Noviembre, 2007 a las 21:47
Jo, Gloria, mira que hay posts en los que tiendo a andar más silenciosa que de costumbre por el gemidero, pero cómo no entrar un momento para darte las gracias después de lo que acabas de contarme.
Desde hace ya casi tres años, todos vosotros sois mi otro balón de oxígeno. Gracias por estos gemidos impagables.
Besos sentidos.
27 Noviembre, 2007 a las 21:49
Arturo, gracias por acabar haciéndote orgiasta. Bienvenido a esta bacanal perpetua que te estaba esperando.
Besos especiales.
28 Noviembre, 2007 a las 1:22
¡Joo Ella…! Cuando entro en tu blog te leo a ti y al resto de los orgiastas. Este texto es precioso, pero los complementos de los orgiastas lo hacen realmente maravilloso.
Has logrado hacerme sentir la fugacidad de la vida, el anhelo despistado a mi madre, la dejadez, el saber que la vida es un instante…
Besos agradecidos,
28 Noviembre, 2007 a las 1:44
El anciano cierra la puerta de su apartamento y se dirije al mueble junto al sofá. Toma una libreta bastante descolorida y luego de encontrar el número que buscaba, lo marca al teléfono.
- Hola hija, como estás?
- Y los niños?
- Si, yo también.
- Que si me siento bien? Pero claro que sí. Es solo que me entraron ganas de escucharte.
- Yo también te quiero mucho. Nos vemos el fin de semana.
Sin embargo, después de colgar, no puede evitar seguir sintiendo una tristeza tan larga como su propia vida. No puede evitar sentir compasión por esa chica tan fragil, tan sola y tan atrapada en la vorágine del mundo que le ha tocado vivir.
28 Noviembre, 2007 a las 8:28
Puede resultar paradógico, pero al final es la gente con la que hablamos todos los días a la que mas cosas tenemos que contar…
28 Noviembre, 2007 a las 10:44
La última vez que lloré fue el domingo, en el concierto de Bruce Springsteen, coincidiendo con los primeros acordes de ‘Radio nowhere’. De emoción y whisky, eso sí. No sé si tu llanto era tan dulce.
Hay una cita que dice algo así como “el día que tú naciste todos reían y tú llorabas; Vive de manera que, cuando mueras, todos lloren y tú rías”. Pelín cursi para mi gusto, pero tiene algo de verdad.
Pobre anciano…
28 Noviembre, 2007 a las 10:53
Una vez me invadió un sentimiento similar. Estaba en la Plaza Mayor viendo cómo un anciano hacía bicicletas con alambre, de forma meticulosa, con una sonrisa inocente en la cara ante el asombro de un corrillo de gente. Las pequeñas bicis eran una auténtica belleza fruto de una habilidad increíble. Vino un chaval, le robó la bolsa de las bicicletas y lo tiró al suelo. Aunque entre varios transeúntes conseguimos recuperar la bolsa, la estampa del pobre viejo mirando desde el suelo con lágrimas en los ojos aún me parece la viva imagen de la pena.
28 Noviembre, 2007 a las 12:01
Coño, me has puesto a mí también pelusas en la garganta. He tenido que respirar a bocanadas, a ver si pasaban.
28 Noviembre, 2007 a las 13:49
Esos ancianos son lo más maravillosos del mundo… Me has recordado a mi abuelo, a quien perdí hace 6 días y, la verdad, me hubiese gustado salir corriendo a darle un abrazo… Ahora sé, que esté donde esté, él sonreirá a la vez que yo cuando me acuerde de él. Así que supongo que me tendré que pasar el resto de mi vida sonriendo, porque no pienso olvidarle.
Un besito Ella.
28 Noviembre, 2007 a las 15:05
Lamento esa pérdida que acabas de sufrir, Ati. Te doy un abrazo muy fuerte.
Besos para todos.
28 Noviembre, 2007 a las 16:30
Ella, gracias por esa cálida acogida en tu fiesta.
Besos admirativos.
28 Noviembre, 2007 a las 17:10
Yo prefiero no hablar con mi padre, pero te entiendo.
Te has mirado en un espejo, y eso no es agradable. Ni para las más guapas :)
Un besillo.
28 Noviembre, 2007 a las 18:57
Echamos de menos lo que no tenemos, sin acordarnos que cuando lo tuvimos no fuimos capaces de decir muchas cosas…
Por cierto me pareciste una persona increible cuando te conocí la otra noche.
28 Noviembre, 2007 a las 20:10
Saludo a vos, anfitriona, y a vuestros invitados. Con vuestro permiso, daré un discreto paseo por estos aposentos, para habituarme… Pero antes, a fuerza de no querer parecer descortés ante el regalo con que nos has obsequiado, me permito preguntarte -pues es la pregunta que me ha surgido al leerte: compadecer y compadecerte… ¿por qué?
Saludos, y espero pronto tener mejor cara; al menos, alguna imagen que ofrecer a quien a bien tenga visitarme ;)
(Gimo, aunque de pena. El gemir placentero surgirá espontáneo en su momento. Que así sea.)
28 Noviembre, 2007 a las 21:56
El llanto suele ser origen de reflexión, de catarsis, y hay quien asegura que te sientes mejor después. Ineludiblemente es un punto de inflexión, un antes y un después; o por lo menos debería ser así. Me parecería muy triste si no ocurriera eso, porque no hay nada más desolador que las lágrimas sin esperanza.
La soledad es una enfermedad que no se cura con automedicación.
Besos.
28 Noviembre, 2007 a las 22:50
¿sabes? ultimamente siento una vejez prematura q me imposibilita seguir abriendo puertas. estoy cansada de falsas promesas y efímeros cariños; de soledades y rutinas q ocupan días vacios. ¡compasión¡¡ Ufff Recuerdo el daño q me hizo SU compasion. Él era incapaz de amarme como yo lo amaba. Fue peor su compasión q su no-amor. Todavía tengo mucho q aprender… Hay veces en la vida en q eres incapaz de dirigirte por el mundo; pero entonces entiendes q el gesto más simple, pueden hacer q la chispa vuelva a nacer para alguien en tu portal, en una parada de autobus…, en cualquier sitio de tu vida cualquier día de tu vida. Y lo q importa, al fin y al cabo, son esos insignificantes momentos q nos conectan con el mundo y con los q ahí estamos.
Lo malo no es estar solo, sino sentirse solo. Yo cuando me siento sola, me encierro en mi pequeño mundo para compadecerme. Pero sólo una tarde, porq me hago la firme la promesa de q mañana estaré bien. Y si no lo estoy, salgo a buscar algún pequeño gesto, dado o recibido, da igual. Cuando la fuerza la llevamos dentro, no necesitamos mucho más porq entonces todo viene solo. Y no olvidemos q “mejor es estar solo q mal acompañado”… No creo q debas preocuparte. Besos
28 Noviembre, 2007 a las 23:32
Entiendo tu prisa, Ella. Tanto que no es necesario que diga nada más :-), salvo que disfrutes con todos los sentidos esa presentación en Córdoba.
Un fuerte beso.
29 Noviembre, 2007 a las 0:52
Cuánto orgiasta nuevo… Pues nada, bienvenidos todos: Fotero, Juanarmas y Paola.
Besazos bacanalescos.
PD: Alicia, muchas gracias.
29 Noviembre, 2007 a las 0:59
Por cierto, Juanarmas, se me olvidaba decirte que la respuesta a tu pregunta la tienen orgiastas como Susej o Mirko entre otros.
Besos nocturnos.
29 Noviembre, 2007 a las 1:19
Mirar de cerca merece la pena.
Besico, Ella
29 Noviembre, 2007 a las 15:25
me encanta tu pagina, la he visto por casualidad….
todo lo q escribes es tan cotidiano…
un besito
29 Noviembre, 2007 a las 21:17
He leído con calma el hilo de comentarios, en especial a los invitados que citas. Respeto la opinión y la explicación de esa autocompasión, sea o no proyectada hacia aquel anciano, que quizás, a su vez, nos proyecta a un futuro tan solitario como el presente, pero encima más débil y dependiente. Aún así, y sin querer ahondar en el tema, le preguntaría al personaje lo mismo: “¿Por qué?” (El texto me ha gustado por su brevedad, contenido y forma. Sólo me refiero a su reacción temerosa ante el fin inevitable de los granos de arena (y el cariz de las vivencias) que aún le/nos quedan ;) Voy a leer más “perversiones”, con vuestra venia por centrarme en esa menudencia.
30 Noviembre, 2007 a las 0:58
Hola preciosa:
Tiempo sin pasarme por aquí. Dicen q las casualidades no existen. Ahora trabajo como auxiliar de geriatría, y no hay dinero en el mundo q pague cada sonrisa q me regalan, o besos, o “hoy estás guapa”…
Y no entiendo en q nos hemos convertido para q huyamos o queramos huir de un futuro seguro, q es envejecer. Es maravilloso ser “viejo”. No tiene nada de malo ir lento…se ven mejor las cosas.
Besos hada linda. Sigo brindando por tu éxito.
30 Noviembre, 2007 a las 1:30
Y mira q cosa tan maravillosa y especial he encontrado en internet:
http://amis95.blogspot.com/
Más besos. Para ti y todos tus orgiastas.
30 Noviembre, 2007 a las 11:46
He de volver a comentar esta entrada. No podía resistirme, siempre se encuentran joyas en los magníficos comentarios de los orgiastas….
Ese blog que pones, apinupgirl, es estupendo. Yo de mayor quiero ser como esa señora de 95 años. Sí señor.
Paola, al igual que Ella a mí también me invaden con frecuencia los ataques crónicos de soledad, pero tu comentario me ha encantado y hecho reflexionar, gracias.
30 Noviembre, 2007 a las 23:38
Me agrada escucharte, pero no se qué decir, tesoro
1 Diciembre, 2007 a las 21:14
es un texto doloroso, Ella, cargado de emoción hasta la médula, de los que sientes desde adentro, como en una empatía absoluta. Te entiendo. Un fuerte abrazo, preciosa
2 Diciembre, 2007 a las 14:03
hola ana: disculpa las minúsculas pero estoy operado de la manita izquierda. me alegro que el libro esté dándote más vida y espero que ilusiones. ya te lo dije en su momento:escribes de p.m., que no es post meridiem. hablando de post, el último excelente.
te mando un beso y mis mejores deseos
ah, y te alargo la mano con un link a mi blog
3 Diciembre, 2007 a las 17:20
Vaya, Ángel, qué sorpresa. Por aquí soy yo la que parte el bacalao (vamos, Ella), pero le trasladaré tu mensaje a Ana. Gracias por tus palabras. Me pasaré por tu casa, no lo dudes, y ánimo con ese brazo.
Besos rojos.
3 Diciembre, 2007 a las 22:18
¡¡¡¡¡Qué sorpresa!!!! Justito encima de mí ha escrito Ángel Petisme… le conozco personalmente, qué gracia… los avatares de la vida… fíjate donde nos encontramos, en la blog de Ella, que gracia!!
Entraba a decirte que a ver cuando nos cuentas cositas de tu presentación andaluza, mi niña. Estoy ávida de news…
Besos en espera,
3 Diciembre, 2007 a las 22:22
la vejez, y la soledad, tantas veces de la mano.
8 Diciembre, 2007 a las 18:55
Tu entrada me ha hecho mirar a mi alrededor y notar como se me va encogiendo el corazón viendo como los cuerpos se van arqueando, como en respuesta a la llamada de la tierra. Me encantaría decir que he comenzado a llorar o que descolgué el teléfono para hacer una llamada. No hice ninguna de las dos cosas, aunque noto como por dentro mi alma derrama lágrimas con un caudal desbordante y mis palabras van llenando los silencios.
Besos.
19 Diciembre, 2007 a las 0:36
Enhorabuena!