Tan pesada

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–¿Por qué eres tan pesada? –Amado me lanza esa pregunta consciente de que las maniobras que está realizando dentro de mi boca no me permitirán argumentar nada al respecto– Y no digo conmigo, ni con los demás, sino contigo. Es fácil cogerte cariño, y se te acaba perdonando todo, pero, chica… Ojalá algún día seas capaz de verte con los ojos de los otros. Tienes que aprender a relajarte un poco, a darte una tregua de vez en cuando.
Mi dentista es un tipo listo, pero no de los que van de ello sino de los que ejercen su agudeza innata con la espontaneidad del mocoso nacido para ir soltando gracias y dejar en ridículo a sus progenitores.
–Este trabajo va a quedar perfecto, Ella –yo sigo tales disquisiciones con la boca abierta y los ojos cerrados–. Comprendo que todo se ha alargado más de la cuenta, que te has desanimado mucho, y que estás deseando acabar –Amado hace una pausa–. Mira que decir que te dije que tenías dientes de conejo… –abro los ojos y veo en los labios de mi dentista esa sonrisita de cabrón provocador que me saca de quicio.
–Lo dijiste –aun a riesgo de llevarme un pinchazo de la especie de garfio que sirve para colocar las bandas elásticas en los brackets, en esta ocasión no me callo–. Tienes suerte, porque no soy rencorosa. Prefiero no contarte lo que habría hecho otra paciente en mi lugar.
No hace falta que se lo cuente, él lo sabe: otra paciente a la que se le hubiera asegurado que el tratamiento duraría de año y medio a dos años, a la que no se le hubiera mencionado que, con toda probabilidad, habría que extraerle piezas, a la que se le hubiera añadido un año más de suplicio porque se le quitaron dos premolares con retraso, a la que no se le contase a fecha de hoy por qué los huecos de las extracciones no le acaban de cerrar, y a la que, cuando hubiera cuestionado el trabajo de su ortodoncista y el resultado estético derivado de los cambios de última hora, éste le hubiese respondido: “Pero, ¿qué me estás contando? Mira, no te quejes, que cuando llegaste a mí tenías dientes de conejo”, otra paciente, en semejantes circunstancias, le habría montado un pollo de padre y muy señor mío a su dentista para acabar diciéndole hasta luego.
He de admitir que en los últimos tiempos he tenido intentos de abandono de Amado, pero cuando he ido a otras clínicas y me he sentado en otros sillones, y distintos profesionales –XX y XY– me han inspeccionado la boca como si fuese un caballo de feria, con maneras poco delicadas, he vuelto, más suave que un guante, a los brazos conocidos.
Hace unos meses se produjo una cruenta batalla cuerpo a cuerpo en el frente ortodoncístico. La mantuvimos Odiado y yo –esos días era incapaz de llamarlo de otra forma–. Por aquel entonces llegué a pensar que si mi dentista jugara al ajedrez movería los peones dos de plano y uno de pico después de medio siglo meditando la jugada.
–¿Cómo pudiste decir aquello? –le increpo– Y encima eso: dientes de conejo. De sobra sabes que lo único que me pasaba era que tenía unos colmillos un poco de vampira.
–Será de vampiresa.
–No, de vampiresa no, de vampira.
–¿A ti qué te suena mejor, Almudena? –Amado quiere conocer la opinión de su ayudante-esposa, quien le acaba de entregar una hebra de hilo metálico para que realice una lazada entre dos muelas.
–Vampiresa, aunque no sé muy bien cuál es la diferencia.
–Vampiresa es mucho mejor –Amado no duda.
–Una vampiresa es una femme fatale –le aclaro.
–Jaja, pues por eso digo que prefiero una vampiresa a una vampira.
Finalizada la revisión, mi dentista no se libra de mi tercer grado de rigor: ¿Cuánto falta para que me quite el aparato? ¿Conseguirá que todo esté listo para la próxima primavera, tal y como prometió la última vez? ¿Me veré muy rara cuando los huecos de las extracciones cierren por completo? ¿Cambiará eso mucho la fisonomía de mi rostro?…
Al salir de la consulta, reflexiono que entre Amado y yo se ha establecido un pacto tácito de no agresión: el profesional de la salud dental aguanta con estoicismo las dudas razonables y desesperadas de su paciente, y ésta no se marcha a otra consulta y acepta llegar al término del tratamiento de la mano del ortodoncista que, durante casi tres años, le ha dado trato de princesa en un trono mecánico.
16 Marzo, 2007 a las 15:23
Que atroz pensar que mis pacientes siempre se debatirán entre el amor y el odio conmigo!! :(
Pero ay, bien sabía yo que mi profesión era una de las más odiadas, y el segundo o tercer miedo más grande, después de hablar en público!!
Vaaaamos, que igual vas a quedar con una sonrisa hermosa. Has de la paz una ciencia!! ;)
Saludos.
A&D
16 Marzo, 2007 a las 15:28
Acabaréis veraneando juntos.
16 Marzo, 2007 a las 16:05
jejejej ay presiosaaaa echaba de menos las historias del dentista jejeje. Ánimo. Te contaría las mías para que te animaras, jejeje, pero tendría que crear un blog entero para ello. Aissss
Un besazo en los piños
16 Marzo, 2007 a las 16:05
¡ Y a mí que probablemente me habrías gustado más con colmillos … !
Bueno, qué más da.
De todos modos, creo que me gustas, She Bunny :-p
16 Marzo, 2007 a las 17:55
¿”femme fatale”? Me pasma que puedas articular don fricativas labiodentales con el dentista hurgándote los entresijos. ;)
Por cierto..el mejor tema musical de dentistas de la historia..
http://www.youtube.com/watch?v=On3mrKW-Nk0
16 Marzo, 2007 a las 18:08
No, no, Adulter, en el momento de las fricativas me hallaba liberada (sólo por un breve instante) de las manazas de Amado.
No me he acordado veces de ese vídeo de La tienda de los horrores en los últimos tiempos…
Besos vampíricos.
16 Marzo, 2007 a las 19:06
Con lo que seguramente le estarás pagando, debería llamarte Reina y desenrollar la alfombra roja cada vez que entraras por la puerta de la consulta :)
Yo también me quedo con Vampiressssa, así, con muchas eses.
Besitos delicados en la mejilla menos dolorida :P
16 Marzo, 2007 a las 19:13
Rafita, otros cobran más y te tratan a coces. Te lo digo yo. Sé de qué hablo.
Besos en la yugular.
16 Marzo, 2007 a las 23:18
Buf, siento escalofríos visualizando lo que te hace, tal es el pánico que les tengo. Y la verdad, te envidio por el que tienes. Y no sé porqué, pero creo que el resultado final te satisfará.
17 Marzo, 2007 a las 0:18
Intuyo que posiblemente arregle más que la dentadura….
Mil bikos señorita ;)
17 Marzo, 2007 a las 0:32
Tú diras lo que quieras, puro sindrome de Estocolmo (de “estos-colmillos”, en este caso) pero lo que se merece el susodicho, cuando haya terminado de martirizarte, es que le des una cita… y con tu dentadura perfecta… (¿hace falta que siga? ¿no lo adivinas?)
besos (prefiero los dientes imperfectos a los hierros alineados-alienantes)
17 Marzo, 2007 a las 5:19
Dos palabras ( y un punto):
Dentistas cabrones.
PS. Coincido con el segundo comentario, el de Angelusa.
Besos transilvanescos
17 Marzo, 2007 a las 14:25
Cómo vas a defenderte ahora? Espero que al menos conserves buenas uñas!
Yo también tengo dientes de vampira y no me los pienso de cambiar. No están los tiempos para bajar la guardia…
17 Marzo, 2007 a las 19:28
Ella, en plena forma, me ha encantado este texto ¿qué tal pone las anestesias? Un abrazo
17 Marzo, 2007 a las 20:01
Bien, supongo, Pistolita. Estoy tan cansada de este asunto… Ojalá nunca me hubiera picado el mosquito del puto perfeccionismo. Si te digo la verdad, me gustaba más mi boca de antes que la de ahora.
Besos agotados.
17 Marzo, 2007 a las 20:41
Hombre, es que unos buenos colmillos de “revenant” (que queda como más de femme fatale…) son un gran atractivo para algunos hombres…
Besos carotídeos.
18 Marzo, 2007 a las 6:28
jejejeje toda una aventura estar con el tal amado……y tu ir y venir con dentistas, a mi me paso algo similar cuando use aparatitos, todos me revisaban sin el menor cuidado, epro quede bien y ahora sonrio muuuuuuuuuuucho mas.
asi que ahora eres vampira eh??? que linda!!!! mi gato tambien es vampiro…..tiene una carita tan hermosa, nariz chatita , colmillotes….
besitos!!!
18 Marzo, 2007 a las 10:37
Y lo bien que vas a quedar al final del tratamiento? Olvidarás todos los malos ratos. Un besote.
18 Marzo, 2007 a las 12:19
Hola y seguro que tu bolsillo también se habrá quedado resentido…
un diente a salvo es mas valioso que joyas y oros..mi última protesis me costo más de 2.000 €.
Una curiosodad el primer orgiasta es tu dentista?
seria bueno que leyera tu articulo..
saludos a ella
18 Marzo, 2007 a las 14:33
Toda una metáfora aplicable a otro tipo de relaciones… Un saludo.
18 Marzo, 2007 a las 20:57
Desde luego si los dentistas nos avisaran por adelantado de lo que va a ocurrir no tendrían ni un sólo cliente. Y menos mal que tienen la costumbre de pasarte presupuesto para tratamientos de este tipo que si no, nuestra relación con ellos acabarían en infartos. Besos, vampiresa. Seguro que estarás preciosa.
18 Marzo, 2007 a las 22:43
Me gustaba sentir tus colmillos en mi yugular algunas frías noches de enero. Mi disculpa para usar bufanda hasta junio eran unas anginas mal curadas en la infancia.
Ahora mis compañeros del Ministerio de Asuntos Imposibles no podrán reírse a mis espaldas.
19 Marzo, 2007 a las 1:32
Luchino, ¿acaso nos conocimos en otra vida? Tus últimos gemidos huelen a respuesta afirmativa.
Con respecto a mis colmillos, no te preocupes, son retráctiles. Nunca dejaría que me los arrancasen.
Besos rojos.
19 Marzo, 2007 a las 11:57
jajajaj…ufff…que a mí me toca ahora. Que hoy justo voy al ortodoncista después de cuatro años de operaciones de mandíbula…ayyyyy, qué mal rollo me ha dado, pero qué gracia tienes, joia.
Una pregunta: ¿No perjudica al sexo, verdad? (ýa me entiendes…)
Un besazo
19 Marzo, 2007 a las 12:34
Jaja, tú sí que eres joía, Libertad. Mucho ánimo, guapísima. Yo creo que incluso beneficia al sexo, fíjate: parece que esto de las ortodoncias nos confiere un halo morboso de lolitas a medio hacer que los mantiene intrigadísimos. A mí, lo primero que me dijo mi dentista era que el asunto este no me dificultaría actos tan imprescindibles en la vida de cualquier mortal como el de besar (y a eso súmale lo que quieras, mala).
Besos soleados.
19 Marzo, 2007 a las 12:44
No, si encima le pagarás ;). Por lo que cobran esos maquiavelos de los dientes debieran tratarte de usía como poco y meterse los dientes de conejo por el culo (vas y se lo cuentas, de mi parte). A ver si encima de sangrarte, dejarte las cuentas temblando, hacerte daño, va a haber que poner el culo, ya te digo.
Y por supuestísimo, ajo y agua con lo que diga el cliente, que es aplicable en todos los secotres, vale, pero en el suyo, mucho más, que buen rendimiento economico le van a sacar al aguante, hombre.
(Se nota un poco na más mi aversión a los dentistas verdad? … tengo que ir en nada y ya me está doliendo el bolsillo ;))
19 Marzo, 2007 a las 19:22
Esa sonrisa con aparato y huecos de las extracciones no le va nada a tu imagen, ni a mi libido de orgiasta tampoco, Ella. Quizá estas mejor con tus ‘graciosos’ dientes de conejo que con tanto andamiaje bucal.
Besos de marfil.
19 Marzo, 2007 a las 22:38
No eran de conejo, Javier. En ocasiones me gustaría ser como Glauka (ole, ole y ole, sirenita).
Y con respecto a mi imagen y a las libidos ajenas, debo de estar haciéndolo muy bien, porque en realidad soy bizca, calva (con peluca, por supuesto), tengo chepa, me falta un codo y me muerdo las uñas de los pies (paro ya, que la lista de defectos puede ser interminable), y me estáis imaginando qué sé yo cómo.
Soy lo peor de lo peor, y hoy además tengo un día bastante chungo, así que, por favor, a los señores orgiastas que me imaginan divina, les pido, por favor, que se bajen de la nube. Muy probablemente, no valga ni lo que peso, y soy pequeña y liviana.
Besos…
20 Marzo, 2007 a las 2:56
Tu boca seguro que no se equivoca, pero no, me refería a las otras anestesias.
20 Marzo, 2007 a las 9:26
Los vampiros siempre me han dado un poco de pena.
Siempre parecen tan tristes, tan desilusionados…
Y es que la luz del sol es el mejor antidepresivo ;-)
Te veo mas como vampiresa :) quedándote con tan solo
lo bueno….
20 Marzo, 2007 a las 14:56
Más vale dentista conocido que odontólogo por conocer. Sin duda.
Ahora, para destrozos bucales los de Vital Dent. Esos si que podían franquiciar carnicerías.
Besos novocaínicos
20 Marzo, 2007 a las 16:28
los dentistas podrían ser perfectos dictadores, no tengo nada más que decir al respecto.
besos
20 Marzo, 2007 a las 20:50
me despisto un par de días y veo que ya vas por los 32 comentarios…. vayamos a por el trigésimo tercero…. “Dientes, dientes, que eso es lo que les jode!!!” (pantoja dixit)
besos tras en enjuague
21 Marzo, 2007 a las 4:36
Yo tuve menos suerte. Después de una denodada lucha por parte de mi señora madre para q fuera, accedí pq la otra opción era la locura, o cargármela….en mala hora.
Un tío insoportable, borde, aquello fue una pelea en toda regla dialéctica, mientras él me arreglaba los empastes pendientes (yo fui a por una placa de descargue).
Conclusión:Me vengué dejando de ir un día para q perdiera esa hora de cobrar pasta, y me fui a otro q me dice lo guapa q soy mientras sonríe.
Eso es otra cosa!!!!!!
Besos señora orgiástica.
21 Marzo, 2007 a las 5:41
La ultima vez que fui al dentista, me atendió “Pamela”, una chiquita guapa y simpatica, que mientras sonreía se encargó de hacerme sufrir entre sus brazos, armados de elementos de tortura, claro. Antes de eso, tuve sesiones de tormento, perdón ortodoncia, a manos de un bellaco que se dedicaba a conquistar a la enfermera mientras me desgastaba las piezas dentales.
Si, el vampirismo es cosa extendida, como tu gracia, tu inteligencia y la del rumor aquel de una mujer de bellas rodillas que escribe como nadie y lleva tu nombre.
Más besos, pero de aquellos.
21 Marzo, 2007 a las 13:43
Nena, si quieres un buen ortodoncista, honrado y serio: Gonzalo Romero Gil…no
sólo no anda sacando dientes innecesariamente, sino que cumple con lo que dice;
además, cosa curiosa, no te hace esperar!!!!
Y como no es odontólogo, no pretende lucrarse con otro trabajo que no sea el de
alinear dientes.
Y si lo quieres en Barcelona: José Durán Von Arx, conocido personal hace muchos años
y que nunca te dirá que tienes dientes de conejo. Sabes por qué le caí tan bien?
porque me dijo que tenía los dientes grandes, y que las personas con dientes así son
muy activas….qué más quieres?
Te escribe la palabra de la experiencia, que lo ha sufrido por partida doble en
carnes propias y, como no tuve bastante, me dediqué a conocerlos profesionalmente.
Mi opinión? Excepto estos dos y algún que otro despistao, los ortodoncistas de la
mitad norte de España…apestan!
besos…
21 Marzo, 2007 a las 13:48
Ojalá te hubiera conocido mucho antes, Erotika, para que me hubieses dado a tiempo toda esa información.
Besos. Muchos. Todos.
21 Marzo, 2007 a las 15:40
Acaban de sacarme las dos muelas del juicio, con lo cual, tengo menos aún del que tenía antes… por eso, si ya me fascinaban, ahora, lo hacen aún más: ¡a mí las vampiresas del mundo!. Si os atrevéis, vamos.
Por cierto, a mí, dos y dos, no me suelen dar cuatro…
Besos sin cuchillo
21 Marzo, 2007 a las 19:51
si sabré lo que es quedarse con brackets por casi tres años… pero al final de cuentas uno se acostumbra a todo y el resultado hace que valga la pena tantos gemidos de “sufrimiento”…
besos metálicos…
21 Marzo, 2007 a las 20:15
Dicen que los brackets hacen los labios más sensuales, tu dirás. Pero seguro que cuando te los quiten vas a tener una sonrisa estupendísima. Tu dentista te quiere!! jejjeje
Besitos
22 Marzo, 2007 a las 0:30
aggggggggggggggg
adios, conmigo no conteis
22 Marzo, 2007 a las 0:32
Por eso prefiero yo estos colmillos vampíricos ¿o vampirésicos? mmmm…
22 Marzo, 2007 a las 0:56
La verdad es que me encantan las chicas con aparato. ¡Estaría bueno, ¿verdad?! Claro, pero nos referimos todos al bucal, hooooombreeeee.
¿Lo tendrás todavía pa cuando vaya pa Madrizzz? jajaja
A mí me lo tenían que haber puesto, por los incisivos de abajo ¡¡de la mandíbula inferior, podddió, que me sacáis hoy punta a todo!
Ufff, es que es mu tarde, es verdad. Sueñen ustedes con los angelitos (de charlie (charliequeen)).
Salud
22 Marzo, 2007 a las 15:22
Una sugestiva sonrisa de vampiresa en la noche.. cuando por los callejones sólo suenan a lo lejos pasos perdidos y una tenie luz de farol.
Cualquier boca es apropiada para ser besada si el espíritu que desborda la mirada es sugestiva para quién la percibe.
Nunca besé una boca metálica… por ahora. Quien sabe.
22 Marzo, 2007 a las 15:49
Por cierto, insto a todos y en especial a Ella, a que busquen y encuentren y escuchen la (pretendida) canción Vampiresada de Johnnatan Richman. Todo un espectáculo (me reservo el adjetivo calificativo, para que cada cual saque sus contusiones).
Fuerte el saludo, desde el sur.
22 Marzo, 2007 a las 20:53
Alobada, ¿has visto una película que está ahora en cartel titulada Pàris, je t’aime? Tiene un episodio con una vampira (o vampiresa, como prefieras) en pleno casco antiguo parisino a medianoche impagable.
Escucharé esa Vampiresada, Carlitos. Cualquier recomendación tuya resulta, cuando menos, intrigante.
Besos sanguinolentos.
22 Marzo, 2007 a las 22:36
Hola a todos,
Antes que nada pido perdón por interrumpir su cadena dialógica.
Pero debo hacerlo, si bien en una orgía lo que prima es el anonimato siento la necesidad de presentarme: mi nombre es Él y estoy interesado en participar en esta fiesta de deseos y palabras. Espero que haya quedado un lugarcito entre todos donde pueda confundir sus gemidos con los míos. Si es así, les agradecería que me lo guarden.
Prometo volver.
Besos.
Él
22 Marzo, 2007 a las 23:11
¡Uy, Él! No tienes poco arrojo firmando aquí con ese nombre. ¿Por qué te diriges a ellos y a ellas, ignorándome vilmente? ¿Por qué pides perdón? Ya no hay nada que hacer. Explora todos los recovecos de tu anatomía con detenimiento: en alguna parcela de piel, llevas la marca de orgiasta (para tu información: es indeleble).
Besos imborrables.
23 Marzo, 2007 a las 22:22
Hola Ella! Espero sepas disculpar que no te haya brindado la atención que necesitabas, prometo resarcirte en lo sucesivo. Perdón por mi arrojo, mi nombre y por pedir perdón tantas veces.
Te cuento que anoche he hurgado todas las latitudes de mi cuerpo en busca de la mancha que mencionaste. Finalmente, la encontré, escondida detrás de los poros de mi piel, bailando al ritmo de mis latidos, usurpando el exacto lugar que ocupan los últimos besos que me mandaste. Sospecho que desde ese sutil e incomunicable descubrimiento nunca volveré a ser el mismo.
Un beso en la nuca.
Él
24 Marzo, 2007 a las 15:16
¿Perdón por tu nombre, Él? Seguro que estás a la altura del mismo. Me alegra que te sientas orgulloso de tu marca de orgiasta. Como te dije, es indeleble.
Besos XX.
26 Marzo, 2007 a las 16:16
Me ha encantando la mención en esta orgía de La tienda de los Horrores. El número musical del dentista es de mis preferidos, y Bill Murray de paciente sadomaso, impagable.
Ella, ¿te ha cambiado mucho el acento con los nuevos brackets? ;-)
Como orgiasta con las hormonas en plena ebullición primaveral, tengo el sueño imposible de una dentista de escote pronunciado explorándome la boca…ais… así se olvidaría uno de las incomodidades….
Besos de ortodoncia