Jesús-Piros d’ España
8 Febrero, 2007
El funcionario feliz ha vuelto a las andadas. Mi compañero de calle en la piscina le ha visto tanta gracia al chiste, que lleva varios días contándomelo:
–Hola, Ella, ¿cómo estás?
–Bien.
–No, pero si no es una pregunta, es una afirmación.
–¿Y tú? ¿Cómo estás tú? –respondo, haciéndome la tonta, dispuesta a proporcionar a mi interlocutor el final que solicita su número circense.
–Pues chica, ya lo ves –me dice, realizando una jocosa mueca de decepción–: no hay color.
Tras una época efímera poniéndome cara de póquer, el pesado acuático ha vuelto a la carga. Me retiró su sonrisa de clown durante un tiempo, después de que una tarde frenase mi nado en seco en varias ocasiones con cara de mala hostia, dispuesta a acabar con la afición del muy tarado de nadar pegadito a mi culo para tocarme los pies.
Jesús es el prototipo de persona salsa de todas las fiestas, el quedabién por excelencia, un diplomático incorregible, un palmeador profesional de espaldas, vamos, mi antihombre. Unos meses atrás, cuando me parecía un tipo medio normal, me tomé con él una Coca-cola a la salida del curso. Antes me había preguntado a qué me dedicaba, y al conocer que me movía en el mundo editorial y que escribía, me confesó que él estaba terminando una novela policíaca. Ante su interés por leer algo mío, le mencioné una publicación con la que acababa de colaborar. Antes de despedirnos, me pidió el correo electrónico. En una semana, el polideportivo cerraría por vacaciones. A mediados de julio recibí el siguiente e-mail:
Hola Ella:
Soy Jesús. Intenté verte el último miércoles pero debías haber salido ya. Te esperé una media hora.
Estos días han sido raros. Entre la opo y que ha muerto una tía, de repente (vaya palo), no he parado mucho, y encima no tengo ordenador en casa, así que te escribo desde la ofi. Y mañana ya no vengo. Ya sabes: vacaciones para seguir estudiando.
OYE, TU ARTÍCULO EN ESA REVISTA ME HA GUSTADO BASTANTE. BIEN ES VERDAD QUE LO HE LEÍDO POR ENCIMA, pero creo que eres buena. Podrías darme lecciones.
En fin, he de dejarte. Tengo que salir a inspeccionar obras.
Mi teléfono personal es XXX.XXX.XXX. Lo tendré apagado en horas de estudio, pero por la noche estaré operativo.
No se me ocurre otra forma de ponerme en contacto contigo. Mi mail de la ofi es desde donde te escribo, pero hasta el día 8 no me incorporo al trabajo.
Un besote, y espero que podamos seguir en contacto,
Jesús-Piros d’ España (cañí)
Evidentemente, no respondí ese correo ni marqué el móvil mencionado. Luego, el XY de la firma folclórica estuvo meses desaparecido. Ahora, a su regreso, ante su renovada actitud de confianza hilarante, tendré que esforzarme en adoptar por un tiempo impredecible el papel de sirenita borde.






